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ABC DOMINGO 12- -8- -2007 40 93 Jack London Jack London tenía 21 años cuando en 1897 llegaron a Oakland, la ciudad en donde había nacido, las noticias del oro del Klondike. Era pobre y carecía de estudios, aunque se había convertido en un lector insaciable. Como otras 40.000 personas, casi todos norteamericanos, se embarcó en la aventura de la búsqueda del moderno El Dorado y navegó hasta Juneau, capital de Alaska. Desde allí, llegó remando a Dyea y subió a pie el paso del Chilkoot. Ya en los lagos, construyó una balsa con otros compañeros y logró cruzar los rápidos de Whitehorse y luego los Five Fingers. Pero el invierno se les echó encima antes de alcanzar Dawson y hubieron de pasarlo refugiados en una cabaña 150 kilómetros río arriba. Cuando llegó a las minas, compró una licencia, pero no logró encontrar oro. Desalentado, regresó navegando río abajo hasta Saint Micheel, desde donde se embarcó de regreso a San Francisco. Volvió sin un dólar en el bolsillo. Pero con los oídos repletos de historias del Gold Rush que le convirtieron, poco después, en el escritor más leído y más rico del mundo de la época. El Yukón es uno de los grandes prodigios de la Naturaleza rante el día puede hacer calor, con temperaturas por encima de los 24 ó 25 grados. Las noches son más frías, pero un buen saco de dormir arregla el problema. Cruzar los Five Fingers Rapids puede suponer, como poco, un buen chapuzón si los canoístas no despabilan. Los modernos chalecos salvavidas han ahorrado muchas muertes, pero la hipotermia hace cada año unas cuantas víctimas entre los viajeros. El río baja muy fuerte tras los rápidos y, si el que cae al agua no es rescatado en la primera media hora, puede perecer de frío. Dawson City es la ciudad más animada del río, a pesar de contar con una población muy poco numerosa. Pero sus habitantes han tenido el ingenio de atraer unos cuantos cientos de turistas cada verano, que llegan en autobús por carretera, preparando un recorrido por las antiguas mimas de oro- -con lavado de tierra incluido en busca de pepitas- -y, sobre todo, con la creación de un saloon a la antigua usanza, en donde un grupo de danzarinas baila el can- can mientras en el piano resuenan vie- AP jas baladas del Gold Rush y del Oeste y se juega al BlackJack a las máquinas tragaperras y a la ruleta. Con la llegada del turismo, muchos jóvenes canadienes acuden en el verano a trabajar como croupiers o camareros en los numerosos bares de Dawson. Y ello provoca que la ciudad se convierta en un lugar muy animado a todas horas. Dawson, además, ha mantenido su arquitectura de madera en el estilo de los viejos tiempos, de modo que uno cree que camina as través de un decorado de película. Si el viajero se anima a seguir hasta Alaska, puede hacerlo a bordo de un trasbordador para turistas que, a diario, realiza un viaje de ida y vuelta, en seis horas, entre Dawson y la alaskeña Eagle. Y, si siente con fuerza la pasión del viaje, puede ir saltando en avionetas utilizadas para el correo por el territorio de Alaska hasta alcanzar Nome, al norte de la desembocadura del río. En Nome se produjo en 1900 el último descubrimiento importante de oro; y la ciudad vive ahora de la pesca de ese gran cangrejo de mar que los rusos llaman chatka Enfrente de Nome está Siberia y se supone que fue en esta zona por donde los asiáticos entraron en América, formando los primeros establecimientos humanos. Nome tiene hoy una numerosa población india y esquimal y sus ríos son un paraíso para los pescadores de salmón y trucha ártica.