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4 OPINIÓN VIERNES 10 s 8 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro A DESTRUIRSE A SÍ MISMA AS Naciones Unidas se disponen a aprobar en las próximas horas una resolución que al mismo tiempo que amplía por un año el mandato de la presencia de tropas extranjeras, consagrará la madurez del proceso de transición de la dirección de la guerra al Gobierno iraquí. En este sentido, el hecho más simbólico de esta resolución es que no se ha podido aprobar precisamente porque el primer ministro iraquí, Nuri Al Maliky, se encuentra de visita oficial en el extranjero, y tanto Estados Unidos como Gran Bretaña, miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y promotores de este texto, no han querido someterlo a votación sin que haya sido aprobado previamente por el propio Gobierno iraquí, que debería ser el primer interesado. A pesar de los discursos más o menos retóricos, hace tiempo que el presidente norteamericano, George Bush, ha dejado de creer en la posibilidad de algo que no sea minimizar los efectos del desastre que se ha incubado en Irak, y cualquier perspectiva realista pasa por esperar a que se creen cuanto antes las condiciones para empezar una retirada razonable de las tropas y transferir la responsabilidad del futuro del país a los propios iraquíes. Sin embargo, las fuerzas disgregadoras y destructivas de la propia sociedad iraquí están revelándose como el elemento más perturbador de la estrategia occidental en Irak. Estados Unidos está perdiendo capacidad de influencia en la evolución de un enjambre de conflictos intercomunicados que se han desarrollado al margen de la presencia militar occidental. El hecho de que una cantidad astronómica de las armas que Estados Unidos ha entregado al nuevo ejército iraquí haya desaparecido en los abismos del mercado negro y esté ahora alimentando la espiral de violencia, en lugar de contribuyendo a serenarla, es por ejemplo uno de los elementos que mejor ilustra buena parte de lo que está pasando allí. Precisamente, el viaje oficial de Al Maliki no es a cualquier país, sino al Irán de los ayatolás, al que Estados Unidos considera como instigador de parte de la violencia que asola a Irak (y a Afganistán) y que mantiene en vilo a la comunidad internacional con sus persistentes planes de construir armas nucleares. Siendo de confesión chií, las efusiones de Al Maliki con la República islámica vecina de Irán podrían ser puentes para tratar de encontrar soluciones, pero también concesiones no tan apaciguadoras. La evolución de los acontecimientos demuestra que los países vecinos tienen mucho que decir a la hora de buscar soluciones para poner fin a esta insoportable situación de violencia, y ayer estos manifestaron públicamente su voluntad de contribuir a ello. Pero la parte más importante del trabajo queda en manos de los propios iraquíes. Si no existe una voluntad expresa y sostenida de paz y reconciliación por parte de todos los iraquíes, nadie podrá pacificar el país. IRAK AYUDA L OTRO AÑO PERDIDO CON EL ESTATUTO A discusión sobre el Estatuto catalán concentró todos los esfuerzos de la legislatura anterior en el Parlamento autonómico y absorbió buena parte del debate político a escala nacional. Las maniobras de Zapatero, incluido el sorprendente pacto con Artur Mas, dejaron a Pasqual Maragall en fuera de juego y permitieron aprobar un texto legislativo que estaba a punto de hundirse. El presidente del Gobierno utilizó la reforma para poner en marcha un modelo territorial que altera los fundamentos jurídicos y políticos del sistema vigente. Pasado el tiempo- -se cumple ahora un año de su entrada en vigor- parece que el Estatuto no era la panacea de todos los males porque ni los nacionalistas radicales han renunciado a su discurso victimista, ni se ha resuelto el problema imaginario del encaje de Cataluña en el conjunto de España. Y lo que es peor, los ciudadanos no han percibido ninguna mejora en la gestión de los asuntos públicos. Muy al contrario, la sociedad catalana es consciente de que la pérdida de tiempo sobre el reparto de competencias y problemas de identidad era un simple pretexto para la lucha por el poder. Definir a Cataluña como nación, aunque sea de forma indirecta y en el preámbulo de la norma, podía ser útil para los intereses de la clase política, pero no importaba ni importa a la gran mayoría de los ciudadanos. En espera de que se pronuncie el Tribunal Constitucional, el Estatuto ha entrado en una especie de letargo. Más de noventa leyes autonómicas siguen pendientes y sólo se han puesto en marcha- -parece que sin prisa- -algunas regulaciones tan discutibles como la creación de una Agencia Tributaria propia o de un Tribunal de Garantías estatutarias. Tampoco se acuerda nadie de la modificación pendiente de muchas leyes orgánicas, entre ellas la del Poder Judicial. La incertidumbre que provoca esta fal- L ta de seguridad jurídica