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ABC DOMINGO 5- -8- -2007 40 munidades de monjas, que por supuesto no aceptan las visitas de los hombres a sus iglesias. Bahr Dar, en la orilla sur del lago, es la más bulliciosa y alegre ciudad de Etiopía, con un gran mercado lleno de gente en todo momento durante las horas de luz. Merece la pena quedarse en Bahr Dar unos días y disfrutar del ambiente del hotel Ghion, en donde los viajeros comparten cervezas frías con la gente local, en tardes inolvidables, perfumadas por las flores del jardín junto al lago. En el extremo oriental de la ciudad, el Nilo Azul, que ha entrado en el Tana por la orilla occidental, sale con un caudal mucho más ancho para dirigirse al sur. Desciende con mansedumbre durante algo más de treinta kilómetros hasta que, bruscamente, su curso encuentra un cambio de nivel del terreno y se precipita desde una altura de cuarenta metros en las imponentes cataratas de Tis Isat. En su caída, estos saltos levantan una gran cortina de vapor de agua y su nombre no puede ser más expresivo, pues Tis Isat se traduce como el humo sin fuego A partir de ese lugar, el manso río parece volverse loco. Entra en una sucesión de 89 El curso fluvial del Nilo Azul también permite el transporte de mercancías y la comunicación hondas gargantas rodeadas por selva, forma broncos rápidos y se despeña en abismales barrancadas. Abundan las serpientes, sobre todo las boas y las venenosas mambas, y también leopardos y cocodrilos. El Azul gira entonces hacia el Oeste, de nuevo se serena y atraviesa llanuras boscosas alejadas de las poblaciones. El viajero se ve obligado a utilizar autobuses o taxis colectivos, pues en esta zona no hay ningún barco de pasaje. Pero transitar en autobús por los campos etíopes es una experiencia extraordinaria, pese a la incomodidad de los viejos vehículos, las carreteras sin asfalto, los frecuentes pinchazos, el polvo y el calor. Si las plazas del coche son cincuenta, pongamos por caso, es probable que al menos viajen más de cien pasajeros, siguiendo la vieja norma africana de que allí donde cabe una persona pueden entrar un par de ellas más. Chagní y Pawe son las poblaciones más grandes de estas regiones y hay algunos hotelitos muy modestos en donde alojarse. Como por esta zona no suelen viajar turistas, la comunicación con la gente es inmediata, ya que el extranjero despierta siempre la curiosidad. Pero hay que tener cuidado. Porque se trata de una región habitada por una etnia que lleva el nombre de shankilla Y los hombres shankillas tradicionalmente, han honrado a sus mujeres regalándoles los órganos sexuales de los extranjeros que lograban capturar y matar, para que ellas adornasen las paredes de la casa con los trofeos, la mejor expresión de amor de sus esposos. Por supuesto que tal costumbre está perseguida por las autoridades pero, de cuando en cuando, desaparece un extranjero por estos pagos. Y sus atributos de entrepierna acaban en la pared de una choza. El río cruza a Sudán en Bambudi, una zona peligrosa por la guerra que una vez tras otra estalla entre los sudaneses del sur, animistas y negros, con los sudaneses del norte, musulmanes y esclavistas. Desde allí, camino de Jartum, el río atraviesa las presas de Rossieres y Sennar. Brioso, azulado por los residuos vegetales que arrastra, acaba por rendir, en Omdurman, sus aguas al Blanco, para formar el Gran Nilo que, entre desiertos inclementes, llegará al Mediterráneo. Wadi Halfa es la capital de Nubia y la última población antes de llegar a Egipto. Allí comienza el pantano Nasser, que dejó bajo el agua la antigua Halfa, y es posible navegar una vez a la semana hasta Asuán. La ciudad nueva es destartalada y pobre, pero se llena de vida cuando atraca el barco que