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44 MADRID El Madrid olvidado SÁBADO 11 s 8 s 2007 ABC La macabra andanza del guardia de Corps El callejero todavía evoca su nombre- -Del Sacramento- pero ningún atisbo rememora dos inmuebles que sobre ella se alzaron. Leyendas, amores y muertes se entretejieron antaño donde ahora se alza un aparcamiento municipal POR MABEL AMADO GRÁFICO: C. G. SIMÓN MADRID. Cerca de la plaza del Cordón se desliza una calle que, aunque pequeña, es grande en leyendas. Muchos recordarán las fábulas de terror que rodearon a dos mansiones de esta vía: la Casa de los Gatos y la Casa de la Cruz de Palo. En esta ocasión, remontándonos al siglo XVII, también reviviremos sobre cualquiera de sus fachadas- -las crónicas antiguas son imprecisas- -una pavorosa historia de amor y aparecidos. Aunque ya demolida, recrearemos esta vivienda que antaño se alzaba en el actual aparcamiento municipal de la calle del Sacramento. Cuenta la tradición más castiza que una noche, el guardia de Corps don Juan de Echenique, con su bien merecida fama de donjuán y jugador, caminaba por esta pequeña vía. Vagaba distraído en su recorrido hacia el Palacio, donde le correspondía hacer el cambio de guardia. Otras referencias, sin embargo, sitúan al joven ya de vuelta de su trabajo, algo incomodado por haber perdido a las cartas parte de su jornal, y de camino hacia una casa algo disoluta en la Puerta Cerrada. Allí esperaba resarcirse de sus pérdidas y alegrarse en cuerpo y alma. De pronto, a la altura de la calle del Sacramento, escuchó una dulce voz que intentaba llamar su atención... y lo logró. No en vano, era una bella joven que se mostraba generosa en el balcón del primer piso del edificio. No hizo falta mucho más para recabar la cortesía del acicalado caballero- -en este punto debemos destacar que se trataba de un hombre con un marcado punto hedonista, amigo de vestir su uniforme impecable y brillante- Presto y sin temor alguno, el militar traspasó el umbral de la puerta entreabierta. Sacudiéndose de lluvia la casaca- -era una noche desapacible- subió por la escalera principal, apenas iluminada por un sobrio quinqué. Ya en la entrada de la casa, lujosamente decorada, se volvió a acicalar y vivió con la desconocida mujer una de sus mejores noches de amor. Tiempo después, medio adormilado, el aire de la noche le lleva el sonido de las campanas de la cercana iglesia de San Justo. La hora le recuerda que debe volver al Palacio Real para el relevo. Con urgencia se viste y se despide de la enigmática dama con la que ha compartido una noche sin igual. al percibir que se ha olvidado su espadín en el salón de su amante. Disgustado por el inoportuno descuido, vuelve sobre sus pasos para recuperar el arma. Mas cuando llega al portal ya nada era como él recordaba... La puerta, que apenas unos minutos antes lucía lustrosa, acusaba ahora el paso del tiempo y un candado le impedía el paso. No se amilanó y golpeó la aldaba con todas sus fuerzas. Una y otra vez... Pero fue un esfuerzo en vano. Nadie contestaba a su requerimiento. Finalmente, el escándalo de los aldabonazos despertó a un vecino del edificio contiguo, quien salió a la ventana para ver quién era el responsable del alboroto a una hora tan intempestiva. Preguntó al guardia de Corps por su presencia a las puertas de una casa que ya hacía más de cincuenta años que permanecía cerrada. Se pueden imaginar la cara de estupor que se pintó en el militar. Tras recuperarse de la impresión, razonó lo que había pasado y contestó que eso era imposible, pues él había estado en el interior del inmueble hacía apenas media hora. Sorprendido, el anciano volvió a relatar la misma historia antes de cerrar su ventana y volverse a la cama. Finalmente, don Juan de Echenique forzó la entrada y subió por las escaleras hasta la vivienda de la enigmática mujer con la que acababa de compartir unas horas de placer. Luchando contra el fuerte olor a humedad del ambiente, comprobó que la puerta ya no estaba entreabierta y tuvo que afanarse para poder entrar. En el interior ya nada era como antes: polvo, telarañas, suciedad por doquier, muebles tapados... De pronto, se percató de un cuadro, retiró con su propia mano la pátina de polvo que el tiempo había posado en su marco y creyó enloquecer. Era el retrato de la mujer con la que había pasado la noche y la firma y fecha no dejaban dudas: hacía más de cincuenta años que había sido pintado... Giró sobre sus pasos y emprendió la huida de la casa, no sin antes tropezar con una descalzadera. Debido al golpe cayó al suelo lo que acogía su mullido, aunque ya mugriento, cojín: el espadín del militar. Salió corriendo de la casa, como alma que lleva el diablo, y cuentan los cronistas de la Villa que, tomando el suceso como una llamada del más allá ante su vida licenciosa, ingresó en un convento. Es más, afirman que durante muchos años, en la iglesia de San Sebastián, a los pies del Cristo de la Fe, conocido popularmente como el Cristo de los guardias de Corps, se exhibió el espadín que dio vida a esta leyenda... El espadín olvidado Vuelve a salir a la negrura exterior, con el tiempo todavía desapacible, y corre hacia su destino. En la calle Mayor, sin embargo, interrumpe su carrera El convento del Santísimo Sacramento La calle del Sacramento aún conserva algunos de los edificios de la época de la que data esta historia. Es el caso de la Iglesia Arzobispal Castrense, que formó parte del convento del Santísimo Sacramento, de monjas bernardas, que fue construido entre 1671 y 1744. El convento, parcialmente derruido durante la Guerra Civil, fue demolido en los años 70 para construir un bloque de apartamentos, salvándose únicamente la iglesia, que fue adquirida por el Ministerio de Defensa en 1979. Arquitectónicamente, se trata de un típico ejemplo de iglesia del barroco madrileño. Una mujer en el balcón Con urgencia se vistió y se despidió de la enigmática dama con la que ha compartido una noche sin igual Durante años, a los pies del Cristo de la Fe se exhibió el espadín que dio vida a esta leyenda Polvo y telarañas Calle Gran Vía Calle Gran Vía Madrid en la época (zona ampliada) Calle de Bailén C de V alle erga ra Calle Aren al Puerta del Sol Calle Alcalá Calle del ayor alle M Sacramento C 0 0,5 Km 1 Plaza Mayor a de Tole do Rond Tirso de Molina N Calle d e las Hu ertas ABC CG. SIMÓN GODOY