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ABC MARTES 7- -8- -2007 40 63 Enterrado en el campo La Guardia Civil llegó hasta el resto de implicados cuatro meses después de recuperar el Beato. El cruce de declaraciones de Félix Ollier con las de su ex pareja y delator Fernando Gómez, que sería detenido, dibujaron una trama en la que también jugó un papel clave un hermano de éste, Carlos, que fue quien buscó a los autores materiales del robo. Se trataba de tres jóvenes de Tarragona que sólo querían ganar un dinero fácil y que fueron engañados por Ollier, que les ofreció cinco millones por el trabajo y que acabó por robarles el Beato en un hotel de Barcelona. De hecho fue uno de los ladrones quien presionó a Fernando para que denunciara a su ex novio. Mientras estuvo en poder de los jóvenes, el Beato permaneció enterrado en un campo, aunque no sufrió daños. Ollier, en cambio, supuesto amante del arte, le arrancó una hoja. La última sorpresa data de 2000, cuando se comprobó que Ollier no era tal, sino que había usurpado esa identidad. Aún no tiene nombre conocido. Su pista se pierde en Brasil, a donde huyó tras un permiso carcelario. El Beato de Liébana es expuesto en la Comandancia de Valencia poco después de ser recuperado nía que estar en Valencia, adonde solía viajar y donde tenía amigos: Si yo fuera policía, le buscaría allí dijo con firmeza. Además, afirmó que el día anterior estuvo en el piso de Sallent y que la puerta estaba forzada y todo revuelto. El primer dato de interés apareció pronto: uno de los teléfonos al que llamaba Ollier desde Valencia era el de la clínica psiquiátrica del doctor Juan Alonso García del Moral, en la calle Almudena; el segundo, el de un chalé de L Eliana y el tercero, el de un hotel de la ciudad. En torno a estos puntos, más la pista de la academia, había que buscar a Félix. Las gestiones con las entidades bancarias aportaron un buen dato. El sospechoso había sacado los últimos días pequeñas cantidades de una misma sucursal de la Plaza de la Reina. Naturalmente, su imagen había sido recogida de forma nítida por las cámaras de seguridad y se disponía de una imagen actualizada de su aspecto. Por fin, el 9 de enero Ollier era localizado cuando entraba en la consulta del psiquiatra. Desde ese momento ya nunca se le perdería de vista. Se trataba de un tipo de costumbres: a las mismas horas acudía al mismo pub, en compañía de un amigo, dueño del chalé de L Eliana donde estaba alojado, y del psiquiatra. Para sacarle información, un investigador sacó a pasear su lado más coqueto -también era importante su perfecto conocimiento del inglés- -y logró entablar conversación con él en el local. Mientras se hacían esas gestiones, los teléfonos de la clínica y del chalé de L Eliana estaban siempre controlados. Todas las conversaciones eran rutinarias hasta que en la mañana del 18 de enero una puso a los investigadores en máxima alerta. Alguien que viajaba a Valencia desde Madrid a bordo de un Volvo azul había llamado al psiquiatra y quedado con él para que le diera un libro Pronto se preparó el pertinente comité de recepción El conductor del vehículo sospechoso recogió al psiquiatra en la clínica y lo llevó hasta un piso bajo, donde el facultativo le entregó una caja de cartón de dimensiones similares a la del Beato. Por primera vez se atisbaba el final de la investigación. El misterioso conductor dejó al médico en su consulta y siguió su camino. Pero sucedió lo peor... Los agentes le perdieron en una enorme urbanización de Albalat de Tarongers. Durante el resto del día y la noche se peinó casa a casa la zona, en medio de una angustia de los investigadores fácilmente imaginable. A la una de la tarde del día siguiente, sin embargo, se encontró el coche en el jardín de un chalé. Se decidió no correr más riesgos y pedir las órdenes de entrada y registro en las tres direcciones controladas: la casa del conductor del Volvo, la clínica psiquiátrica y el chalé de L Eliana. El 21 de enero de 1997 quedará grabado para siempre en la memoria de los agentes del Grupo de Patrimonio. Se lo jugaban a todo o nada. O encontraban el Beato o la pifia sería recordada durante años en la UCO de la Guardia Civil. Y la verdad es que los primeros datos de la operación no fueron muy alentadores: en la casa del conductor del Volvo estaba la caja, y había un libro. Pero no era el Beato, sino uno muy antiguo, sin pastas. Robado, sí, pero mucho menos valioso. Luego se supo que el psiquiatra se lo había entregado como garantía de un dinero que le debía. Aquello no empezaba bien, Piso revuelto De la charla se desprendía asimismo que el denunciante sabía algo más, pero en aquel momento de la investigación lo sustancial era localizar a Félix Ollier, que tenía o había tenido el libro en su poder. Y recuperarlo era el objetivo principal. Los dos investigadores se dirigieron al piso de Sallent para hacer una inspección ocular que dio unos resultados interesantes: una factura telefónica de octubre del año anterior recogía varias llamadas a un número de Valencia y además se encontró una tarjeta de una academia de idiomas de la Plaza de la Reina de esa ciudad. A partir de ese momento Valencia se convertía en la nueva base de operaciones del equipo de investigadores, luego apoyados por un grupo de expertos en seguimientos y vigilancias. Todo o nada pero en la clínica del psiquiatra la cosa cambió radicalmente. Durante el registro el médico ponía pegas a abrir un armario con medicinas. Cuantas más pegas ponía, mayor era el interés de la Guardia Civil. Pronto se produjo este diálogo telefónico entre uno de los agentes actuantes y el jefe del Grupo de Patrimonio: ¡Bingo! Acabamos de encontrar en un armario donde guardan medicinas un libro viejo de cojones. Creemos que es el bueno, por las fotografías que nos enseñasteis. Tiene mogollón de dibujos a color en las hojas... Era el Beato. Félix Ollier y el psiquiatra Juan Alonso García del Moral fueron detenidos junto al dueño del chalé de L Eliana y otro amigo, si bien estos últimos no fueron condenados. La venganza de Fernando Gómez, el denunciante del cuartel de la Seu d Urgell, se había consumado. Estaba claro que Ollier era quien había planificado el robo, pero no era su ejecutor, y que el psiquiatra era quien lo iba a colocar en el mercado. Pero aún estaban libres los autores materiales... Aunque por poco tiempo.