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ABC MARTES 7- -8- -2007 40 azar y un productor llamado Hal Roach, todo hay que decirlo (el dueño de la llamada fábrica de carcajadas descubridor de Harold Lloyd y La Pandilla) consiguieron que aquellos trenes un poco destartalados y circulando en vías paralelas que eran Oliver y Stan se subieran al mismo ferrocarril, camino del éxito. Corría 1927, pero quienes de verdad corrieron fueron El Gordo y el Flaco, que rodaron en quince años (primero mudas, luego con sonido y con igual éxito) docenas y docenas de títulos: Noche de duendes (1930) De bote en bote (1931) Héroes de tachuela (1931) Fra Diávolo (1933) Compañeros de juerga (1934) Dos fusileros sin bala 1935) Un par de gitanos (1936, en la imagen) Laurel y Hardy en el Oeste (1937) Quesos y besos (1938) La década de los cuarenta fue el principio del fin de la pareja, cansada de repetirse a sí misma, y cansada también por la enfermedad: el corazón de Ollie amenazaba con no dar vida a sus ciento y pico kilos, y la diabetes amargaba la vida y el talento de Stanley. Hardy aún tuvo tiempo de trabajar con John Wayne en El luchador de Kentucky en 1949, y de hacer un cameo para Frank Capra en Lo quiso la suerte -Oye Ollie... -Dime Stan. ¿Te tratan bien ahí arriba? -Bueno Stanley, todos muy bien menos un ángel inglés con cara de tonto al que le llaman El Flaco El otro día tenía la boca llena de clavos porque estaba arreglando una casa, y fue y me dio una palmada en la espalda. Me los tragué todos. 61 Medio siglo sin El Gordo M. DE LA FUENTE- -Oye Ollie... -Dime Stanley. ¿Por qué te has muerto, Ollie? no tiene ninguna gracia. -Ninguna Stan, pero hacía tiempo que estaba muy triste porque ya no era El Gordo desde que me puse a dieta hace un año. Aquel día, tal día como hoy pero de 1957, se acabaron las guerras de tartas más grandes jamás contadas (y filmadas) y Stan Laurel y Oliver Hardy (El Gordo y El Flaco de aquí a la eternidad) dejaron de chincharse, dejaron de destrozar todo el mobiliario que se les ponía por delante, se acabaron las bofetadas y el bueno de Ollie ya no tuvo que tragarse más clavos ni volvió a meter la pata en el cubo de la pintura, ni las paredes de las casas se le vinieron encima. Hace cincuenta años, que siempre parece menos que decir medio siglo, Oliver Hardy, uno de los grandes cómicos de las primeras décadas del cinematógrafo, se despedía de este valle de sonrisas (y lágrimas) después de sufrir un derrame cerebral como el que había padecido apenas doce meses antes (poco después de someterse a una dieta estricta) pero esta vez definitivo. El destino, siempre paradójico, casi siempre cruel, quiso que el actor norteamericano dejase este mundo precisamente sin el que fue su mejor y más característico atrezzo, su gordura (desde niño) sus kilos de más, de más y de más. Exactamente los setenta kilos que perdió el año anterior a su muerte, que se lo llevó de la gran pantalla del mundo cuando apenas si pesaba ochenta kilillos de nada. -Oye Ollie... -Dime Stanley. ¿Por qué tenías la cara tan rara la última vez que te vi? No me gustó ese gag. -No era un gag, Stan, se llama tristeza. Oliver Hardy, la parte más abundante del Gordo y el Flaco, se había criado en el sur de los Estados Unidos, huérfano de padre al año de nacer (1892) poco amigo de los estudios, pero amigo de irse tras los pasos de todas las compañías teatrales y de variedades que pasaban cerca. Descubrió el cine (fue taquillero y proyeccionista) antes de que el cine le descubriera a él, pero no tuvo que esperar mucho. En 1914 rodó su primer filme, y ya no paró de dar tumbos por los platós de la incipiente industria cinematográfica estadounidense. No muy lejos, un actor inglés, Stan Laurel, el Flaco, también se preocupaba de ir dando tumbos de corto en corto, de filme en filme. Incluso coincidieron en algún título pero aún sin formar pareja. El Oti Rodríguez Marchante LA BRAGA NÁUTICA l mundo del traje de baño es tan profuso y variado casi como el de los