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64 40 RICOS SOLEMNES LUNES 6- -8- -2007 ABC Giorgio Armani BEATRIZ CORTÁZAR Sembró entre los ejecutivos la semilla de la elegancia tualmente aumentan con nuevos hoteles, tiendas por abrir, un barco en proyecto... La historia del hombre que mejor luce las camisetas negras se remonta a un pueblecito de Italia donde la vida nunca fue fácil y menos para su familia. Cuando apenas tenía cinco años estalló la II Guerra Mundial y vio con sus propios ojos el horror y la tragedia. Ya entonces se fue con su madre y sus dos hermanos, Sergio y Rossana, a vivir a una aldea, mientras su padre se quedaba para trabajar en las oficinas del partido Fascista de Mussolini. Lo que es la vida. En esos años las biografias cuentan cómo Armani y su hermana saltaban a los agujeros que había junto a los caminos cada vez que escuchaban un avión y cubrían sus cuerpos con una chaqueta. Justamente esa prenda fue, y es, la mejor tarjeta de presentación que explica el éxito de su carrera en el diseño. Otras firmas tendrán su santo y seña pero en Armani las chaquetas se llevan la palma. Son objetos de deseo para ejecutivos y directivas que han encontrado en esos cortes y esos tejidos su mejor arma a la hora de cumplir y triunfar dentro del horario de oficinas. Pero, antes de eso, pasaron otras cosas. Desde niño el italiano dio muestras de lo que iba a ser: una persona tremendamente responsable, inteligente y trabajadora. Era buen estudiante y empezó la carrera de Medicina que abandonó a los dos años para irse a trabajar a una tienda en Milán. En ese tiempo conoció y se enamoró del arquitecto Sergio Galeotti con quien comienza una relación que se terminaría tras la muerte del que fue su pareja y socio durante casi treinta años. En su caso, la unión hizo la fuerza puesto que al talento natural de Armani se unía la experiencia y sabiduría de Galeotti, que fue quien dirigió la empresa tras convencerle para que creara su propia firma de ropa para hombre y mujer. Es entonces cuando surgen las famosas chaquetas Armani, los trajes livianos y elegantes con los que las mujeres podían ir a trabajar y dejar un rastro de elegancia a su paso. Armani lo tuvo claro y de ahí que no vacilara cuando, guiado por su instinto y su maestría a la hora de manejar tejidos, irrumpió en las pasarelas con una moda perfecta para salir a la calle y diferente de lo que se podía encontrar a la venta. A su manera de trabajar se unieron una serie de aciertos que lograron el milagro. Uno de sus momentos cumbre fue cuando diseñó el vestuario de Richard Gere para el filme American Gigoló La famosa escena de un Gere, que por en- A sus 73 años recién cumplidos, el italiano Giorgio Armani (Piacenza, 11 de julio de 1934) puede presumir de ser el diseñador más rico del mundo. Pese a esa situación privilegiada, desde donde uno puede divisar la vida con otros ojos, King Armani aún no ha aclarado quién será su heredero. Infatigable, sólo se queja de una cosa: la falta de tiempo para hacer todos los planes que pone en marcha y que ac- Así presentó Giorgio Armani en Milán su colección de primavera y verano para el año próximo AP tonces era el animal más bello del celuloide, paseando desnudo por una habitación mientras descuelga del armario varios trajes y camisas de Armani, que va lanzando a la cama, es el mejor anuncio de su historia. Nunca Gere estuvo más irresistible ni nunca las chaquetas de Armani se vieron tan apetecibles. Lo cierto es que en la trayectoria de Armani el cine siempre ha estado a su lado. No hay alfombra roja que se resista a sus clásicos esmóquines, ni rodaje de altura que no cuente con su vestuario. Cinéfilo desde niño, el italiano presume de acudir a las sesiones de cine de su barrio porque le gusta ver películas con el resto de espectadores y es que, a pesar de su fortuna (sus ganancias superan los 4 mil millones de euros, tiene 4.700 empleados, 13 fábricas y más de 250 tiendas exclusivas en 36 países, entre otras cosas) su estilo de vida está lleno de comodidades pero, también, de puntualidad y exigencia con todo lo que toca. Le gusta el lujo como a todo mortal, pero le falta tiempo para disfrutar. Su vida es el trabajo y más desde que enterró a su pareja y se hizo cargo de todo, pues le gusta dirigir sus negocios llevando siempre el timón. Tema de debate dados sus estupendos 73 años (no perdona su hora de gimnasia diaria) es quién le sucederá al frente. Armani no nombra heredero directo, pero sí tiene a su familia en cargos de responsabilidad. Suele repetir que ellos le heredarán mientras que sus empresas estarán dirigidas por una fundación. Pero para eso también hace falta nombrar patrón. Acostumbrado a asumir todo el trabajo (es minucioso hasta lo increíble, como el día que se sentó en todas las butacas de su teatro para comprobar cómo se ve el escenario desde cualquier ángulo) no está acostumbrado a delegar en nadie. No lo hizo cuando falleció Galeotti, pero tampoco dejará que otros tomen esa decisión. Con su mirada azul, su pelo canoso y un look que parece recién salido de la ducha, King Armani ha llegado a una situación en la que se puede permitir criticar todo aquello que no le guste (famoso fue su discurso contra el boom de las top model y continuar con su clásica línea de ropa, que va a su aire sin que le afecten las corrientes más vanguardistas. Por encima del bien y del mal, este emperador del diseño es sin duda uno de los mejores ejemplos de talento, seriedad, rigor y dedicación. De ahí que en Italia estén encantados de conocerle.