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ABC LUNES 6- -8- -2007 40 FESTIVAL DE MACERATA Oti Rodríguez Marchante 59 La orquesta es un foro para aprender del otro, de las diferencias, para aprender a escucharlo y entenderlo Media hora antes del comienzo de la actuación del maestro argentino, la Plaza Mayor ya estaba abarrotada de gente Las mujeres toman el Poder Pier Luigi Pizzi ha programado óperas en torno a mujeres poderosas con Macbeth Maria Stuarda y Norma JUAN ANTONIO LLORENTE Mucho ha cambiado aquí desde que el pasado año el milanés Pier Luigi Pizzi asumiese la gestión del Festival. Al margen de la danza, donde se continuará incidiendo con ofertas de calidad, la introducción definitiva de Pizzi ha sido pasar por un eje argumental el bloque operístico, que este año ha sido El juego de los poderosos o más bien, de las poderosas que ejercen potestad de modos diversos: en Macbeth de Verdi, la terrorífica esposa vehiculizando su fuerza a través del dúctil marido; en María Stuarda (ópera de Donizetti con libreto de Bardari, inspirado en Schiller) con dos perspectivas: la omnipotencia de quien ocupa el Trono de Inglaterra, Isabel, y la convicción del personaje que da nombre a la ópera, con su vida pendiente de un hilo. y que el viernes se representaba por primera vez en el Festival. Un día antes, recalaba la ópera de Verdi. Plásticamente, Pizzi, responsable en ambos casos de dirección y vestuarios, se mueve en latitudes opuestas. El severo puritanismo de la obra donizettiana se traduce en sobriedad gestual y colorista, dominada por los negros y los grises, destacando los vestidos blanquecino y siena de las reinas. Frente a esta rigidez, la traslación gore del Macbeth shakesperiano, donde el rojo se va adueñando de la escena a medida que los crímenes se suceden. En uno y otro montaje, concebidos para esta edición, la iluminación de Sergio Rossi es definitiva. También la orquesta, la Regionale delle Marche, demostró en ambos casos su calidad midiéndose en noches sucesivas frente a Danielle Calligari (Macbeth) y Ricardo Frizza (Stuarda) Otra cosa es la vocalidad, dando como clara ganadora a la ópera de Donizetti, con dos sopranos rotundas en sus respectivos cometidos- -Laura Polverelli, magistral Elisabe- LOS MÚSCULOS hora es, en verano, cuando nos damos cuenta de que tenemos músculos. Bueno, quiero decir, de que no los tenemos. Los músculos, que son algo completamente inútil en invierno, se convierten en algo bien valorado e interesante en agosto. Al hablar de la inutilidad de los músculos en invierno me refiero, claro está, en una ciudad y en un ciudadano corriente, porque ya se me alcanza que en la espesura del Mato Grosso, unos buenos músculos son muy provechosos tanto en época lluviosa como en seca. En fin, en esto de los músculos pasa un poco lo de la cigarra y la hormiga: que hay algunos por ahí que se pasan todo el invierno con la tabla (y no de quesos, precisamente) y con la previsión de que en agosto no hay poncho que te tape, mientras que otros cigarrean y le dan al tarro como si no fuera a llegar el indiscreto verano. ¿Y qué pasa? pues que en cualquier playa se pueden ver los estragos en esos cuerpos arrasados por el napalm de la molicie y la vidorra. Y a otros, los pobres, se les nota en los rulos de sus abdominales y en lo hético de su aspecto que han hecho vida de... pues eso, de aborigen del Mato Grosso. También pasa que, puesto que ya estás en estado ruinoso, te dices a ti mismo: esto no tiene arreglo este año, y huyes de la primera línea del mostrador playero para refugiarte en la retaguardia, al fondo del chiriguito (donde, por cierto, también hay que ir pronto para coger los mejores sitios) y allí te empleas en la rubia bien fría y espumosa, mientras envidias los bíceps, tríceps y deltoides de los maromos que presumen ahí en la arena, donde está la auténtica batalla. En esa umbría del chiringuito y a la fresca de las cervezas es cuando se hacen grandes planes para que tal cosa no nos pase en lo sucesivo: