Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
46 MADRID El Madrid olvidado MIÉRCOLES 8 s 8 s 2007 ABC AL DÍA Manuel de la Fuente 2 1 ESTRESES ARBÓREOS i toda la colonia de psicoanalistas argentinos residente en Madrid podría dar abasto con tan ingente y tristísima clientela. Porque no son cientos, sino miles, decenas de miles, los árboles de nuestra capital aquejados, según parece, de un mal tan humano como el estrés. Nuestros árboles tienen pena, penita, pena, y sufren crisis de ansiedad, arritmias vegetales, y palpitaciones horrendas de su savia. Si el hombre, probablemente compartiendo ese dudoso honor con la rata, la cucaracha y las palomas, es capaz de sobrevivir en condiciones extremas como las que se padecen en Los Madriles (estruendos, escapes a todo gas, pestes y pestilencias varias, calor insufrible, humos, sobre todo malos, apreturas y apretones) nuestros compañeros de peregrinación por las edades del planeta, los árboles, sufren más, pero que mucho más de la cuenta. No es que no nos dejen ver el bosque (bueno, la baronesa vio el bosque y hasta a sus duendecillos en el Paseo del Prado) sencillamente es que debido a la angustia apenas si hay tal bosque, tan sólo una suerte de albertiana arboleda perdida, perdida y además necesitada de una urgente cura de ansiolíticos. Ya ni siquiera en agosto Madrid es Baden- Baden, que más bien parece el gigantesco diván de un psiquiatra de dimensiones colosales. En Madrid, menos Cassano (y los gatos caseros) todo el mundo anda estresado, y si no lo está por lo menos lo parece. Pobres arboledas, pobre el ciprés mexicano del Parterre del Retiro, con su casi cuatrocientos años de vida (y milagros, sin duda) a las espaldas. Y pobre la zelkova del Botánico y su copa de cien ramas. Pobres también el cedro del Atlas de la Fuente del Berro, y el almez de la plaza de Murillo, y su buena sombra de veinticinco metros de diámetro. Resumiendo, que sigue siendo gerundio hasta en pleno ferragosto como estamos, que nuestros árboles no funcionan, que andan tristes, atacaos, tensos en en el más sumo de los grados. Se impone privatizarlos. Así, por lo menos que alguien los disfrute, aunque sólo sea el que pueda pagarlos. Al ritmo que vamos, son un artículo de lujo. Como el agua, sin ir mucho más lejos. N Madrid en la época (zona ampliada) Calle Gran Vía Calle Calle de Bailén Call e ed ar Verg a 2 Calle Aren al Calle del Carmen Gran N Vía Calle Alcalá Puerta del Sol Calle M ayor Plaza Del burdel de Caballero de Gracia a la calle del Azotado Madrid fue villa en la que proliferaron los burdeles y mancebías y más de uno escribió para la posteridad singulares leyendas con la mujer como protagonista. Sin embargo, otras veces, los líos de faldas los encontraremos en un edificio... POR MABEL AMADO ILUSTRACIÓN: CG. SIMÓN MADRID. En todas las épocas los líos de faldas traspasan el tiempo y generan más de una leyenda y no menos chascarrillos. A continuación les relataremos dos historias que, a buen seguro, despertarán más de una sonrisa burlona. Comenzamos en pleno centro de Madrid, en la actual calle del Cordón. Como podría ocurrir en el siglo que nos ha tocado vivir, la convivencia en una comunidad de vecinos nunca suele ser tranquila. Eso es lo que les aconteció a nuestros protagonistas. Un comunero, Hernán Carnicero, se enamoró de su vecina Mari Gonzálvez. Harta de ser perseguida insistentemente y requerida en el amor, la mujer decidió recurrir a la justicia. Y ésta se hizo efectiva. Como castigo por su pesadez Hernán Carnicero sería flagelado públicamente mientras recorría las calles de la ciudad a lomos de un pollino. Imagínense la situación y el escarnio que conllevó la sentencia. Cumplida ésta, el condenado decidió alejarse del barrio para evitar la humillación y los cotilleos de sus vecinos. Tras ingresar en un hospital para curar sus numerosas heridas, decidió poner en venta la casa de la discordia. Pero como suele ocurrir, la memoria popular siempre persigue a los bellacos... Fieles al casticismo, sus vecinos decidieron ponerle mote a la casa del comunero flagelado y optaron por llamarla casa del azotado en recuerdo de los golpes infligidos. Se pueden imaginar que con semejante apodo no hubo en la Villa vecino o forastero que quisiera comprar la vivienda o simplemente alquilarla. Harto de las burlas de sus vecinos y sin posibilidad de desembarazarse de la casa, tomó una drástica decisión: quemaría su vivienda cuando todos los vecinos del barrio estuvieran durmiendo. Y así lo hizo, pero con tan mala fortuna que las llamas arrasaron no sólo su vivienda, sino varias colindantes. En este punto la leyenda se bifurca y mientras unas voces afirman que el culpable fue apresado, otras sugieren que desapareció y nunca volvió a saberse de él. Libre o en prisión, el caso es que la calle pasó inmediatamente a denominarse del Azotado y, durante años, los condenados a la pena máxima debían pasar por esa vía en su último camino desde la cárcel de la Villa hasta el patíbulo levantado en la Plaza Mayor... Con el tiempo, la calle del Azotado cambió su nombre por Cordón, dejando aún, en el siglo XVII, otra vía con ese denominación hasta su cambio por Grafal. También humillante y singular es la siguiente historia Dos calles Curar las heridas que nos lleva a situarnos en uno de los numerosos burdeles que poblaban el Madrid de mediados del siglo XVII. Cercano a la calle del Carmen destacaba uno por la singularidad de su reclamo comercial en una de sus ventanas, las desdichadas moradoras habían colocado la figura de una Virgen. Para mayor burla, a través de un sencillo mecanismo articulado se podían mover desde dentro de la mancebía las manos y la cabeza de la imagen sagrada- -otras fuentes añaden que, incluso, tocaba el violín- Esta herejía fue denunciada por la Cofradía de las Ánimas y un hombre singular, Jacobo Gratii, más conocido como el Caballero de Gracia, no cejó hasta que el burdel fue destruido a instancias del Santo Oficio. Finalmente, la imagen, bajo la advocación de Nuestra Señora de Madrid, se trasladó al Hospital General. Otras crónicas recogen que la imagen recuperada no era otra que una Virgen María robada tiempo atrás de una ermita del municipio de Toledo, y a la que habían realizado algunos cambios para poder articular sus miembros. Sobre los cimientos de tan escandaloso local, el Caballero de Gracia se propuso levantar una iglesia dedicada a la Virgen del Carmen. Con ayudas del municipio, de cortesanos de la villa y de la propia Iglesia logró su propósito. Santo Oficio Para escarnio público fue condenado a recibir azotes y recorrer la ciudad a lomos de un pollino El reclamo del burdel era una Virgen articulada y desde dentro movían sus manos y su cabeza Sobre los cimientos de tan escandaloso local, el Caballero de Gracia se propuso levantar una iglesia