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ABC LUNES 6- -8- -2007 TIRIOS Y TROYANOS 40 BAJOS FONDOS 65 ALTOS VUELOS BEST SELLER INSTRUCCIONES Han de turnarse, yendo y viniendo del sobaco a las manos y viceversa para que así músculos y tendones saquen a relucir el nervio dades, coincidiendo cada una de ellas en edición, titulo y autor. Durante todo el camino han de turnarse, yendo y viniendo del sobaco a las manos y viceversa, para que así músculos y tendones saquen a relucir el nervio. No hay que preocuparse si el nombre del autor, o de la autora, destiñe en la piel, culpa de la transpiración que acompaña la temporada de canícula. Tampoco si pasa lo propio con el título. Raspando con la misma uña, sale la mancha. Una vez puestos, cogiéndole el truco al asunto, se pueden realizar unos ejercicios que ya quisieran las animaciones playeras que montan los yanquis por California. Si los corbatillas de las editoriales doblasen un poco el tirante, promocionarían un bibliobús de escándalo para que se diese un rulo por la costa. Y harían del best seller cosa edificante para el cuerpo y, por lo mismo, para la mente. No se necesita mucho, sólo el musicorro a todo trapo y unos chulazos marcando relleno al estilo Santa Mónica. Ah, y animadoras con falda de jugar al tenis y nalgas como para forrar pelotas. Y en ese plan, sólo queda arrancar con una tabla de ejercicios sencillos, uno, uno, dos, dos, arriba, abajo, peso libre entre las piernas, inspira, suelta, otra vez a empezar, uno, uno, dos, dos, ahora con los muslos prietos. De esta forma el Paulo Coelho, el Código da Vinci y el Houellebecq, o como se escriba en gabacho, de esta forma, cualquiera de los citados serviría para algo más que para calzar mesas cojas. Ya puestos a defender las virtudes de los libros más vendidos en el Pryca, y si han de valer para algo, que sirvan para conseguir lo que apuntaba Juvenal, autor romano más chulo que un ocho y que, si en su día no fue un best seller fue porque no quiso. LEER, UN DEPORTE EXTREMO Los best sellers buenos no se distinguen de los malos por fuera, porque ni unos ni otros bajan de las mil páginas texto de ese género. Los best sellers buenos no se distinguen de los malos por fuera, porque ni unos ni otros bajan de las mil páginas. Ante la mesa repleta de mamotretos, el lector siente el mismo vértigo que si practicara descenso de cañones, con la diferencia de que carece de la ayuda de un guía profesional, ya que los editores dejaron hace tiempo de interesarse por cualquier lectura que no sea la del libro de cuentas. No queda, pues, más remedio que aventurarse en solitario, con la esperanza de formarse una opinión antes de llegar a la página 999: la vida es corta, las vacaciones también. Todo el quid de la cuestión reside en la fugacidad de la vida. Cuando recuerdo que acumulo en mis lecturas un retraso de unos veinticinco siglos y que moriré sin leer muchas de esas obras pendientes, siento una opresión en el diafragma más fuerte que cuando estaba embarazada de nueve meses y medio. Por eso soy muy selectiva. Tanto que, antes de elegir un libro, pregunto a los amigos, ojeo el ABCD, visito librerías, bibliotecas, ferias. Así, claro, no tengo tiempo de leer, y el absurdo multiplica mi angustia. Cuando ya sólo queda de mí un haz de nervios, pienso en el único hombre que me ha comprendido: Julio César. Gracias a que quemó la Biblioteca de Alejandría se perdió, entre otras cosas, la obra de juventud de Aristóteles. Pues eso que tengo hecho me digo. En César y Cleopatra de Shaw el redicho de Teodoto le avisa del incendio con histeria injustificada: Lo que está ardiendo es la memoria de la humanidad Pero César le contesta con palabras alentadoras: Es una memoria infame. Que arda Sólo cuando lo leo remite mi zozobra. Y como tiene pocas páginas, lo acabo antes de que se presente el tábano. Montero Glez Escritor Irene Lozano Escritora or cambiar el naipe y seguir con la timba, aquí toca plantarse a defender chanclo frente a calamar. Y demostrar que no es tan chanclo el best seller como le pintan aunque con él se calcen mesas cojas. Dicho de otra manera, que el best seller tiene su parte edificante para el ser humano pues hace verdad aquella famosa cita latina, Mens sana in corpore sano Sólo hay que agarrar cualquier best seller para darse cuenta de la razón que lleva la sentencia antes referida y que, en su día, apuntó Juvenal. Para quien lo ignore, decir que Juvenal era autor romano de unas verdades que ya le gustaría escribir al Paulo Coelho, escritor carioca de mucha influencia en nuestra época. Por seguir carneando, cabe aquí referir que todos los libros que hoy en día venden como libros bolsilleros poco de bolsilleros tienen. Al final, descosen bolsillos y partes más nobles aún, culpa del tamaño que manejan. Y de los otros, de los que llaman edición rústica, cabe también criticar su tamaño por parecer libros de reclamaciones de casas de putas, valga la semejanza. Una vez hecha la postilla, llega la elección de los pesos y medidas del best seller a cargar durante el veraneo. Pero antes de seguir, se hace preciso tomar aire y equilibrar esfuerzos, no desgastando un lado del esqueleto más que otro. Por lo antedicho, se aconseja comprar el best seller de dos en dos uni- P eer en la playa es una actividad de alto riesgo: si te quitas las gafas de sol, la luz reflejada en el papel te chamusca la retina; si te las pones, no ves las letras. Te tumbas boca arriba, tapando el sol con el libro, y cuando, diez minutos después, te juramentas para soportar los calambres en los bíceps con estoicismo, te das cuenta de que necesitas reptar sobre tu eje como un girasol para mantener el libro en la recta del sol. Como no quieres invadir la toalla vecina, lo intentas acodada boca abajo. Tardas un cuarto de hora en realizar un hallazgo capital para la Anatomía: la cabeza y el cuerpo están atornillados a rosca. Te prometes que resistirás el dolor de cuello y te masajeas las cervicales con una mano, mientras empleas la otra en combatir la brisa marina, que no deja tranquilas las páginas. Al tiempo, bates ligeramente las piernas para espantar a las moscas. Por un instante sientes que tu tenacidad está dominando a los enemigos de la literatura. Efímero espejismo: acaba de aparecer el tábano que todos los años se te posa en el antebrazo. Pegas un brinco, salta el tomo por los aires, se llena de arena, pierdes la página, y piensas: ¿de qué cojones iba el libro éste? Si además se trata de un best seller leer se convierte en un deporte extremo. A los daños posturales se añaden los peligros que entraña elegir un L Para Irene Lozano, leer en la playa es una actividad de alto riesgo: si te quitas las gafas de sol, la luz reflejada en el papel te chamusca la retina, si te las pones, no ves las letras