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4 OPINIÓN JUEVES 9 s 8 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro VIOLENCIA DOMÉSTICA, EL DRAMA NO CESA ENERIFE se disponía ayer a dar el último adiós a una mujer de 56 años asesinada por su pareja, y en Madrid una niña de apenas año y medio se debatía entre la vida y la muerte tras haberle disparado su padre en la cabeza. Son nuevos casos de un drama casi diario que ni cesa a efectos estadísticos ni reduce su lastimosa intensidad. A estas alturas del año son prácticamente cincuenta las mujeres asesinadas a manos desus parejas, lo quelamentablemente no sólo no demuestra una tendencia a la baja en los casos más brutales de violencia doméstica, sino que acredita una escalada a la que ni el poder legislativo, ni el ejecutivo ni el judicial son capaces de poner coto. Es cierto que aumenta el número de denuncias y de sentencias e, incluso, que las formas de maltrato más habituales y menos graves tienden a contenerse. Pero también lo es que la cifra de homicidios no decrece. Tal y como está formulada por los poderes públicos, la estrategia para aplacar esta lacra social no responde satisfactoriamente. Son demasiados los casos en los que fallan eslabones relevantes delos protocolos de actuación. Las medidas de seguridad que los jueces ordenan para proteger a muchas mujeres amenazadas son claramente insuficientes, y la cicatera dedicación de recursos humanos y materiales en el ámbito policial y de seguridad no cumple ni de lejos con las expectativas quetan alegremente generó elGobierno socialista con su ley integral contra la violencia hacia la mujer. Son imprescindibles un esfuerzo inversor mucho más generoso y una sólida coordinación entre el Gobierno y los demás poderes, algo que no siempre se produce. Tampoco la legislación surte los efectos deseados: ni disuade a los maltratadores, ni protege a las víctimas, ni contribuyeaeducar en valores alos más jóvenes, ya que también aumenta sin aparente control el número de menores capaces de agredir o amenazar a sus padres. Asimismo, es evidente que el endurecimiento de las sanciones penales, el mayor castigo de la reincidencia o figuras jurídicas como la orden de alejamiento siguen sin hacer mella en los agresores. Y el peligro crece aún máscuando una sociedad, aunque sea de modo inconsciente, anestesia su capacidad de alarmarse y se acostumbra a episodios tan deplorables. No es un problema fácil de resolver, sobre todo cuando en España aumentan los casos de violencia doméstica protagonizados por personas originarias de otros países en los que el trato institucional, social o cultural que recibe la mujer deja mucho que desear. Pero no siendo fácil, tampoco se le debe hacer frente con palabrería. El Gobierno seufanóen aprobar una reforma innovadora y modélica- -pese a que aún no goza del sello de plena constitucionalidad- pero se contentó sólo con plasmarla en el BOE. No le concedió la dotación imprescindible para una puesta en práctica mínimamente eficaz. Ahora, tres años después, el Gobierno está obligado a meditar seriamentesobrelas causas de su fracaso. Consolarse con el argumento de que hay países de nuestro entorno con una cifra muy superior de mujeres asesinadas es una excusa demasiado pobre. También era así hace cuatro años y el PSOE no ahorró alharacas para promover una ley que, a la hora de la verdad, nos mantiene en el mismo punto de partida, sin avanzar. T INEFICACIA Y PARTIDISMO DE FOMENTO N día tras otro, los viajeros de los trenes de Cercanías en Cataluña se ven obligados- -muy a su pesar- -a cultivar la virtud de la paciencia, tal y como recomienda la ministra de Fomento. Ayer se produjeron, una vez más, retrasos e interrupciones que algunas fuentes atribuyen a un hipotético pero no demostrado sabotaje. Habrá que investigar el asunto, pero no es lícito esconder la propia responsabilidad bajo estas acusaciones genéricas. Aunque consiguió sobrevivir a la última crisis ministerial, Magdalena Álvarez acumula un largo historial de incumplimientos y fallos en la gestión. El Prat es una fuente constante de problemas y está muy reciente el caso del aeropuerto de Ibiza. Cada vez que nieva, los ciudadanos saben que no pueden confiar en la eficacia ministerial para aliviar la situación. El plan Galicia anunciado en su día a bombo y platillo, ha resultado ser otra promesa incumplida. La ministra parece que nunca tiene prisa, salvo para buscar una foto en alguna inauguración duplicada, como ocurrió en la T- 4 de Barajas. Pocos titulares de departamentos ministeriales presentan un balance tan negativo como esta antigua consejera de la Junta de Andalucía a la que Zapatero mantiene contra viento y marea, más por razones de equilibrio interno del PSOE que por méritos al servicio del interés público. La ministra de Fomento encaja mal las críticas. Su reciente visita a Barcelona, en una breve interrupción de sus vacaciones, se saldó con alguna perla que los ciudadanos reciben a medias entre la indignación y la perplejidad. Entre ellas, asegurar que los problemas en Cercanías son culpa de los gobiernos del PP y que el aeropuerto opera con toda normalidad. Muchos usuarios se tomarán tales afirmaciones como una burla intolerable. Habrá que estar atentos a sus explicaciones la próxima