Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC SÁBADO 11- -8- -2007 40 65 La caída de la gaucha divina ABC repasa la gestión de Rosa Regàs al frente de la Biblioteca Nacional, caracterizada por episodios en los que ha sido manifiesta su falta de experiencia y su poco respeto por los procedimientos JESÚS GARCÍA CALERO MADRID. Rosa Regàs es la directora de la Biblioteca Nacional (BN) y, por tanto, de la Hemeroteca Nacional. Escuchar de su boca que hace meses que no lee prensa y que afortunadamente cada vez se venden menos periódicos ha causado más estupefacción que si el director del Museo del Prado se alegrase por el hundimiento del mercado del arte. Porque los periódicos- -especialmente los críticos con el Gobierno- -son una de las bases de nuestra libertad. Rosa Regàs puede pasarse horas, días, meses enteros en la Hemeroteca Nacional comprobándolo. Pero también sabemos que lleva toda una vida conviviendo con escritores y editores libérrimos y, sin embargo, no ha sido la libertad lo que sus actitudes han puesto en práctica, ni sus palabras irradiaron, desde su despacho de directora general de un Gobierno socialista. Más bien ha practicado el amedrentamiento de quienes se atrevieron a manifestar críticas y la intolerancia ante su libertad para expresarlas. morir Franco, mayor que la del triunfo de González El autor de la Historia de los heterodoxos españoles estaba indefenso ante una herejía que no apareció en su libro por ser rara entre nosotros: la iconoclastia, que Rosa Regàs llevó al paroxismo al decretar la expulsión de la estatua del histórico director que preside el hall de la BN. La decisión de sacar la efigie al jardín, tomada por las bravas, sin informes técnicos, sin consultar al Patronato y además cuando se conmemoraba el 150 aniversario del insigne polígrafo causó una enorme hoguera de polémica. El Parlamento hizo encallar rápidamente la medida y los informes técnicos- -que ABC publicó y Regàs se resistía a reconocer- -aseguraron que la intemperie destruiría la estatua y echaron por tierra la idea. Hoy la estatua sigue en su sitio y el pedestal de Regàs se tambalea. de Aquiles de la escritora fue su falta de experiencia en la gestión mezclada con su poco respeto por los procedimientos. Externalizó servicios que la BN tenía cubiertos, favoreció a determinadas empresas con múltiples adjudicaciones directas y agotó su presupuesto de actividades culturales en pocos meses, tras lo cual pretendía sacar de otras partidas los fondos necesarios para cubrir el ritmo de gastos. Todo ello en una institución con escaso presupuesto para digitalización. Por ello quemó a tres gerentes en 20 meses de gestión. Y si mala había sido la gestión peor fue la digestión de las críticas. La oyeron decir que, con más de setenta años, no iba a importarle llevarse por delante a quien fuera necesario si alguien se atrevía a impedirle La estatua de Menéndez Pelayo. sus objetivos. Hasta los sindicatos llegaron a decir en un comunicado público, desencantados por el trato recibido por esta radical izquierdista, que tratándose de Regàs solo cabía acatar, porque no existía diálogo posible. Para terminar de complicar todo, la mezcla de su agenda privada de escritora ganadora del premio Planeta y la de su cargo provocó un enorme laberinto de tres secretarias, cinco chóferes que iban pidiendo la baja consecutivamente, facturaciones a su empresa Almator... Su asistencia a la BN dejaba mucho que desear entre tantos compromisos y la vicepresidenta Teresa Fernández de la Vega llegó a llamarla telefónicamente para exigirle que calentase un poco más el asiento de su despacho y midiese más sus largas ausencias. hacérselo notar. Inútilmente. Los sindicatos llegaron a decir que tratándose de Regàs sólo cabía acatar porque no existía diálogo posible De la Vega llegó a telefonearla para exigirle que midiese más sus largas ausencias Mala gestión. Pero el gran talón Brindis por la República. En la España de la memoria histórica Regàs vio la oportunidad airear sus conocidos fantasmas. No muy consciente de que pertenecía y representaba al Gobierno de España en los actos oficiales, brindó por la República- -no por la de las Letras- -el día del libro de 2006 en una recepción en la BN. El escándalo tuvo que ser apagado por Carmen Calvo una vez más. Mientras tanto, gran parte de las actividades culturales que programaba tenía a la República como centro y algunas entidades colaboradoras llegaron a la gestión la llevaron a explicar su programa en el Parlamento, aunque allí no comprometió fechas ni plazos. Ante la Comisión de Cultura del Congreso reiteró las amenazas a los funcionarios como colofón de una política de amedrentamiento con estas palabras: Los funcionarios que me critican son delincuentes y lo van a pagar La oposición se plantó entonces ante esta indignidad y pidió explicaciones al presidente del Congreso y el ministro de Administraciones Públicas. Pero el Gobierno la mantenía en su puesto y el Ministerio de Cultura terminó cediendo a su ira cortando la cabeza de al menos uno de los colaboradores a los que ella responsabilizaba de que los medios hubieran conocido su mala gestión. Son delincuentes y lo van a pagar Las denuncias por su ma- La España de Regàs. En Argentina, en marzo pasado, ofrecía esta imagen de España: un país en el que impera el odio; donde los hombres ven a las mujeres como madres, esposas y prostitutas y no como iguales; el PP es la extrema derecha franquista, dia a Zapatero; y a ella la escupen y la echan de los taxis... ¿Jubilación? Por todo ello, se ha cebado recientemente con la prensa. Hay quien opina que lo ha hecho para que, cuando deje la BN, pueda acusar a quien la destituya de censurar sus opiniones. De hecho no tiene buena relación con el nuevo ministro de Cultura y además le ha hecho varios desplantes el pasado julio, al no acudir a dos citas en las que todos los demás cargos del Ministerio sí estuvieron presentes. Pero sus opiniones han sido criticadas por antidemocráticas. Ha dado muestras repetidas de indignidad para un cargo de esa categoría y ha faltado al respeto de sus trabajadores y de quien la critique. La conocida autora de La abuela de verano lleva pidiendo a gritos toda la legislatura su propia jubilación. Tal vez le ha llegado el momento. Alegrías del 14- M. Rosa ya era escritora cuando arribó a la política en 2004, fichada por Leire Pajín, pero en este breve periodo de su vida pública ha escrito sus páginas más incomprensibles. Había estado en el meollo de la feliz gauche divine barcelonesa, en los años sesenta y setenta; había compartido con Carlos Barral uno de los universos editoriales más ricos que ha producido nuestro país. Pero muchos opinan que debe el cargo a sus declaraciones en plena resaca del 11- M. Dijo entonces, y mantuvo después, que la derrota de Aznar en las elecciones le había dado la mayor alegría política de su vida. En aquellos días de dolor profundo resultaba un dramático contraste escuchar a una persona que hablaba de alegría política, mayor de la que sentí al