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72 40 VISIONES JUEVES 9- -8- -2007 ABC BELLEZA A CONTRAPLANO CHIPS DE VERANO José Manuel Nieves UNA MAQUINARIA CASI PERFECTA Caso: La vida de los otros Acusado: Florian Henckel von Donnersmarck. Cómplices: Ulrich Mühe, Sebastian Koch y Martina Gedeck. Alemania, 2006. ¿Piojos? No, gracias Teresa de la Cierva Marta Barroso No es la primera vez que hablamos de esos pequeños inquilinos que pueblan la cabeza de nuestros hijos, pero es que nos han arruinado más de unas vacaciones- -a ver quién invita a un niño infectado- -o nos han dejado mal en alguna merienda de amigas. Se rasca mucho tu hijo la cabeza, ¿no? comenta una; ¿No tendrá piojos, verdad? pregunta la otra; ¿Qué asco! grita una tercera; A mis niños que ni se acerque advierte la última. Y nosotras, cual pimientos. Pero, después de probar un arsenal de champús y lociones, y embadurnarles con todos los remedios de la abuela (que si vinagre, que si mejor limón... hemos descubierto Lipuk (19,95 con peine- lupa y liendrera metálica, en farmacias) un producto formulado con aceite de coco, que bloquea las vías respiratorias del piojo y lo mata por asfixia o deshidratación. Sí, suena cruel, pero a ver quién trata con cariño a estos parásitos... La eficacia de la loción está testada clínicamente por las Universidades de Bristol y Miami y, de momento, funciona. ¿Sus ventajas? No genera resistencia, no irrita la piel, los ojos ni las mucosas y es apto para niños asmáticos y madres embarazadas. Hasta huele bien. Federico Marín Bellón Solo, en medio del mar... y con el avatar chorreando Condenado durante todo agosto a los calores madrileños, seguí mis propios consejos y me largué, en plena noche, a una famosa playa de Second Life. Allí siempre hace sol, todo el mundo está de buen ver y, por si fuera poco, ahora hay un concurso semanal que premia con 10.000 dólares (linden) a quien consiga la mejor fotografía. Aterricé mal, la verdad. Porque aparecí a pocos centímetros de un enorme haitiano (o eso me pareció) completamente desnudo y sin disimular en absoluto sus también enormes atributos virtuales. No dije nada y me retiré discretamente hacia un grupo de señoritas (o eso me parecieron) que había un poco más allá. Me sentí observado, quizá porque yo iba vestido en medio de un mar de píxeles en cueros que dejaban poco o nada a la imaginación. Me arrimé a una morenaza con la sana intención de ligar algo y sacar después algunas fotos, para el concurso. Se dio la vuelta y sólo dijo dos cosas: 100 dólares con la mano, 200 completo. Intenté vacilar un poco, pero en menos de un minuto apareció un negrazo en tanga, pelo de cepillo y collar de oro virtual macizo que, sin mediar palabra, me sacó de una sola patada de la isla. Acabé solo, en medio del mar... y con el avatar chorreando. lorian Henckel Von Donnersmarck alcanzó en su debut uno de los retos más difíciles que existen (además de ganar el Oscar) completar una película magnífica que, además, gusta a todo el mundo. Y en ese saco caben críticos, políticos, conductores de ferrocarril y el lateral derecho del Celta de Vigo. La cinta nos presenta al capitán Gerd Wiesler, un metódico funcionario de la represión encargado de vigilar al autor teatral Georg Dreyman y a su novia, la actriz Christa- Maria Sieland. Una vez más, es necesario advertir que el texto revelará a partir de ahora aspectos básicos de la trama. Avisados quedan. La casa de Dreyman se convierte en una sucursal de Gran Hermano, con Wiesler y su ayudante como únicos espectadores. El oficial no vive su vida, sino la de esos otros que vigila. Su lealtad hacia la causa, sin embargo, es total (y taria) En su ciego ascetismo, no se plantea la legitimidad de la misión encomendada. Sólo es rozado por la duda cuando comprueba que el verdadero propósito del ministro de Seguridad es despejar el camino hacia ChristaMaria, con quien mantiene una sucia relación basada en el chantaje. Su novio no se entera de nada, ni siquiera fuera de la F Ulrich Mühe, capitán de la Stasi, también conocido como HGW XX 7 La pantomima que montan en el piso el autor y sus amigos para comprobar si los espían es de una obviedad insultante. La escena en la que Dreyman es sorprendido por su novia mientras esconde la máquina de escribir era necesaria, pero también está resuelta a brochazos. La Stasi, a su vez, es torpe en su búsqueda y nunca se pregunta por la supuesta obra conmemorativa del 40 aniversario de la RDA que el dramaturgo utiliza como tapadera. Y al final- -quién sabe si por un fallo del filme o del nuevo sistema político- sorprende la facilidad con la que los ciudadanos obtienen no sólo los informes sobre sus vidas, algo loable, sino la identidad de los autores. Viene bien para remachar el final, pero parece una locura que el Estado allane de ese modo el camino de la venganza. ¿Cómo puede el Estado facilitar la identidad de quien arruinó tu vida? cama. Lejos de coquetear con la disidencia, es un utópico defensor del sistema. No ayuda al filme la leve simpleza del protagonista, aunque refuerce la idea de hasta qué punto la maquinaria estaba podrida. El verdadero cambio en el alma del capitán (el desaparecido Ulrich Mühe) se produce en la escena más sutil. Dreyman toca al piano una sonata de Beethoven y Wiesler se conmueve hasta el punto de empezar a descuidar su fe en la causa. Pero no estamos aquí para glorificar la sabiduría de Henckel, sino sus pequeños gazapos.