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ABC DOMINGO 12- -8- -2007 11 24 años cuando me ofrecieron cantar La Traviata en La Scala. Y dije que no. Si lo hubiera hecho, no estaría aquí como lo que soy. Claro que me hubiera gustado cantar Traviata o Tosca pero yo no nací para ello. Claro que hay cantantes con prisa. Y además está la ignorancia de algunos directores de orquesta, de algunos directores de teatro, No sé quién escoge ahora las voces en los teatros. Estamos en un momento de confusión, pero no sólo en la ópera. En la sociedad en general. -Sí, hay gente que dice que ha estado dos o tres años en un teatro, y le ponen a escuchar voces. Pero no saben lo que es una voz, ni la técnica ni el repertorio. Y luego están los managers. ¿Faltan músicos al frente de los teatros? -Pero ellos tienen la obligación de promocionar a sus artistas... -Tienen la obligación de entender de voces. Un mánager tiene que querer al artista, saber lo que tiene entre manos. Ahora los venden como quien vende patatas, buscando el mayor beneficio. Un mánager tiene la obligación de defender a sus cantantes, no de echarlos a los leones. -Sigue usted igual de rebelde. -Yo quiero defender a los cantantes jóvenes, y quiero enseñarles a defenderse por sí mismos, que no sean cantantes de usar y tirar... Porque no va a hacerlo nadie. Tampoco hay directores de orquesta como Karajan, Solti, Abbado, que defendían la música por encima de todo. Por algo eran los grandes. ¿Ya no hay grandes hoy en día? Teresa Berganza, sentada en el piano del estudio de su casa de San Lorenzo de El Escorial han visto las cosas maravillosas que hemos visto generaciones anteriores... Están ya acostumbrados a estas cosas y pasan por todo. Como aquel Cosí fan tutte creo que fue, en que sonaba La Internacional aquí, en el Real. No me importa que sea ése o cualquier otro himno, pero ¿por qué hay que ofender al señor Mozart, que estaría seguro noches y noches escribiendo, para que luego venga un señor y ponga ese himno porque le dé la gana? ponía: ¡Abajo Franco! Y les dije que las quitaran, porque si no yo no salía a escena. Soy una persona de izquierdas, y que se metieran con Franco me tenía sin cuidado, pero allí no pintaba nada. Por contra, he visto hace poco un Eugene Onegin en París que era también muy moderno, pero absolutamente respetuoso. Diego Flórez, porque canta como un dios. Voy a oírle y a verle también. Es intérprete, es músico, tiene una voz preciosa, canta lo que está escrito. Así que, aunque me molesten otras cosas, voy a verle a él. vir la sangre. Fíjese lo que tenemos aquí. ¿No se podría hacer un Don Carlo una Novena Sinfonía una Tercera de Mahler... Pues no, tenemos que tener esto. Es que yo me desespero... Luego nos quejamos de la falta de cultura. Pero si no se la damos... Esto se tendría que hacer en el campo de fútbol, pero no aquí. -Usted sigue en contacto con los cantantes jóvenes. ¿Se ha salido últimamente de algún teatro, o simplemente no va? -A pesar de lo que dice, usted nunca ha sido una purista en el sentido estricto de la palabra... -No; acepto los cambios, pero siempre que tengan un sentido... Hace unos años canté Carmen en San Francisco o Chicago, no me acuerdo, que dirigía Jean Pierre Ponnelle. Y había unas pinturas en las que -Voy muy poco a la ópera. Insisto: no digo que el pasado sea mejor por decirlo. Es que en mi caso es así. Yo he visto unas producciones increíbles, con unos artistas fuera de serie. Cuando he visto cantar El Barbero de Sevilla con Tito Gobbi, Cesare Siepi, Boris Christoff, Luigi Alva... Se tienen pocas ganas de ver otro Barbero Voy a ver a Juan -Me gustan mucho las clases magistrales, porque a lo mejor en diez días descubres dos voces. En el concurso de Pamplona le dimos el premio a una soprano georgiana, Anna Kasyan. No sabe cómo canta esa criatura: ¡qué filados, qué voz! Le interrumpe un sonido amplificado que viene de la calle. Son las pruebas de un concierto pop que se va a celebrar por la noche en la Lonja del Monasterio. ¡Ah! -recuerda- -Si tenemos a Bosé o no sé a quién esta noche... Y se vuelve a her- -Cuando son inteligentes quieren aprender, y mucho. Pero son minoría. Los inteligentes siempre hemos sido minoría- -ríe- Si no se tiene la cabeza bien amueblada, ni cantas, ni tocas el piano, ni vendes queso ni diriges una oficina. Nada. La cabeza es la que da las órdenes a una voz, a un artista. La que te dicta el repertorio, la que te dice lo que puedes cantar o no. Yo tenía ¿Tienen los jovénes más ganas de aprender o más prisa? -Yo no los conozco. Me cuentan que hay directores de orquesta que llegan sólo para el ensayo general. Antes estos grandes ensayaban un mes con nosotros, se iban a la sala de ensayo con el director de escena y no le dejaban hacer lo que no estaba escrito ni lo que a ellos les parecía malo para el cantante. Yo creo en la ópera como teatro, y teatro moderno. Pero eso no justifica los excesos. Tampoco desde el punto de vista estético. Siempre ha habido cantantes gordos estupendos, a los que se ha vestido muy bien. ¿Por qué tienen que ser ahora todos delgados? Es mucho más bonito para el espectador, sí, pero ¿por qué tiene que ser así? Yo siempre he puesto como ejemplo cómo se vestía Jessye Norman. Veías su cabeza, tan bonita, y luego nada más que telas. Y cantaba maravillosamente... Sé que puedo parecer la mala de la película- -sigue tras un breve silencio- pero es que yo defiendo la música y amo la ópera con pasión. Y me gustaría vivir cuatrocientos años y volver a empezar cantando ópera, y defendiéndola como la he defendido.