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92 40 GRANDES RUTAS DOMINGO 12- -8- -2007 ABC Siguiendo ríos Yukón POR JAVIER REVERTE orre entre densos bosques de pinos, abetos, arces, castaños y olmos, por un territorio en donde abundan los osos pardos y negros, los alces, los lobos, los caribúes y las águilas calvas. Apenas atraviesa poblaciones y, a menudo, no hay establecimientos humanos en más de cien kilómetros a la redonda. La mayor parte del año, unos ocho meses, permanece helado. Pero en el verano estallan las flores y también los incendios en sus orillas, al tiempo que los salmones comienzan su peregrinación desde el mar, río arriba, llenando de bullicio sus aguas y sus riberas. El Yukón es uno de los grandes prodigios de la Naturaleza ante cuya contemplación el alma del hombre se minimiza. De los 3.200 kilómetros de longitud con que cuenta este curso fluvial, una cuarta parte, alrededor de 800, discurren en Canadá: desde que nace hasta que entra en territorio de Alaska. Y es justamente ese pri- C RÍO YUKÓN ALASKA CANADÁ RUSIA Nome Circle City n Yukó Fairbanks Río Whitehorse Anchorage Dillingham Mar de Bering Kodiak OCÉANO PACÍFICO N mer tramo del río, el canadiense, el que coincide con la ruta que emprendían los buscadores de oro hacia las ricas minas del Klondike, un tributario del Yukón que le rinde sus aguas a la altura de la localidad de Dawson City. De modo que este río posee un carácter fuertemente impregnado de historia y de leyenda, ya que fue el escenario de aquel Gold Rush de 1896 que Chaplin recogió en La Quimera del Oro y que Jack London retrató en sus vigorosos relatos del Gran Norte. Entre Alaska y Canadá El río nace en los lagos Lindeman y Bennet, a los pies del Chilkoot Pass, un paso que marca la frontera entre Alaska y Canadá. Desde allí desciende hasta encontrar sus primeros escollos, el Miles Canyon, que forma enormes remolinos, y los White Horse Rapids, en donde murieron cientos de buscadores de oro al intentar cruzarlos con sus barcas y balsas. Allí se alza la ciudad de Whitehorse, capital del Territorio del Yukón, nombre que se da a esta provincia que cuenta con 20.000 habitantes. El río se va ensanchando a partir de allí, recogiendo el agua de otros tributarios como el Teslin, el Pelly, el Big Salmon y el Little Salmón. Hay otra dificultad importante, los Five Fingers Rapids, que también se cobraron un buen cupo de vidas humanas en época del Gold Rush Desde ese último escollo, se desliza con mansedumbre, primero a Carmack, un pequeño poblado de 40 habitantes, y después a Dawson City, nacida en plena fiebre del oro, que llegó a contar con 40.000 habitantes. Hoy, sus pobladores pasan escasamente del millar. Medio centenar de kilómetros río abajo se alcanza el primer puerto alaskeño, Eagle. Sigue el río hacia el norte, pasa junto a Circle, atraviesa el valle aluvial de Yukon Flats y entra en el Círculo Polar Ártico, a la altura de Fort Yukon. De allí gira hacia el suroeste y, formando una ancha y densa zona pantanosa muy difícil de recorrer, desemboca en el mar de Bëring, no muy lejos del puerto de Saint Michael, hoy un dercrépito poblado en donde, en la época del oro, tuvo un saloon Wyatt Earp, el famoso pistolero del duelo del OK Corral que tantos kilómetros de filme ha provocado. En la actualidad, el río prácticamente no se navega. Desde que se abrió la Alaskan Highway y sus ramales y, sobre todo, merced al desarrollo de la aviación, viajar por un río que se hiela más de ocho meses al año no compensa a nadie. Hay un par de antiguos vapores para turistas, uno en Whitehorse y otro en Dawson, que hacen cortos recorridos en varano. Y nada más. De modo que, si uno quiere rememorar los días del Gold Rush y navegar el Yukón, por ejemplo entre Whitehorse y Dawson- -750 kilómetros más o menos- -tiene que hacerlo en canoa, llevando a bordo todo lo necesario para acampar y alimentarse durante once o doce días. Sin duda es una experiencia única. Las canoas se pueden alquilar en Whitehorse y el dueño acudirá luego a recogerlas en camioneta cobrando un extra por ello. O se pueden comprar en una ciudad y venderlas en la otra. Es importante no hacer el viaje solo, sino uniéndose a un grupo con guía experimentado. Normalmente, se recorre en grupos de seis personas, con una canoa para cada dos. Poco después de dejar atrás las últimas casas de Whitehorse, los canoístas se encuentran ya plenamente inmersos en la naturaleza del Norte. Numerosos bandos de patos planean sobre las aguas del río y las valientes parejas de gaviotas se lanzan como aviones de caza, amangando ataques, contra las águilas calvas que tratan de robarles sus polluelos. Las fortalezas de troncos blanquecinos construidas por los castores menudean en las vados. No es raro encontrar algún alce, con frecuencia con su cría nacida en primavera, y en ocasiones se ven osos pardos y negros e, incluso, más raramente, algún lobo ártico. Lo normal es no cruzarse con ninguna otra canoa en el camino, de modo que el recorrido del río es muy solitario y sereno. Pero es frecuente la lluvia y hay que ir provisto de buenos chubasqueros. Navegar el río mientras el agua hierve en su curso ante la caída de la lluvia no es algo cómodo, pero fortalece el espíritu. El cielo se hace inmenso en la altura y te parece más grande que nunca. Por todos los puntos cardinales se alzan montañas, a menudo nevadas, y en las orillas crecen densos bosques de chopos, coníferas y abedules. El aire es limpio y fresco. Como las horas de luz, en el verano, son casi veinte, siempre se recordará ese viaje como una experiencia luminosa. Du- En canoa por el Yukón Navegar este río es una experiencia única AP De los 3.200 kilómetros de longitud con que cuenta este curso fluvial, una cuarta parte, alrededor de 800, discurren en Canadá: desde que nace hasta que entra en territorio de Alaska