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ABC MIÉRCOLES 8- -8- -2007 40 69 ron cubiertos grabados con las iniciales de Adolf Hitler. Para el capitán Besymenski, un amante de la música, había algo mucho más jugoso: la colección de discos del führer. Besymenski era judío. En su diario comenta su asombro al descubrir la música que escuchaba Hitler. Eran grabaciones de música clásica interpretadas por las mejores orquestas de Europa y Alemania con los mejores solistas de la época. Me sorprendió que hubiera tantos músicos rusos en la colección La revelación de la existencia de esta colección privada se debe a un azar. En 1991, la hija de Besymenski, Alexandra, fue a buscar al ático de la casa de su padre en Moscú una raqueta de badminton cuando se golpeó la pierna con una caja. En la caja estaban estos cien discos de pasta con etiquetas azules que rezaban Führerhauptquartier, de la oficina del jefe, Adolf Hitler. Los discos estaban rayados por el uso y había algunos un poco rotos o deformados por el paso del tiempo. Lew Besymenski le quitó importancia al asunto. Según declaró su hija al semanario Der Spiegel Besymenski no quería que lo vieran como un saqueador de botines enemigos. En sus delaraciones al semanario, Alexandra Besymenski asegura que se los había llevado porque era un amante de su música. A la muerte de su padre este verano, su hija pudo finalmente contar la historia. Besymenski tenía razones para el asombro. No sólo Hitler había eliminado a millones de judíos y eslavos en su búsqueda de la pureza racial aria. En Mi Lucha era tan categórico como siempre en su evaluación de la contribución judía a la cultura humana. Nunca hubo un arte judío y no hay uno ahora. Las dos reinas de las artes, la arquitectura y la música, no ganaron nada original con los judíos Los especialistas en el tema no están tan sorprendidos porque ven en el hallazgo una confirmación del caótico desvarío que hilaba la ideología nazi. Según James Kennaway, un musicólogo especializado en el período nazi de la Universidad de Stanford, la política musical del Tercer Reich era bastante incoherente. Se escuchaba al ruso Stravinsky porque era un músico de derechas y a Bartok porque era húngaro y Hungría estaba aliada a Alemania. El único eje realmente unificador era el antisemitismo. En este sentido lo que sí sorprende La colección sugeriría una interesante contradicción entre sus valores estéticos y políticos Hitler había eliminado a millones de judíos y eslavos en su búsqueda de la pureza racial aria de Killing Hitler la colección sugeriría una interesante contradicción entre sus valores estéticos y políticos. Es interesante que el hecho de ser ruso o judío no descalificara a un músico a la hora de armarse de una colección de música. Probablemente había una separación entre lo que era su visión política y lo artístico dijo Moorhouse. No cabe duda de que el arte tenía un impacto bastante considerable en el führer. Pintor frustrado, tuvo hasta último momento debilidad por su ministro de armamentos, el arquitecto Albert Speer, y soñaba con él grandiosos planes de reconstrucción de las ciudades alemanas de manera que reflejaran, como las pirámides egipcias, el poder de sus gobernantes. En cuanto a la música, el führer nunca se perdía un festival dedicado a Wagner y aseguraba haber visto alguna de sus óperas más de 100 veces. De chico tomó lecciones de piano sin mostrar gran talento. Según su cirujano, Hans Karl von Hasselbach, Hitler desentonaba siempre al silbar Más allá de sus aptitudes, era evidente que la música tenía un efecto sedante sobre ese estado de manía persecutoria en el que parecía vivir. Su operador de radio, Rochus Misch, último sobreviviente del búnker, contó recientemente que después de discutir con sus comandantes pedía que le pusieran música. Se sentaba y se dejaba llevar completamente por la música. El führer necesitaba distraerse El nazismo es el paradigma del mal humano, el corazón de las tinieblas que acecha a cada sociedad e individuo, y Hitler, su símbolo perfecto. Pero lo cierto es que el antisemita delirante no era sordo y hasta en la oscuridad más profunda del desvarío ideológico se puede escuchar el efecto sedante de la música más sublime. Melómano wagneriano Adolf Hitler acudió con la plana mayor nazi a un concierto en Berlín ABC Los desvaríos de la ideología Las piezas favoritas del führer Las sonatas para piano Opus 78 y 90 de Beethoven La obertura de El holandés errante de Wagner, interpretada por la Orquesta de Bayreuth y dirigida por Heinz Tietjen Arias rusas, como las de Boris Godunov de Mussorgsky, cantadas por Fyodor Shalyapin El Concierto para Violín de Tchaikovsky, con la Orquesta de la Ópera de Berlín y Bronislaw Huberman como solista La Sonata de Piano núm. 8 de Mozart en A menor, con Artur Schnabel es que haya músicos judíos como Schnabel y Huberman dijo al matutino británico The Times Para otro historiador británico, Roger Moorhouse, autor Bronislaw Huberman con su inseparable violín AFP