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32 INTERNACIONAL DOMINGO 5 s 8 s 2007 ABC HORIZONTE Ramón Pérez- Maura MUERTOS QUE A NADIE IMPORTAN ecuerdan la escalofriante película Hotel Ruanda Es un buen ejemplo de la incapacidad de la ONU para cumplir las misiones que tiene en sus manos. Esta semana ha dado un importante paso hacia un nuevo Ruanda Darfur. El pasado jueves los periódicos describían con inmerecido entusiasmo la aprobación de la resolución 1769 del Consejo de Seguridad por la que se enviará a Darfur- -quizá en enero- -una fuerza de 26.000 hombres. La misión de paz más importante de la historia de la ONU según se dijo en estas páginas. Cuatro años después de que las milicias árabes apoyadas por el gobierno islamista de Jartum empezaran a asesinar africanos negros del sur de Sudán, 200.000 muertos después, dos millones de desplazados más tarde, lo menos que podría haber es una fuerza de paz histórica. La realidad es muy otra. La ONU pretende resolver este genocidio en un territorio con una extensión equivalente a la superficie de Francia con una fuerza de 26.000 hombres que será conformada en consulta con Sudán, que ha exigido que en su totalidad esté integrada por africanos. La resolución se cuida mucho de respetar la soberanía del Gobierno de Sudán, lo que en teoría estaría muy bien si no fuera porque esa soberanía es la que ha invocado Jartum para ejecutar su matanza desde 2003. ¡La soberanía de un régimen que Bill Clinton bombardeó en 1998! ¡Con la cantidad de méritos que había que acumular para conseguir que Clinton hiciera eso! La resolución también impide a la fuerza internacional requisar las armas de la milicia Janjaweed, autora de las matanzas con el respaldo del gobierno sudanés. Se limitarán a observar si en Darfur hay armas o material similar Perspicaz propuesta. Sudán ha contado en todo este proceso con el respaldo de China. El embajador de Pekín en la ONU, Wang Guangya, ha sido franco: La resolución pretendía autorizar una operación híbrida más que ejercer presión o imponer sanciones O sea, que la resolución quiere hacer creer que la ONU hace algo en Darfur para que no se note cómo Pekín protege al régimen de Jartum. Los muertos no importan. ¿R Unos niños se manifiestan por las calles de Smara con una pancarta en la que se lee: Unidades Infantiles del Sahara Ocupado ERENA CALVO Ocho policías por saharaui En Smara, como en el resto de ciudades del Sahara Occidental, uno no sabe si saldrá un buen día al mercado y desaparecerá para siempre Más de 200 residentes de la ciudad permanecen en paradero desconocido desde la ocupación marroquí POR ERENA CALVO ENVIADA ESPECIAL SMARA. Nos acercamos a Smara, la Ciudad Santa del Sahara Occidental. Levantada piedra a piedra por los saharauis, Ma el Ainin la quiso convertir hace más de dos siglos en el centro cultural, político y económico de Saguia el Hamra. Smara se alza como un espejismo en medio del desierto. Alejada del mar y sin riquezas naturales, las inversiones no llegan a esta ciudad en ruinas devastada primero por los franceses y profanada más tarde por los marroquíes. De sus 45.000 habitantes, una tercera parte- -15.000 saharauis- -lucha sin tregua por la independencia. Para encontrarnos con ellos hemos tenido que superar cuatro controles. Miles de agentes de los cuerpos de seguridad marroquí cercan la ciudad. Tocan a ocho policías por saharaui. Ghlana tuvo que lidiar con diez. Tiene 16 años y la noche anterior a nuestra llegada fue detenida y torturada. Con su frágil voz nos cuenta que la llevaron al desierto y que tras despojarle de sus ropas, tocaron su cuerpo. Sólo había escrito en un correo electrónico la palabra Intifada (en árabe, levantamiento) En la Ciudad Santa, testigo de la fundación del Frente Polisario en 1973, la represión es brutal De los 550 saharauis desaparecidos desde la ocupación marroquí 220 son de Smara. Nos lo cuenta el activista Otmani ElLud Emman, con quien hemos podido reunirnos. Su casa, destrozada hace un año tras una redada ha podido ser reconstruida gracias a la solidaridad de sus vecinos. Bastan unas horas para darse cuenta de que estamos en una base muy importante dela oposición a los marroquíes y sus planes anexionistas. Las detenciones son diarias. Durante nuestra visita, en 24 horas, fueron apresados seis saharauis por reclamar la independencia que, dicen, se les negó hace tres décadas. Las olas negras de represión son constantes Zahbid Mahkluf, de 21 años, da fe de ello. Es uno de los chicos detenidos y apaleados durante nuestra estancia. Le apresaron mientras paseaba. Poco después, dos niños fueron detenidos, relata su madre. Llevaban ropas del Polisario y entonaban sus cánticos. En Smara los más pequeños inundan las calles y pasan horas manifestándose. Son las nuevas generaciones, que nunca han conocido la libertad. No tienen miedo. Sus profesores les piden que dibujen la bandera de Marruecos, pero se niegan y esbozan la de la República Árabe Saharaui Democrática explica el activista. Todo, incluso las palizas, menos doblegarse ante la censura marroquí La represión cultural es total, relatan; los marroquíes quieren borrar las raíces del pueblo saharaui. No podemos aprender español, ni nuestra historia, nos imponen sus costumbres y no soportan que reaccionemos contra sus imposiciones Como si quisieran eliminar de un plumazo toda memoria recurren a sustancias químicas para anular nuestra conciencia Nos lo cuenta una joven que ha sufrido en sus carnes esta práctica impropia de un Estado que se autoproclama democrático Aquí es raro el que no ha dado con sus huesos en la cárcel, cuenta Feku Selma, presidente del Comité Saharaui de Defensa de los Derechos Humanos en Smara. Es cierto. Nos acabamos de reunir con familiares de los presos que están en la Cárcel Negra de Al Aaiún. Padres, madres, hermanas y esposas se quejan de la situación de los internos. Muchas veces no les permiten comer si no pagamos explica una mujer mientras se lamenta de que no tiene dinero ni para alimentar a sus pequeños. Sale a flote gracias a sus vecinos, los mismos que ayudaron a reconstruir la casa de El- Lud. La solidaridad es su garantía de supervivencia. Pero a veces no es suficiente. Vacunas para el olvido En esta localidad es raro el que no ha dado con sus huesos en cárcel; las detenciones son diarias