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54 MADRID El Madrid olvidado DOMINGO 12 s 8 s 2007 ABC La beata y la agorera Nos situaremos primero en la actual calle de Lope de Vega para terminar después- -trágicamente, eso sí- -en la de los Santos. El motivo, un singular consultorio esotérico que reunió a lo más granado de la sociedad madrileña y de la Corte de Carlos IV... POR MABEL AMADO ILUSTRACIÓN: C. G. SIMÓN MADRID. A principios del siglo XIX, el número 6 de la calle Cantarranas, ahora reconvertida en la de Lope de Vega, era un diario bullir de gentes en busca de sanación, consuelo espiritual, consejo financiero o asesoramiento político. Y todo de la mano de una misma persona, la llamada beata Clara Aunque finalmente se demostró que poco tenía de santa, durante unos cuantos años lo más granado de la sociedad madrileña y de la Corte se reunía en sus aposentos con el incontrolable deseo de mejorar sus vidas. Experta en bebedizos, magia y superchería, como recuerda Jesús Callejo en su libro Un Madrid insólito esta mujer lo mismo ofrecía recomendaciones para un mal de amores que para problemas de esterilidad o de dinero, pasando por apuestas o asuntos de Estado. Al parecer, aconsejada por su madre y su confesor, se fingió tullida muchos años y tocada por el halo divino y el don de los milagros. Haciéndose pasar por vidente y milagrera- -no en vano hacía creer que se alimentaba exclusivamente de pan eucarístico- sus incautos clientes dejaban soberanas limosnas en justo pago por sus servicios. Fue capaz de embaucar a todos de tal manera que, incluso, la leyenda cuenta que logró de Roma una dispensa para hacer los tres votos de monja de Santa Clara. Pero, eso sí, sin la obligación de la clausura, ya que sus supuestas dolencias se lo impedían. Tal fue su éxito que se mudó a otro inmueble situado en la calle de los Santos, junto a San Francisco. Allí continuó con su saneado negocio mostrándose en trance si era requerida en ello. Finalmente, fue castigada a reclusión por el Santo Oficio, junto a sus dos principales cómplices. Una criada despechada- -había sido despedida meses antes- -fue la causante del encierro, ya que no pudo guardar por más tiempo el secreto de la farsa y se lo confesó todo al párroco de San Andrés. Sin embargo, como ocurre a veces, el pueblo llano no se conformó y necesitaba creer en su milagrera Fue necesaria la actuación de la Inquisición para cerrar la vivienda, ya que fueron muchos los madrileños que acudieron en masa para arrancar yeso de las paredes y guardarlo como reliquia. Fíjense si el vulgo es crédulo que cuando la ciudad se sacudió por un terremoto en 1804, muchos fueron los que atribuyeron el suceso a la injusta detención de la beata Clara... Pero éste no fue el único caso- -ni el más comentado- -de almas descarriadas interesadas en sacar provecho de tan singulares poderes sobrenaturales. Medio siglo antes, llegó a las puertas de la Villa María Mola, más conocida por el sobrenombre de la agorera Expulsada de Burgos por sus malas artes, tampoco en la ciudad pudo vivir en el casco histórico, por lo que optó por residir en una pequeña casa a las afueras. Su fama la precedió y ya era un grupo tumultuoso- -y por supuesto ignorante- -el que conocía de sus predicciones, siempre de mal agüero. franciscano fue requerido por un joven religioso, quien le confesó su desdicha ante las numerosas dudas que le asaltaban en el momento de celebrar Misa. El anciano le aconsejó visitar a la agorera reconociéndola por sus virtudes adivinatorias. El fraile acudió a su cita, aunque bastante nervioso y con el debido temor a realizar una consulta castigada en los preceptos cristianos. Tras el consiguiente pago, María realizó sus supuestos encantamientos y concluyó afirmando: De arriba bajará la claridad a tus dudas. Cuando una mañana celebres tu Misa al alba, ángel o demonio vendrá a ti, según tengas el estado de tu conciencia ¿Qué creen que ocurrió? Cuando en la madrugada siguiente el religioso celebraba Misa en una iglesia casi desierta y oscura, llegó la confirmación: un monstruo alado trepó por la cadena de la lámpara Santo Oficio emitiendo desagradables ruidos... O eso fue lo que creyó ver el fraile, que al instante se derrumbó en el suelo. Debatiéndose entre su fe y la terrible visión, días después el anciano religioso le relató al joven lo que realmente había sucedido en la oscuridad del templo: la agorera para no fallar en su adivinación, había soltado en la iglesia una lechuza, animal que no dudó en volar hacia la lámpara de aceite. Los hombres no tardaron en hacer justicia contra la hechicera y fue condenada por brujería a morir en la horca. La sentencia se llevó a cabo públicamente y muchos fueron los que, sintiéndose engañados, lanzaron piedras sobre su cuerpo. Pero esta leyenda traspasó la línea terrenal y, según algunos cronistas, todas las noches el fantasma de María Mola salía al paso de los vecinos para atemorizarles. Tal fue el miedo que se asentó entre los madrileños de la época, que muchos fueron los que optaban por variar su itinerario y no pasar por la calle donde vivió la hechicera, que pronto se llamó de la Agorera. Posteriormente, por corrupción del vocablo se convertiría en calle de la Gorguera y a principios del siglo XX quedó con su nombre actual: Núñez de Arce. De Agorera a Núñez de Arce Un celemín de harina Según relatan crónicas antiguas, todas las semanas tocaba a su puerta un anciano franciscano y la agorera le ayudaba entregándole para su comunidad religiosa un celemín de harina. Cierto día, el Cuando un terremoto sacudió Madrid en 1804, muchos lo atribuyeron a la detención de la beata Calle d e Fuen carral 1 Calle Gran Vía Call e de Hor tale Calle de Lope de Vega N za Calle Madrid en la época (zona ampliada) Gran Vía 1 Calle Calle M Aren Calle Alcalá al Puerta del Sol 2 Calle del Carmen 2 ayor Plaza Mayor Rond 0 a de Tole Tirso de Molina 1 do Calle d e las Hu ertas 0,5 Km ABC CG. SIMÓN GODOY