viene de Asuán. En ese momento, aterriza el avión de Jartúm, el tren que llega de la misma ciudad y multitud de pequeños transportes venidos desde puntos diversos del interior sudanés. Halfa se convierte en una batahola de voces y se abren cafetines al aire libre en los que se ofrece té y se guisan kebabs de cordero y estofados de lentejas amarillas. La ciudad destartalada se transmuta en una fiesta. Al día siguiente, parten el tren y el avión y zarpa el barco, y Wadi Halfa enmudece una semana. Desde allí, navegando en el ferry, se cruza junto al templo de Abu Simbel, trasladado de lugar cuando se levantó la presa, y se alcanza Asuán, una ciudad en donde, de pronto, parece respirarse un aroma de delicados jazmines. El río puede bajarse en faluchos de vela o barcos de lujo, hasta Luxor, y luego, hasta El Cairo. Es zona de ruinas ancianas, de templos del antiguo Egipto, de huertos que se van bebiendo el Nilo sorbo a sorbo, hasta dejarlo exangüe. Y al fín, asoma El Cairo, esa ciudad extraordinaria en donde todo es visible al mismo tiempo que es secreto, batida por el sol y encerrada entre cortinajes. Hay pocas ciudades como la capital del Egipto moderno, una ciudad que no se explica sin el Nilo. Pero esa es otra historia que escapa de estas páginas. FOTOS: ABC viejo trasbordador que, una vez por semana, parte de Bhar Dar hacia Górgora; y que, una vez por semana, regresa de Górgora a Bhar Dar. Pero no tarda cinco horas, sino día y medio. Y ello se debe a que se trata de una especie de lechera que recoge y suelta pasajeros y mercancías en los poblados de las islas y de las orillas. Viajar a bordo de esa nave destartalada y de motor carrasposo, a mil ochocientos metros de altura, sobre aguas tranquilas, y de cuando en cuando rodeado de tankwas -barquichuelas hechas con hojas de papiro trenzado, cuyo diseño puede tener mil años de antigüedad- -reconcilia el deseo de aventura con la sensualidad del mundo. Bandos de pelícanos blancos pescan en las orillas, los pasajeros combaten el aburrimiento con danzas y cantos en los que intentan integrar al extranjero; y los atraques en las islas del recorrido dan tiempo suficiente para visitar pequeños monasterios copto- ortodoxos en islas como Deq o Kebrane Gabriel. Casi en cada una de las islas del Tana, y son 37, hay un monasterio con unos cuantos monjes. En general, son hombres y no permiten la visita de mujeres a sus templos. Pero, en los últimos años, han surgido un par de co- NILO AZUL Delta del Nilo El padre Páez El primer europeo que alcanzó a ver las fuentes del Nilo Azul, en las montañas de Cojam, fue un jesuita nacido en la provincia de Madrid, en Olmeda de la Cebolla (hoy Olmeda de las Fuentes) llamado Pedro Páez, un hombre fascinante. Páez fue enviado muy joven como misionero a Goa y, desde allí, sus superiores lo destinaron a Etiopía en 1589. Capturado por piratas turcos, hubo de atravesar a pie el desierto de Hadramaut, encadenado, hasta llegar a Senna, Yemen, en donde permaneció cautivo durante siete años. Pagado su rescate por Felipe II, Páez entró finalmente en Etiopía en 1603. Gracias a su habilidad con las lenguas y a su enorme formación, logró convertir al cristianismo al emperador etíope Susinios, quien lo nombró su capellán. En el curso de una expedición militar, en 1618, Páez avistó las fuente del Nilo Azul, lo que relata en su monumental Historia de Etiopía terminado en 1622, pocos meses antes de su muerte, y considerado todavía un texto esencial para el estudio del país. El Cairo Asyut Luxor ARABIA SAUDÍ Asuán Lago Nasser Mar Rojo EGIPTO Abu Simbel Gran Nilo Nubia Al- Dabbah Ondurman Jartum Berber ERITREA Nilo Azul Nilo Blanco Presa de Sennar Presa de Rossieres SUDÁN Górgora Bhar Dar Montañas Cojam Lago Tana Bambudi Chagní ABC ETIOPÍA