ha sido denunciada por muchos sectores sociales y empresariales, así como por juristas muy relevantes. Pero los partidos políticos están pendientes de las próximas elecciones y en este momento Zapatero no tiene ningún interés por hacer guiños hacia los nacionalistas porque sabe que esta actitud puede tener un coste en las urnas. Por su parte, José Montilla bastante hace con mantener los equilibrios internos de un gobierno que resulta incapaz de ofrecer ni un solo proyecto atractivo, por no hablar de la gestión lamentable en muchos ámbitos del Ejecutivo catalán y del pésimo funcionamiento de los servicios públicos en aquella comunidad autónoma. A la vista del nulo respeto que unos y otros han mostrado por la Constitución, es absurdo pensar que se trata de una espera prudente hasta que el TC dicte sentencia. La única explicación de esta pasividad general es que el Estatuto no era necesario y que no aporta nada a la solución de las cuestiones que interesan de verdad a la gente. Zapatero se comprometió personalmente en que saliera adelante una norma que choca con la Constitución en aspectos esenciales: la definición nacional de Cataluña, el sistema privilegiado de financiación o la bilateralidad en las relaciones con el Estado son aspectos incompatibles con los principios constitucionales de unidad, autonomía y solidaridad. El Estatuto apunta hacia una soberanía más o menos compartida que el PSOE alentó en su día con una grave falta de responsabilidad. Con este estatuto en vigor, Cataluña no ha ganado nada y la España constitucional en su conjunto sufre las consecuencias de una aventura oportunista que no conduce a ningún sitio. Es de esperar que- -más pronto que tarde- -el TC ponga rigor en el complejo enfoque jurídico de la cuestión. En el plano político la desidia general sobre el desarrollo estatutario es buena prueba del fracaso sin paliativos de los dirigentes que lo impulsaron. RAJOY Y LAS SERVIDUMBRES DEL CARGO L presidente del PP, Mariano Rajoy, está disfrutando de unos días de descanso, como tantos y tantos millones de españoles que aprovechan sus vacaciones estivales para reponer fuerzas. Sin embargo, es evidente que la política vive presa de una serie de servidumbres muy atípicas respecto a otras actividades profesionales, y que la imagen de un político puede resentirse si el ciudadano percibe que su presencia pública decae. Más aún, si se trata del líder del primer partido de la oposición y de uno de los dos aspirantes a la presidencia del Gobierno con posibilidades reales de alcanzarla. El PSOE, castigado en los pasados comicios del 27- M y con la figura de José Luis Rodríguez Zapatero bastante deteriorada, parece estar tomando nota para corregir errores de imagen y aparentar que el Gobierno lleva la iniciativa pese a su notoria incapacidad para gestionar crisis y conflictos. La actividad de Zapatero en los primeros días de agosto ha resultado particularmente intensa y sus apariciones públicas han sido estratégicamente medidas toda vez que el enorme componente propagandístico de sus intervenciones ha sido inversamente proporcional a su raquítico calado político. A poco más de siete meses para las elecciones generales, Rajoy no debería regalar este tipo de bazas a su oponente. Ahora tiene una ocasión perfecta para implicarse de manera más decidida y para reafirmar las opciones del partido que dirige como sólida alternativa al PSOE. La profunda crisis abierta en el se- E no de este partido en Navarra; la soberbia demostrada por el Gobierno ante el permanente ejemplo de ineficiencia que es la gestión del Ministerio de Fomento; o los nulos réditos que para los intereses españoles está recabando la vicepresidenta del Ejecutivo en su gira iberoamericana son acontecimientos de relevancia que, con la vista puesta en los comicios, merecerían una atención más directa y pública por parte de Rajoy. Y ello, independientemente de que dirigentes del PP como Soraya Sáenz de Santamaría, María San Gil, Alberto Moragas o el propio Daniel Sirera hayan dado cumplida respuesta a la negligencia de los socialistas. El asueto no es radicalmente incompatible con una mínima presencia pública en cualquiera de sus múltiples formas. A veces, medir los tiempos en política con cierta flexibilidad resulta un acierto infinitamente más rentable que asumir los riesgos inherentes a la sensación ciudadana de que el líder de un partido reacciona de manera insuficiente. Porque el ciudadano lo percibe todo. Ser alternativa real de gobierno, ser un referente, siempre merece un esfuerzo especial de quien lidera ese proyecto para demostrar su ilusión y su capacidad personal de empuje; para que el ciudadano pueda visualizar con facilidad la marca con la que concurrirá a las urnas; y, sobre todo, para que éste distinga entre un partido fiable, y otro, el PSOE, que ha basado en la arrogancia y en el desprecio a muchos millones de españoles su endémica manera de entender la política.