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ABC DOMINGO 5 s 8 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA METAFÍSICA DEL GOBIERNO L Gobierno de España existe. Quizá existan también numerosos motivos para dudarlo, más allá del repentino azacaneo de un presidente obligado a dar la cara, por ausencia de la Bombero Mayor Fernández de la Vega, en los incendios reales y metafóricos de este implacable estío preelectoral. Quizá no exista como proyecto político, ni como estructura cohesionada de acción administrativa, ni como equipo homogéneo y competente al servicio de una idea o de un programa, pero aparece al menos como entidad titular deun potenteaparato de propaganda oficial. IGNACIO Lo repiten desde hace unas CAMACHO semanas numerosos anuncios televisivos en los que, so pretexto derecomendaciones varias de utilidad dispersa para la vida cotidiana, se subraya el presunto desvelo gubernamental por elmantenimientodelbienestar público. Cadaspot, claramente pretextual, mera excusa para emitir el mensaje de la propia existencia del sujeto que los ordena, se cierra con una firma institucional en la que tintinea con timbre solemne el determinativo: Gobierno de España El intenso subrayado de los mensajes delata el hallazgo tardío, forzado, circunstancial, de una idea de nación que Zapatero consideraba no hace demasiado tiempo discutida y discutible Ahora se trata, milagros de la coyuntura electoral o de la metafísica política, de una certeza inapelable, de una convicción contrastada, de una evidencia palmaria. Después de tres años de énfasis deconstructivo, de un trienio al pairo del desmontaje constitucional, de más de media legislatura consagrada al ablandamiento del hecho nacional y la proclamación del fenómeno de la nación de naciones después de una aventura equinoccial y temeraria por el territorio incierto de los soberanismos particularistas; después de la cesión de competencias esenciales que vuelven residual la presencia del Estado en ciertas taifas ya manifiestamente autónomas; después de la aplaudida apoteosis de la simetría y el confederalismo; después de la anestesia practicada sobre la ética del patriotismo y de la trivialización desu simbología; después de todo eso, resulta que el Gobierno de España es un hecho cierto, una realidad contundente capaz de pregonarse a sí misma como un ser frente a la nada. El Gobierno no es una ficción, ni una convención, ni una quimera. Bienvenido, pues, pero a buenas horas. Quizá llegue este reencontrado ente a tiempodereconducirlas tendencias regresivas y las perspectivas inquietantes para la cohesión social que la revista de análisis de Alfonso Guerra ha detectado en la debilitada estructura de este país recién redescubierto por el zapaterismo a fuerza de fracasos y de desengaños. Acaso esta paulina reconversión signifique algo más que un apresurado maquillaje retórico ante el horizonte de las urnas. Porque en ese improbable caso, el prodigio alcanzaría una doblerelevancia ontológica: en su apremiante necesidad de identidad electoral, el Gobierno no sólo se habría hallado a sí mismo detrás de su enredosa cortina de delirios aventureristas, sino que pudiera ser que se hubiese convencido, al fin, de que también existe algo llamado España. E EL RECUADRO EL MARAVILLOSO PP DE GABY E querido dejar pasar unos días bien despachaditos para poder confirmar fehacientemente si era venturosa realidad o efecto sensiblero del dolor ante la muerte. Y he comprobado que era tristemente lo segundo. Hablo del PP del pobre de Gabriel Cisneros (q. S. G. g. Se había muerto uno de los padres de la Constitución. A la Constitución le pasa lo contrario que a la derrota electoral. La Constitución tiene muchos padres, mientras los fracasos en las urnas son incluseros. Era el primer redactor de la Constitución que se moría y ahí observé la primera contradicción, supongo que mortis causa y corpore insepulto, por decirlo con dos latines. Al difunto padre de la Constitución se le guardaba mucho más respeto que a la Constitución misma. Al primer muerto de entre los ilustres plumillas constituyentes se le rendía homenaje en una capilla ardiente instalada en el Congreso de los Diputados. A la misma hora, la Constitución propiamente dicha tenía que ser honrada, ¿qué digo yo? por una sentencia que recordaba al Gobierno autonómico de Vasconia la obligatoriedad del izado de la bandera nacional en todos los edifiANTONIO cios oficiales, como manda la Carta BURGOS Magna. Al pobre de Gaby Cisneros lo lloraban más los que fueron sus adversarios políticos que sus propios correligionarios en las filas del PP. Es cierto lo del clásico: la muerte nos iguala. Oyendo elogiar la figura de Gaby a los habituales pepiños y demás insultadores profesionales del PSOE contra la derecha, pensé que habíamos vuelto para siempre a los añorados tiempos de concordia y consenso de la transición. ¡Qué respeto el de los socialistas hablando de un señor del PP, qué tributo de la izquierda hacia las ideas de la derecha, qué homenaje de los progresistas a un conservador! No hay nada como morirse para que se alcance esta perfección. Si el infierno son los demás, la gloria son los demás hablando de quien se fue al otro barrio. Porque en esta España donde los socialistas llaman facha, reac- H cionario y carca a todo el que no sea de los suyos, a un señor que vistió la camisa azul del Frente de Juventudes en su momento y que luego ocupó escaño en las Cortes Españolas del Caudillo nadie lo llamó franquista, como llaman, ¿qué digo yo? a todo chaval de 18 años que no conoció la dictadura pero que se atreve a militar, qué pedazo de fascista, en las Nuevas Generaciones del PP, por ejemplo. Nada, en la clásica necrofilia española de los ritos obituarios, si Cisneros estuvo en todo aquello fue precisamente para que pudiéramos conseguir esto. ¿Suárez dice usted? ¡Qué Suárez ni Suárez! El que verdaderamente hizo la transición fue Gabriel Cisneros. Quien posteriormente militó en un Partido Popular que debió de ser una maravilla. Si el PP de cada día fuese el que presentaron los socialistas cuando doblaban las campanas por Cisneros, esto sería una delicia, tan civilizado como un país nórdico. ¿Pues no que hablaban de Gabriel Cisneros y ninguno de sus oponentes políticos dijo que militaba en el partido que nos metió en la guerra de Irak? ¿Pues no que hablaban de Gabriel Cisneros y nadie dijo que era del partido de la foto de las Azores? ¿Pues no que hablaban de Gabriel Cisneros y nadie dijo que era del partido de los amiguitos de Bush, el demonio con cuernos de la Casa Blanca al que apoya el PP a muerte? Con decir que hablaban del partido de Gabriel Cisneros como si el PP nunca hubiera sido culpable del hundimiento del Prestige y del Titanic y de la muerte de Manolete en Linares, creo que está dicho todo. Qué respeto, qué guante blanco, qué lealtad en el trato al adversario, qué forma de exaltar el PSOE las ideas que siempre defendieron la UCD y el PP, que no son otras que las de la Constitución que, verbigracia, ellos mismos convierten en papel mojado para apuntarse el tanto del cuento del Proceso de Paz. ¿Estábamos en España o en Suecia? En España, pero ante los raciales gorigoris. Oído un serio golpe de ataúd en tierra, echada la última paletada sobre el féretro de Cisneros, el PP vuelve a ser lo de siempre: ¡qué pedazos de fachas y franquistas, que no aceptan la modernidad, el progreso, la paz y el por aquí te quiero ver!