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4 OPINIÓN DOMINGO 5 s 8 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro TRANSPORTE AÉREO: COMPETIR O MORIR E UME, FALLIDA PRUEBA DE FUEGO L Ejército que le gusta a Rodríguez Zapatero no acaba de cuajar. El incendio que asoló estos últimos días las Islas Canarias ha supuesto el bautismo de fuego -en sentido literal- -de la Unidad Militar de Emergencias (UME) creada hace menos de dos años a imagen y semejanza de la doctrina presidencial sobre las Fuerzas Armadas. Se trata, en definitiva, de un ejército cooperativo y solidario, ajeno a cualquier misión de tipo bélica, cuyas funciones en materia de protección civil y ayuda en situaciones de crisis se solapan con las de otros cuerpos e instituciones. Por supuesto que los militares prestan un servicio a la sociedad cuando las circunstancias lo requieren. Pueden recordarse al respecto múltiples ejemplos en accidentes, inundaciones y otras catástrofes naturales, incluso en casos recientes como el apagón eléctrico de Barcelona. Sin embargo, la función de las Fuerzas Armadas viene claramente definida en el artículo 8 de la Constitución y no es razonable la creación de unidades permanentes para desarrollar funciones intermitentes y ocasionales puesto que ello supone infrautilizar recursos humanos y materiales, que siempre resultan escasos. Hay otros problemas. Falta por definir con claridad quién toma la iniciativa para que la UME entre en acción. Comunidades autónomas, Interior y Defensa deben actuar con máxima coordinación en un tiempo a veces demasiado breve. De hecho, la impresión general es que en Canarias la llamada de auxilio llegó tarde y mal El País Vasco, Cataluña y otras comunidades muestran su malestar ante una posible vulneración de sus competencias sobre Protección Civil. Tampoco es fácil coordinar la actividad de las unidades civiles y militares, cuyos mandos y organización es- E tán sujetos a procedimientos muy diferentes. El problema de la dirección sobre unos y otros plantea cuestiones de difícil respuesta: no es lógico que el Ejército, institución de carácter nacional por naturaleza, esté sometido a las órdenes de autoridades de ámbito territorial, regional o incluso local. Las Fuerzas Armadas prestan servicios, tanto en el territorio nacional como en el extranjero, que son altamente valorados por la inmensa mayoría de los españoles. La dedicación y el esfuerzo de los integrantes de la UME están fuera de discusión, pero es un hecho objetivo que- -salvo excepciones- -carecen de experiencia para afrontar este tipo de catástrofes. El efecto llamada de los altos complementos salariales parece haber agotado ya sus efectos. Hoy informa ABC de que la UME podría sufrir una notable merma de efectivos como consecuencia de la decepción que sufren muchos de sus integrantes. La vocación militar tiene características propias y no es equiparable a un servicio de auxilio civil o a una labor complementaria respecto de otras unidades. Las Fuerzas Armadas tienen perfiles específicos que no pueden ser alterados por la voluntad del gobernante de turno. El pacifismo peculiar que practica el presidente del Gobierno no justifica que se oriente al Ejército hacia actividades más propias de otros profesionales, como es la lucha contra los incendios forestales. La experiencia de Canarias demuestra que es preciso rectificar antes de que sea tarde con el objetivo de reconducir la organización, funcionamiento y competencias de la UME. De lo contrario, el malestar que ya se detecta en muchos ambientes podría crecer hasta convertir en inoperante esta ocurrencia presidencial. DE JUANA PIERDE EL ÚLTIMO FAVOR L terrorista De Juana Chaos ya conoce la última de las consecuencias deque ETArevocara elalto el fuego el pasado 6 de junio. El viernes, Instituciones Penitenciarias dejó sin efecto el tratamiento penitenciario especial que concedió a De Juana en marzo y gracias al cual este etarra salió de una cárcel madrileña para ser ingresado en un hospital de San Sebastián. De hecho esta decisión no provoca ninguna alteración de su situación actual, porque De Juana lleva varias semanas encarcelado. Técnicamente supone devolverlo al