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ABC MIÉRCOLES 8 s 8 s 2007 Tribuna Abierta AGENDA 49 Jorge Márquez Escritor MARGALLO LGUNOS nombres propios no necesitan ni artículo ni adjetivo, porque encierran en sí mismos toda esa carga definitoria que hace redundante cualquier explicación. Algunos nombres propios contienen en su brevedad un símbolo, una referencia inequívoca para el imaginario colectivo. Uno de esos nombres es Margallo. Si en el mundo del teatro español e hispanoamericano alguien pronuncia la palabra Margallo a secas, todos sabemos enseguida de quién estamos hablando; pero, lo que es más importante, todos sabemos de qué estamos hablando. ablamos de compromiso, rebeldía y lucha, aunque también de optimismo, fuerza y generosidad; hablamos de barricada y búsqueda, pero también de humildad y principios. Hablamos de teatro cuando el teatro era- -como la poesía en la pluma de Gabriel Celaya- -arma cargada de futuro con que apuntar al pecho. Hablamos de aquel Juan Francisco Margallo, joven de años, moreno moruno, de barba tupida y frente constreñida por una irreductible mata de pelo, que hacía de malhechor o de jipi gamberro en las películas de Paco Martínez Soria, al mismo tiempo que sacudía a la sociedad española con la desopilante Castañuela 70, de Tábano- -que él fundó- nombre mítico donde los haya en la lucha del teatro independiente contra la fuerza bruta de la dictadura. más insigne galardón: la Medalla de Extremadura. Mutua honra. ierto. Algunos nombres propios son más propios que otros. Algunos nombres son tan propios que llegan a convertirse en comunes, y la gente los transforma en adjetivos y los usa como si fueran suyos de toda la vida, y la Real Academia de la Lengua los acoge en su Diccionario, donde no caben los nombres propios corrientes. Si el nombre de Margallo se inscribiera en el D. R. A. E. con minúsculas, como un sustantivo común, entonces algunos de sus términos relativos podrían ser: margallo dícese del trabajador humilde, individuo que lo ha hecho todo en su profesión y encima cree que no da un palo al agua; margallada gesto o acción generosa y divertida; margallismo filosofía de vida que consiste en resaltar lo positivo y minimizar lo negativo; margallear actuar con gran vitalidad e invulnerable optimismo; amargallado imbuido de ansia de libertad y sentido de la justicia. Cuando alguno de estos anocheceres vencidos me dé por hacer inventario, si el tiempo canalla me deja, escribiré que tengo en el haber del orgullo un par de obras mías dirigidas por Juan; pero sobre todo subrayaré diez veces esa parte del escrito donde diga que un buen día tuve la fortuna de conocerle, y que desde entonces, cada vez más, le admiro como teatrero, como luchador y como el inmenso ser humano que es. Ah, y que sigo esperando impaciente su obra por venir. A C Si el nombre de Margallo se inscribiera en el D. R. A. E. con minúsculas, como un sustantivo común, entonces algunos de sus términos relativos podrían ser: margallo dícese del trabajador humilde, individuo que lo ha hecho todo en su profesión y encima cree que no da un palo al agua. H ablamos de un Hombre de Teatro que desde entonces hasta ahora no ha parado de trazar una larga senda- -codo a codo con su inseparable compañera y extraordinaria actriz Petra Martínez- -sin una sola fisura en su vitalidad y en su honradez personal y artística. Una ancha carrera- -que por cierto él cuenta con mucha gracia y risa de pillo- -desplegada por tierras de Europa, España (incluso cuando España aún no era Europa) e Hispanoamérica. Un itinerario de aventuras teatrales que combinaba estrecheces y éxitos, pero que jamás perdía el norte de la lucha por la libertad y la igual- H dad, ya fuera bajo la firma de El Gayo Vallecano, en el Festival de Teatro Iberoamericano de Cádiz o, últimamente, como Uroc Teatro. o