semana en el Congreso de los Diputados, aunque los antecedentes hacen suponer que intentará salir del paso sin ofrecer argumentos convincentes. La ministra no está sola en la tarea de despachar la crisis con afirmaciones absurdas. El PSC insiste U en culpar a Francisco Álvarez Cascos y a los gobiernos de CiU en Cataluña por la falta de inversiones, reiterando esa oposición retrospectiva en la que los socialistas se han instalado, olvidando que hace ya seis años que están al frente de la Generalidad. Mientras Zapatero hace un viaje fugaz para prometer cosas que luego nunca cumple, sus compañeros de partido se encargan del trabajo sucio al acusar a las administraciones anteriores, pero la gente no comulga con ruedas de molino: el PP no gobierna desde hace más de tres años y CiU lleva más tiempo todavía apartada de responsabilidades ejecutivas en Cataluña. Sólo un partidismo dogmático que deforma la realidad puede explicar que las culpas recaigan siempre sobre los demás. El oasis catalán se ha convertido en un agujero negro, en el que fallan los servicios públicos y los ciudadanos se distancian cada día más de una clase política anquilosada en la defensa de sus propios intereses. El Carmelo y el tres por ciento abrieron una etapa que sin duda será recordada por el desprestigio de los dirigentes y la ineficacia absoluta de los gestores. Los catalanes pierden muchas horas cada día en el andén de las estaciones, en las colas de las autopistas o en las instalaciones del aeropuerto. En la sociedad contemporánea el funcionamiento de las infraestructuras es imprescindible para la buena marcha de la economía y de la vida ciudadana. A nadie le importa el sectarismo partidista cuando se trata de cuestiones que afectan a la circunstancia diaria de muchos millones de personas. Magdalena Álvarez y sus compañeros socialistas en Cataluña se equivocan si pretenden extraer alguna ventaja de sus acusaciones sin fundamento. Los ciudadanos quieren políticos que trabajen por el bienestar general y que se hagan presente a pie de obra en los momentos de crisis para algo más que para hacerse una foto. Por cierto que mientras la gente se enfada con toda razón, Montilla y sus consejeros siguen de vacaciones como si tal cosa. Luego algunos se extrañarán si este comportamiento les pasa factura en las urnas o mueve a los ciudadanos a la abstención. SOMBRAS DE DUDA CON MADELEINE UANDO se produce un caso tan dramático como el de la niña inglesa Madeleine McCann es natural que se susciten sentimientos automáticos de solidaridad hacia el sufrimiento de los padres. Desde el primer momento en que se denunció la desaparición de esta menor, así ha sido y no sólo en Gran Bretaña o en Portugal, sino en todo el mundo. La suerte de la pequeña Madeleine ha estado, aún está, en el corazón de millones de personas de los cinco continentes. Todos los manuales que se refieren a qué hacer ante una desaparición de un niño sugieren que la difusión lo más amplia y rápida posible de la noticia y de la imagen del desaparecido es la mejor conducta, y así se hizo con este caso. El grado de apoyo popular que suscitó ha sido espectacular, incluyendo una audiencia extraordinaria con el Papa y mensajes de decenas de autoridades y famosos. Los padres han recibido más de un millón de euros en donativos populares y ciertas empresas han ofrecido hasta cuatro millones de recompensa por pistas que conduzcan al hallazgo de la niña. Ahora que se van a cumplir cien días de búsqueda y que han salido a la luz una serie de indicios que dan a entender que la niña pudo morir el mismo día de su desaparición- -y que podrían apuntar a teorías cuyo solo enunciado resulta estremecedor- se impone una reflexión sobre el grado de utilización al que se ha visto sometida la historia de esta niña por parte de todos a quienes incumbe este triste episo- C dio: en primer lugar, los padres; después, los medios de comunicación sensacionalistas, y, en tercer lugar, hasta la Policía, que ya conocía desde hace más de un mes los restos de presencia de sangre en el apartamento, la pista que le ha llevado a dar este giro en las investigaciones, y que de todo lo que sabe o cree saber sólo cuenta la parte que le interesa para avanzar en su investigación, de manera que también se vale de la repercusión de ciertas noticias. No es el primer caso de utilización de una investigación para determinados intereses- -ayer se informaba de la presentación de las memorias de Natascha Kampusch, la austriaca secuestrada durante ocho años- ni probablemente será el último. Estamos ante un suceso lamentable. Los padres que han perdido a uno de sus hijos han sido sometidos a una presión emocional inmensa y, por desgracia, poco o nada parece apuntar a un final feliz de este drama. Esto, en condiciones normales, podría llegar a justificar algunos excesos que se han cometido en el caso de Madeleine, pero difícilmente resulta justificable la conversión de una tragedia en un espectáculo morboso. Al final, sería muy nocivo llegar a transmitir la impresión de que todos han abusado de una manera u otra de la buena fe de la sociedad, convirtiendo en un caso especial unos hechos que pueden tener características muy diferentes y que pueden sentar un pernicioso precedente ante futuras desapariciones de niños.