insectos, aunque solamente referido al traje de baño femenino, innumerable en especie, tamaño, forma, color y condición. En cambio, el traje de baño masculino se ciñe, en esencia, a dos únicas alternativas: el meyba y la braga náutica. El meyba es ése al que también se le denomina boxer y que admite algunas subvariantes relacionadas con las dimensiones, puesto que puede llegar a holguras y extremos chocantes y entonces adquieren denominación de bermudas Está probado que a muy pocos hombres les queda bien el modelo meyba, especialmente el grande, pero se sabe empíricamente que no hay ni un sólo hombre en el mundo al que no le siente como un tiro la braga náutica. Pero deconstruyamos el concepto braga náutica, prenda que este año han vuelto a poner de moda en nuestras costas los turistas italianos, que son los que abren caminos en el vestir en general y en lo playero en particular. Al contrario que el meyba, que tiende a ser muy suelto, la braga náutica está hecha con un material que se ajusta al cuerpo, que se aprieta, y su tamaño (salvo estridencias y extravagancias, que llegarían hasta el llamado tanga) es prácticamente siempre el mismo, ni muy alto por arriba ni muy bajo por abajo. Suelen tener más o menos las dimensiones y la forma del tradicional calzoncillo y sólo que no es de color blanco y algún otro detalle le libran de tal nombre y tal uso. Es curioso que mientras el modelo meyba admite todo tipo de coloridos, mezclas y dibujos, la braga náutica sólo se encuentra en un color, el que sea, y como mucho una franja o un detalle de otro. No verá usted a ningún italiano con una braga náutica llena de colores y formas caleidoscópicas... ¿Por qué? Pues, ahí está, otro misterio por resolver. Este año en Formentera, paraíso del turismo italiano, la braga náutica ha desbancado por completo al consuetudinario en bolas Todavía no se ha pronunciado sobre esto Pepiño Blanco, pero no se acabará agosto sin que lo haga. E Un año antes de su muerte, Oliver Hardy se sometió a una dieta con la que perdió setenta kilos Nuevos proyectos en Hollywood: del Monopoly a Arma letal V L. M. GÓMEZ MADRID. Hollywood continúa a la búsqueda de nuevas ideas para sus superproducciones. Y si hay crisis creativa, lo mejor es recurrir a viejas glorias y nuevas secuelas. En estos tiempos de burbuja inmobiliaria, el oscarizado director estadunidense Ridley Scott ha confirmado su propuesta de llevar a la gran pantalla el Monopoly uno de los juegos de mesa más populares del mundo. El director trabaja en la adaptación del juego a un guión que se convierta en un éxito de taquilla. En una entrevista concedida al diario norteamericano Los Angeles Time Scott destaca que lo importante a la hora de afrontar el reto de llevar el juego al cine es lograr captar el universo que se crea en una partida, con los típicos piques familiares de por medio. Y es que, ¿quién no se ha sentido traicionado por un ser querido a la hora de comprar un suntuoso hotel para nuestra calle? La idea del director es recrear ese momento Dr. Jekyll y Mr. Hyde que viven los participantes para amasar su ficticia pero preciada fortuna. Eso es histéricamente divertido y la película puede ser apasionante asegura un optimista Scott que está dispuesto a potenciar el lado cómico del juego de Hasbro, el mítico y rechoncho hombrecillo adinerado de la chistera y el bastón, la seña de identidad del Monopoly desde que fue creado en el año 1935. Por su parte, la Warner planearía el regreso de una de las sagas más famosas de los ochenta, Arma letal La resurrección del agente Martin Riggs, al que dio vida Mel Gibson, se sumaría a la de otros míticos personajes como Rocky (la VI en 2006) o la anunciada vuelta de Indiana Jones. Sin embargo, el principal escollo se encuentra en convencer al protagonista. Mel Gibbson se encuentra volcado en su carrera como director y hace un año ya rechazó una suculenta oferta para realizar el film. El director Richard Donner reconoce que para el actor ya fue muy duro hacer la cuarta parte.