es raro que sus compañeros de la farándula hayamos querido premiarle todos estos méritos otorgándole dos Max. Aunque, bien pensado, los suyos no son premios. Lo de Juan es el reconocimiento de sus propios colegas, nuestro agradecimiento, admiración y cariño escondidos tras el antifaz de los Max. Y ahora, a Margallo, que es extremeño montanchego de cuna y afectos, la Cuna acaba de concederle su N Santiago Tena VARIACIONES SOBRE UN TEMA DE GLORIA FUERTES rrarse. Se nos ha escapado la Luna. Ha subido al firmamento como los globos que perdimos de niños. No hay manera de protegerse. Todo escapa a nuestro dominio, aunque pensemos que mandamos en la vida. Por eso escribo que te espero y que confío en ti, aunque seas más libre tú que dueño yo de tu libertad o de tu amor o de tu amistad. Creo yo que mi voluntad ya ni siquiera sobre mis deseos tiene mando. ¿Puedo decidir lo que querré mañana? Si dentro de cinco minutos quiero agua, ¿he decidido yo tener sed? ¿He decidido yo desearlo? ¿He decidido yo ser feliz? Y entonces ¿qué significa ser libre? Quizá ser libre es creer que uno hace las cosas porque quiere. Pero ¿no es más fuerte mi deseo que mi volun- Noquedaespacioaqueaga- La Luna se ha ido porque no comprendía estas cosas. Alguien tendrá que subir a recogerla, para plantarla tú y yo en nuestra playa y hacer en ella nuestra casa. Y así, si se vuelve a escapar, nos llevará con ella, y ya no la perderemos. tad? ¿Quiero yo o mi deseo me quiere a mí? ¿No me vienen acaso las palabras solas y la vida entera como dada y fácil y labrada de antemano y esperándome y preparada para mí? ¿No se trabajan acaso todas mis obras, decisiones y pensamientos en un taller del que no soy dueño? la Tierra la que se había plantado en la Luna, y fue la Tierra la que se escapó, de modo que seguimos en casa. Quizá las estrellas, viéndonos solos, nos hablen del tiempo y sus mentiras. Quizá no echemos de menos a la Tierra que se ha escapado y nos acostumbremos a estar en la Luna. Y nos dirán con razón que siempre estamos en la Luna, y es porque lo preferimos. para entonces el Sol se haya caído, y no nos habremos enterado por estar mirando a las demás estrellas. Dicen que en la Luna siempre es de noche, y por ser de noche, cenaremos cada día y cada noche en los restaurantes de la Luna, y luego bailaremos y jugaremos hasta el amanecer. Y como el amanecer no llegará, seguiremos bailando y jugando hasta la hora de cenar. Si nos cansamos siempre podemos ir a dormir, pues nadie podrá decirnos que el día está he- Quizá comprendía estas cosas. Alguien tendrá que subir a recogerla, para plantarla tú y yo en nuestra playa y hacer en ella nuestra casa. Y así, si se vuelve a escapar, nos llevará con ella, y ya no la perderemos. Quizá en lo alto pasen los días y nos demos cuenta de que nos hemos equivocado. Creíamos que habíamos plantado la Luna en la playa, pero no: era LaLunasehaidoporqueno cho para trabajar. Luego confundiremos las estrellas con las piedras de las montañas de la Luna que se nos caigan al espacio. Dicen que no están bien sujetas: ya ves lo que nos ha pasado con la Tierra. Mi único temor es que un día o una noche te me quieras despegar tú también por no haber sabido yo quererte bastante. Y entonces tendré que imaginar que eres una estrella que se me ha caído. Y como estaré solo en la Luna, tendré tiempo para pensarte, y quién sabe si en otra luna que tú hayas encontrado se oirán mis pensamientos, por eso que dicen de que el espacio y el tiempo no cuentan para el espíritu. Si es así, habré conseguido que pienses en mí, y esa alegría, saberlo, hará que brote vida en mi luna, y esa tristeza, saberlo, puede que riegue la tuya, tu luna, tu tristeza, de lágrimas que me llamarán y a las que contestaré con mi presencia, y así luego podremos decir que hemos viajado y que somos gente de mundo, digo de Luna.