en cuanto vuelva, me pongo en manos de Pilates, o de quien sea, y el próximo año no paso yo por estos tragos (y venga otro sorbo de cerveza fría) A do la bandera del optimismo, decía que estas cosas seguro que sirven para algo Menos eufórico se mostraba Jaime, que, después de venir en varias ocasiones al concierto, opinaba que visto cómo está el tema en Palestina, lamentablemente este tipo de iniciativas no sirven para nada Puntual, Barenboim subió a las tablas para iniciar con la Obertura Leonora num. 3 su ya clásico espectáculo reivindicativo. Tras escuchar una impecable interpretación, el público regaló unos fuertes aplausos a los artistas, tras los cuales el director argentino anunció que sus músicos interpretarían una pieza sorpresa. Para nosotros es ya una tradición este encuentro, y en esta ocasión queremos hacer algo especial, tocando para ustedes una complicada obra, las Variaciones de Shonberg Aunque es muy difícil de ejecutar y, para algunos, de escuchar, creo que sería una falta de respeto para todos vosotros no tocarla. Así que, con vuestro permiso, o sin él, ahí vamos dijo en un tono bromista. Más abstracta, la pieza de Shonberg dejó boquiabierta a parte de la parroquia, mientras los arcos de los violinistas bajaban y subían frenéticamente al compás de los espasmódicos gestos de Barenboim, que parecía disfrutar mucho del sonido de su atenta orquesta. Con el cielo siempre amenazante- -por suerte la lluvia sólo apareció en el último tramo del concierto- el público aplaudió efusivamente la arriesgada apuesta del afamado director, y escuchó con ensimismado interés la última pieza de la noche, la Sinfonía núm. 6 en si menor más conocida como La Patética La bella composición de Tchaikovski cerró este ilusionado homenaje a la esperanza y al amor por la convivencia, emociones que, como anoche, a veces encuentran en la música su mejor vehículo de expresión. Ojalá amanse a las fieras. Dimitra Theodosiou y Daniella Barcellona en Norma th, y Maria Pia Piscitelli, un descubrimiento, cuajando una convincente María- -y un par de voces masculinas- -Roberto de Biasio y Simone Alberghini como Leicester y Talbot- -que, junto a la mezzo Giovanna Lanza, consiguieron una noche memorable que el público reconoció. No respondieron así los cantantes de Macbeth Si el barítono Giuseppe Altomare comenzó bien para ir perdiendo fuelle progresivamente, la soprano Olha Zhuravel se limitó, con su aria final de la locura, a dejar buen sabor de boca a los asistentes. Pizzi también quiso mostrar el sábado la otra cara de quien ostenta el mando: la renuncia a la supremacía sin dejar de ejercer el dominio. Ningún título más apropiado que Norma de Vincenzo Bellini, la trágica historia de la sacerdotisa druida capaz de sacrificar hasta su propia vida, al no poder aferrar junto a ella a un soldado de Roma. Pizzi ha delegado la dirección, escenografía y vestuario en su ayudante y alumno Máximo Gasparon, que traslada ese mundo difuso de liturgias ape- ABC gadas a los galos a uno más exótico, como el tibetano. Lo difícil que es encajar la historia como enfrentamiento entre los monjes budistas y los romanos lo refleja el resultado final, donde la única justificación se encuentra en el preciosismo de la propuesta plástica. La estupefacción quedó compensada en el apartado musical, del que se responsabilizó Paolo Arrivabeni, al frente de la Orquesta Regional de le Marche, que volvió a demostrar su multidisciplinariedad, mientras el Coro Lírico Marchiaghiano Vincenzo Bellini se esmeró rindiendo homenaje al compositor. Aunque el disfrute llegó con la acertada elección del reparto, pleno con la elección de la soprano griega Dimitra Theodosiou, que supo convencer con las facultades dramáticas, ricas en coloratura y agilidades, de sus cuerdas. Junto a ella, la mezzo Daniella Barcellona, creó una Adalgisa referencial. Entre las voces masculinas, destacar la interpretación del tenor uruguayo Carlo Ventre, bravo y rico en agudos, aunque a veces de irregular fraseo.