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ABC JUEVES 9- -8- -2007 TIRIOS Y TROYANOS 40 BAJOS FONDOS 71 ALTOS VUELOS SANSEACABÓ Pues ya va siendo hora de que desaparezcamos por completo. Muerto el perro, se acabó la rabia tructores de casas con chimenea se tendrán que reciclar en vendedores de abanicos y soplillos, ya sea en los semáforos o bien por las esquinas. Y así, y aunque sólo sea por disfrutar con tal desgracia, hoy toca picar tecla y bendecir el calentamiento global o cualquier otro calentamiento que amenace con borrar a la especie humana de la faz de la tierra. Y al final, y aunque no lo consiga, que por lo menos desequilibre un pelo el sistema económico que la mantiene como la peor especie de todas las que pueblan el Planeta Tierra. LA VIDA ES BELLA EN PATOCHISTÁN Algunos sectores de población pertenecen a un mundo aparte, el del despropósito y la patochada del planeta. Se entendería mejor si lo llamáramos recalentamiento de la atmósfera pero, en fin, nos vamos apañando. Allí en el mundo pobre, unas tres cuartas partes de la humanidad no sabe qué es ni lo llama de ninguna manera. No ha oído hablar del Protocolo de Kioto, el Panel Científico de la ONU o el Informe Stern. Ignoran que este último, encargado por el Gobierno del peligroso anticapitalista Tony Blair, advierte de las hambrunas y las oleadas de refugiados que seguirán al deshielo, la subida del nivel del mar, las inundaciones, las sequías o los huracanes. Desconocen casi todo porque bastante tienen con buscarse el pan de hoy como para preocuparse por el hambre de mañana. Quedan, por último, algunos sectores de población que pertenecen a un mundo aparte, el del despropósito y la patochada. Se exiliaron hace años para fundar Patochistán y desde allí resistieron ferozmente los avisos de expertos y ecologistas. Lo negaron todo, algunos sin acordarse de explicar que su argumento de peso era el cheque que recibían de petroleras como Exxon Mobil. Los científicos, ya se sabe, son gente de natural despistado. Se obstinaron en restar importancia al fenómeno e impedir la adopción de políticas para frenarlo. Business as usual se convirtió en su lema. Ahora que la necesidad de tomar medidas se ha convertido en un clamor, nos llega un telegrama urgente desde Patochistán. ¿Creen que reconocen su error? No, no pueden: habitan parajes situados moralmente bajo el nivel del mar. Nos invitan a participar en otro debate estéril, a saber, que no está demostrado que el ascenso de las temperaturas se deba a la acción humana, es decir, a la deforestación y la emisión de CO 2. Sólo les digo estito: los gases de efecto invernadero en la atmósfera casi se han duplicado respecto a los niveles anteriores a la revolución industrial (Stern dixit) lo cual da que pensar. Pero si no hubiera relación, ¿qué importaría? Tampoco los terremotos son fruto de la acción humana y no por ello los japoneses dejan de construir casas que no se derrumben cuando tiembla la tierra. Si se sabe que reducir las emisiones de CO 2 mitiga los efectos del cambio climático, hagámoslo de manera drástica, que ya habrá tiempo de dilucidar responsabilidades en la fase de reclamación de daños y perjuicios. No contentos con no haberse disculpado y seguir confundiéndonos, se atreven a atacar a quienes cuestionan lo bella que es la vida en Patochistán: llaman agoreros del desastre y profetas de la catástrofe a quienes alertan de la amenaza del cambio climático, que afectará al mundo rico y barrerá al mundo pobre. Ellos creen que Patochistán se salvará sin necesidad de hacer nada, porque no han leído a Bertrand Russell, que dijo que la civilización consiste en la capacidad de prever. Conclusión: que el pueblo patocho es poco civilizado y no se lo recomiendo como destino de vacaciones. Montero Glez Escritor Irene Lozano Escritora L o del calentamiento global tiene guasa. Por un lado están los más tremendos que, de tanto inflar el perro, nos alborotan con sus ladridos. Y por el otro están los sobrantes que, preocupados por tener bien herrada la bolsa, les importa un bledo. Y como el tema embrolla también a los que picamos tecla, aquí me planto para bendecir lo del cambio climático a la tremenda, o sea, como lo anuncian los que ladran y alborotan. Que la humanidad se extinga en breve por una lluvia de fuego, es noticia a celebrar por todo lo alto. Sin embargo, y que se sepa, nadie hasta ahora puede garantizar que esto sea posible. Una verdadera lástima pues ya va siendo hora de que desaparezcamos por completo. Muerto el perro, se acabó la rabia. Si bien es fácil entender lo del calentamiento global, culpa de las aguas carbonatadas que arrastra el río del progreso, no es tan fácil concebir que la peor especie que habita el planeta, y que llaman ser humano, no pueda acomodar la temperatura de su sangre a cosechas venideras. El líquido nutricio que trajina por el macarrón de nuestras venas, cumple con los requisitos necesarios para esto y para mucho más. Por lo mismo, y mal que nos pese, la humanidad no desaparecerá de una vez por todas, sino todo lo contrario. Y nos quedaremos solos, como única especie sobre la tierra seca de mares, y sin más compañía que la de un puñetero Tamagotchi. Eso sí, seguiremos bebiendo Coca- Cola y tomando baños de asiento en la playa de Parla. Y como lo que más duele del cambio climático es que, con él, no va a desaparecer el ser humano, cabe entonces celebrar los desequilibrios que la especie va a sufrir en lo que más cuenta, o sea, en el bolsillo. Por venir el dinero por el mismo cauce por el que corre el río del progreso, el capital y el patrimonio se verán mermados en toda industria dedicada a trapichear con el calor. Estufas, radiadores, braseros de enchufe, secadores para pelo y cabello, así como material añadido, ya sea manta eléctrica, sin cable, de viaje o zamorana, en definitiva, todo negocio relacionado con el calor se vendrá a plomo. Y como que aquí picamos tecla para incordiar a la especie, de igual manera, las industrias textiles dedicadas al frío también sufrirán su descalabro, afectando asimismo a los fabricantes de esquís y de maderos para la nieve. Desaparecerán los trineos, los patines sobre hielo, los guantes de lana, las figuras de cera, las de mazapán, los abrigos de visón y los de piel de camello, las garras de astracán, los pantalones de pana, las boinas y los zapatos de gamuza azul. Por poner un ejemplo, los cons- A quí en el mundo rico la gente está al tanto, mal que bien, de lo que es el cambio climático. Sabe que nada tiene que ver con los cambios de tiempo, sino con el aumento de la temperatura media El deshielo de los polos, según los científicos, producido por el cambio climático AFP