Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
62 40 GRANDES CASOS MARTES 7- -8- -2007 ABC El dulce sabor de la venganza Caso Beato La recuperación por la Guardia Civil del códice del Apocalipsis del Beato de Liébana, robado en 1996 del museo de la Seu d Urgell, en Lérida, fue resultado de una investigación apasionante, en la que la clave fue una delación por celos CRUZ MORCILLO PABLO MUÑOZ MADRID. A las diez y media de la mañana del 14 de febrero de 1997 en la plaza de la Catedral de la Seu d Urgell y en el propio templo apenas cabía un alfiler. Además de las autoridades y los agentes del Grupo de Patrimonio Histórico de la UCO del Instituto Armado, cientos de vecinos, emocionados, veían con alivio cómo el trabajo de la Guardia Civil había conseguido devolverles su obra más querida, el Beato de Liébana, que había sido robado meses antes. Hubo hasta vivas a la Benemérita- -recuerda divertido uno de los jefes de la investigación- y eso que se trata de una zona con un fuerte sentimiento nacionalista Meses antes, en torno a las diez de la mañana del 29 de septiembre de 1996 dos individuos que ocultaban su rostro con unas medias irrumpían en el museo, donde únicamente se encontraba una empleada. En apenas tres minutos los desconocidos redujeron a la mujer con un spray de autodefensa, uno de ellos subió al primer piso y con una maza rompió la urna de cristal en la que se exponía el libro, de incalculable valor, aunque en algún lugar figuraba que su precio podría rondar los 18 millones de euros. Inmediatamente después los delincuentes se dieron a la fuga en un automóvil que les esperaba con un tercer individuo al volante. Saltó la alarma, que estaba conectada a la oficina de la Policía Local, próxima al lugar. Los agentes reaccionaron rápido, en poco tiempo se instalaron controles de carretera, pero no lograron detectar a los ladrones. Comenzaba así una investigación que partía con muy pocos datos- -la testigo sólo pudo explicar que los ladrones medían 1,80 metros de estatura, aproximadamente- y una convicción: el robo había sido perpetrado, o al menos encargado, por profesionales. La importancia de la obra, de la que apenas existen dos docenas en todo el mundo, hacía prácticamente imposible colocarla en el mercado. En cualquier caso, se comunicó a todas las policías del mundo, a las salas de subastas y a los coleccionistas de arte las características del Beato, para así dificultar una posible venta. Se creó también un programa informático ad hoc para introducir en él todos los datos que se obtenían de las gestiones en torno a individuos con antecedentes en este tipo de delitos, robos de coches que se hubieran perpetrado en la zona aquellos días, listados de clientes de hoteles, hostales y campings... El Grupo de Patrimonio, además, se desplazó casi al completo a Barcelona, para visitar anticuarios, libreros, recorrer viejas tiendas, templos y centros religiosos que habían sufrido robos. Para que un golpe de suerte pueda resultar decisivo tiene que sorprender a los investigadores trabajando a fondo. La máxima se cumplió de nuevo esta vez. Bien entrada la noche del 15 de diciembre, un comunicante anónimo llamó a las oficinas de la UCO en Madrid y trasladó al agente de guardia este mensaje: Escuche. Sobre el libro que buscan, pudiera saber algo un francés llamado Félix, que da clases de inglés en un pueblo de Barcelona llamado Sallent Por fin, algo de lo que tirar. Había que localizar ese pueblo, ver si de verdad existía ese tal Félix que daba clases de inglés, encontrar en ese supuesto su casa, conocer su círculo social, sus aficiones... Y todo sin levantar una sola sospecha, sin ser detectados, porque si en efecto la información era buena y este individuo tenía algo que ver con el robo, la investigación se iría abajo en el momento en que corriera la voz de que la Guardia Civil husmeaba por allí. El trabajo era arduo, pero por primera vez la moral de los investigadores había subido muchos enteros. Sallent existe- -está a 75 kilómetros de Barcelona- y no es un pueblo demasiado grande. Eso era bueno por una parte- -la gente se conoce más y el área a rastrear es más pequeña- y malo por otra, pues los extraños son detectados con facilidad. En estos casos, eficaces confidentes que se muevan por la zona son la mejor herramienta, y esta vez no fue una excepción. El elegido colaboró en asuntos de droga en su día, pero tenía muy buena relación con su controlador- -le salvó de una acusación de asesinato- -y accedió a echar una mano. Sus gestiones fueron claves para confirmar que existía Félix- -su apellido era Ollier- y que daba esas clases, aunque por aquella época estaba fuera, de vacaciones. Se averiguó, además, que era homosexual, algo a lo que entonces no se le dio importancia aunque finalmente la tuvo. La habilidad de los investigadores, que lograron el teléfono y la dirección de ese hombre, hizo el resto. Confirmar que un comunicante anónimo dice la verdad es la mejor forma de saber que Programa informático Sobre el libro que buscan, puede saber algo un francés llamado Félix, que da clases de inglés en un pueblo de Barcelona llamado Sallent La UCO recibía la llamada en diciembre; en febrero ya había recuperado el Beato ¡Bingo! Hemos encontrado en un armario de medicinas un libro viejo de cojones. Creemos que es el bueno, por las fotografías que nos enseñasteis comunicó un agente al jefe del Grupo de Patrimonio se está sobre la pista buena. Pero aún habría de ocurrir otro episodio clave. El 2 de enero un individuo llamado Fernando Gómez se presenta en el cuartel de la Seu para denunciar que había visto el Beato en casa de Félix Ollier. Además, entregó documentos de identidad, su fotografía y cartas en las que ofrecía libros antiguos a una sala de subastas de Londres. Y estaba dispuesto a seguir colaborando. Los agentes del Grupo de Patrimonio no querían lanzar las campanas al vuelo, pero lo que parecía un caso imposible comenzaba a tomar cuerpo. Al día siguiente Fernando Gómez se reunió en Barcelona con uno de los jefes de la investigación y un compañero suyo. La conversación fue jugosa, por varios motivos. En primer lugar, aunque no de forma explícita, este joven dio a entender que actuaba por venganza, ya que Félix Ollier había puesto fin a su relación de pareja. Dio datos suficientes de que el libro que vio era el Beato, y añadió además que su amigo quería sacar mucho dinero con él. Y aportó un tercer elemento: te-