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88 40 GRANDES RUTAS DOMINGO 5- -8- -2007 ABC Las cataratas de Tis Isat es uno de los parajes más bellos del recorrido del Nilo Azul entre las montañas etíopes de Cojam y el puente de Omdurman, a las afueras de Jartum Siguiendo ríos El Nilo Azul JAVIER REVERTE l compararlo con el Nilo Blanco, el Azul es un río muy corto, pues tan sólo hace un recorrido de 800 kilómetros hasta verter sus aguas en las del primero, bajo el puente de Ondurman, a las afueras de Jartúm. Lo que sucede es que, una vez fundidos los dos caudales en lo que se llama el Gran Nilo, al curso de agua le esperan todavía 2.800 kilómetros de desierto hasta alcanzar el Mediterráneo. De modo que podría decirse que el Azul cubre una distancia de unos 3.600 kilómetros en tanto que la longitud del gigante Blanco es de al- Si el Nilo Blanco tiene un carácter sagrado desde los faraones, del Azul podría decirse que emana misticismo. Sólo tiene 800 kilómetros de recorrido entre las montañas de Cojam y Jartum, donde se une a aquél para formar el Gran Nilo go más de 6.670. Sin embargo, el pequeño Azul es un río muy bravo y muy peculiar. Y la cultura y la historía que lo rodean son también muy diferentes a las de su hermano. Si el Blanco tiene un carácter sagrado desde los tiempos faraónicos, del que hoy hablamos podría decirse que emana misticismo. Y lo hace ya desde su nacimiento, en las montañas etíopes de Cojam, al sur del lago Tana, a una altura de más 3.000 metros sobre el nivel del mar. Allí mismo, alrededor de una pequeña fuente de piedra en la que se ha colocado un caño, y que es el lugar de donde brota el Azul de unos grandes lagos subterráneos, vive una comunidad de monjes ortodoxos que bendice el chorro de agua todos los días y, de cuando en cuando, echa gallinas muertas al primer remanso que forma el río como una especie de rito de fertilidad. Etiopía, la cuna de este curso fluvial, es una nación absolutamente distinta a todas las africanas. Se trata de un país de religión cristiano- ortodoxa, teñida en su caso de influencias musulmanas y judías, que debe obediencia a la Iglesia Copta de Egipto, cuya sede principal está en Alejandría. Etiopía, como alguien escribió una vez, es una isla cristiana rodeada por un océano islámico. A causa de su credo, su iconografía y sus ritos, en Etiopía el viajero puede creer que se en- A cuentra en el corazón del antiguo Bizancio. Etiopía es, además, el único país subsahariano que cuenta con una lengua escrita propia, en su caso en caracteres cirílicos: el amárico. El idioma posee un precedente del siglo XIV: el gue ez que no se habla, pero se canta y se lee, como nuestro latín. El Azul baja desde Cojam como un arroyo manso de montaña y no puede navegarse en este primer tramo. Unos cincuenta kilómetros más abajo y perdiendo unos 1200 metros de altitud, se hunde en un lago de aguas poco profundas: el Tana. Este espacio lacustre es el mayor de Etiopía, con una superficie de unos 3.000 kilómetros cuadrados, más o menos como la isla de Mallorca. De la orilla occidental a la oriental, mide 65 kilómetros, mientras que son 85 los que van de norte a sur. A bordo de un barco que navegase a diez nudos de velocidad (18 kilómetros por hora más o menos) en cinco horas podría recorrerse la distancia que separa la ciudad más importante de la orilla sur, Bahr Dar, con la que se sitúa al norte, Górgora. Pero no existen barcos que hagan el recorrido directamente. Lo que sí existe es un barco que parece diseñado especialmente para viajeros libres: un