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16 ESPAÑA Cataluña: El oásis de cartón piedra LUNES 6 s 8 s 2007 ABC Barcelona, pasaje al caos El histórico apagón y el tren averiado en un túnel con 400 pasajeros a bordo son la gota que ha colmado la paciencia de la sociedad catalana, que acusa al tripartito de Montilla y al Gobierno de Zapatero de no dar la talla ni la cara ante las adversidades POR ÁNGEL MARÍN FOTOS ELENA CARRERAS BARCELONA. Están hartos de todo y, sobre todo, de los políticos. Los barceloneses tienen la sensación de que alguien les ha puesto la pierna encima. Cortes de luz intermitentes tras el gran apagón; ruidos, humos y olores de los grupos electrógenos; sudores y empujones para subir al tren que siempre llega con retraso o que se avería en medio de un túnel; colas kilométricas en las autopistas, colapso en el aeropuerto, diques que se desploman y túneles que se hunden. No aguantan más. Error o fatalidad. La mano del hombre está siempre detrás de los últimos percances registrados en las infraestructuras catalanas, aunque unos piensan que Barcelona está gafada ante el cúmulo de desgracias acaecidas en la ciudad. Una idea que algunos políticos y técnicos extienden entre la ciudadanía para ocultar sus errores en la gestión, control y seguridad en las obras públicas que se ejecutan en Cataluña y, así, eludir sus responsabilidades. El apagón del pasado día 23 de julio, las averías en el servicio de Cercanías de Renfe, el desplome del nuevo dique del puerto o el hundimiento del túnel del metro son demasiadas negligencias seguidas para el orgullo olímpico de Barcelona. Unos siniestros que han minado la poca confianza que tenían los catalanes en sus políticos e instituciones. La sociedad civil catalana acusa al tripartito de Montilla y al Gobierno de Zapatero de no dar la talla ni la cara ante las adversidades y, además, de intentar acallar el malestar social con promesas millonarias con poca credibilidad en Cataluña después de su compromiso electoral con el nuevo Estatuto. La palabra de Zapatero tiene hoy poco valor en tierras catalanas. El corte de suministro eléctrico, que afectó a más de 350.000 abonados de Fecsa- Endesa en toda la ciudad, ha sido la gota que ha colmado la paciencia de los barceloneses, que en la última semana han vuelto a sufrir otros 10 cortes de luz intermitentes. A esos problemas se suman el ruido, humo y calor que generan unos ciento cincuenta grupos electrógenos aparcados en las calles de la ciudad. Convivir con esos aparatos es, quizás, mucho peor que estar a oscuras dos días, sobre todo para los vecinos y comerciantes que tienen los enormes motores de gasoil funcionando las 24 horas del día debajo de su ventana o en frente de su local. Estamos negros porque el ruido, el humo y el olor de gasoil se mete dentro del establecimiento. Es insoportable, horroroso, y lo peor es que dicen que hasta febrero estaremos así, no sé si aguantaremos asegura Trini Martín, empleada de una tienda de pollos asados y comidas para llevar a casa que queda totalmente tapada por el grupo electrógeno instalado en la calle Valencia, frente al número 319. Los vecinos de esa finca cierran a cal y canto las ventanas para no oír los motores. La dependienta, que atiende a gritos a la clientela, confiesa que estos días tira de gelocatil para soportar el dolor de cabeza que produce el ronquido electrógeno. La mujer explica que ya ha reclamado, junto a otros 30.000 abonados, ante la compañía, que ofrece entre 60 y 300 euros para compensar las pérdidas ocasionadas por el gran apagón. En el subsuelo de Barcelona, la situación es, quizás, más agobiante que en la superficie. El tren se ha convertido en una trampa diaria para sus usuarios, que desde hace meses soportan un auténtico calvario por culpa de continuas incidencias en el servicio de Cercanías de Renfe. La última atrapó el pasado jueves a 400 pasajeros en un tren averiado en un túnel y, después de permanecer dos horas y media en penumbra, fueron rescatados por Bomberos y Mossos d Esquadra. El incidente, que afectó a 24.000 viajeros y 90 trenes, colapsó la estación de Sants de Barcelona. Las incidencias han aumentado este verano su intensidad por culpa de las obras del AVE Ruido, humo y olor de gasoil Trini Martín combate con gelocatil el dolor de cabeza que le produce el ruido de los generadores El tren, una trampa diaria Emilio Morales afirma que el Carmelo aún tiene la herida abierta por el hundimiento del túnel del metro