segundo grado penitenciario, que implica el cumplimiento de la condena en régimen cerrado. De Juana ya está recuperado de sus dolencias y no necesita ninguna medida especial. Feliz noticia, aunque toda la polémica ha sido fruto del chantaje que provocó la huelga de hambre de este terrorista. Aquella decisión de excarcelar a De Juana fue una arbitrariedad política y una manipulación legal. A este etarra se le aplicó un artículo del Reglamento Penitenciario que la propia Dirección General de Instituciones Penitenciarias reserva para tratamientos de especial penosidad que únicamente reciben los presos que de verdad padecen una enfermedad que requiere atención hospitalaria. El Gobierno nunca concedió a De Juana una prisión atenuada aunque esta expresión se haya consolidado, porque esa figura sólo se utiliza para presos preventivos a los que se permite permanecer en su domicilio por razones de salud, y De Juana ya estaba cumpliendo sentencia firme por delito de amenazas- -y no estaba enfermo- -cuando fue enviado a San Sebastián, donde pudo vérsele dando apacibles paseos. Tanto la vuelta de De Juana a la cárcel, en junio, como la retirada del privilegio penitenciario, decidida ahora, son las únicas medidas ajustadas plenamente a la ley que ha adoptado el E Gobierno en relación con este terrorista, y no por ello están exentas de un claro oportunismo. Aunque De Juana fuera un incordio para la cúpula de ETA, los terroristas utilizaron su huelga de hambre como una oportunidad para ganarle un pulso al Gobierno y, por esto, en la entrevista publicada en el diario Gara vendieron su excarcelación como una victoria frente al Estado. El Gobierno sacó a De Juana de prisión cuando le convino para mantener el proceso de negociación con ETA y lo encarceló nuevamente cuando le convino para apaciguar a la opinión pública tras la ruptura del alto el fuego. No es así como se debe funcionar en un Estado de Derecho, en el que rige el principio de legalidad y la prohibición de la arbitrariedad. Las declaraciones de algunos responsables del Gobierno y la Fiscalía sobre la adecuación de la ley a la realidad del tiempo en que se aplica pesan ahora como losas, porque dieron carta de naturaleza al retorcimiento de las normas para conseguir un resultado o su contrario, según las necesidades políticas. Lo peor de todo ha sido la infiltración de esta teoría utilitarista de la ley en las decisiones de los tribunales sobre delitos terroristas, como sucedió con la absolución escandalosa de Arnaldo Otegi, forzada por un cambio de criterio de la Fiscalía carente de base jurídica, como puso de manifiesto la sentencia en la que se decía que debió ser acusado por un delito de enaltecimiento del terrorismo. Bien está que De Juana siga en prisión, porque nunca debió salir de ella. Pero ahí queda el precedente de la cesión- -completamente inútil para el objetivo del fin del terrorismo- -al chantaje de un asesino. Para ETA, en cambio, la lección es provechosa, porque sabe que el chantaje ha funcionado con este Gobierno, al menos en una ocasión. L transporte aéreo es un negocio complejo, sometido a múltiples circunstancias que no dependen de la capacidad o el talento de sus gestores. El precio de los carburantes, la eficacia y calidad de servicio de los aeropuertos, o el ánimo de los controladores aéreos, que suelen ser exigentes funcionarios públicos, afectan poderosamente al negocio, como también los requerimientos de seguridad, multiplicados por las amenazas de los terroristas, que han centrado una parte de sus objetivos en la aviación comercial. Todos son factores críticos que inciden en este sector y ponen en vilo a sus gestores y accionistas. Además, desde hace años, lo que era un negocio en el que incidían compañías nacionales, estatales en su mayor parte, con espacios reservados y mercados protegidos, se ha convertido en un negocio cada día más abierto, con mayor competencia; un negocio pujante, creciente y cada vez más segmentado, pero no exento de dificultades. Primero fueron las compañías chárter dirigidas hacia el negocio turístico, con precios muy ajustados por cuanto el pasaje estaba vendido antes de iniciarse las operaciones. Y luego aparecieron unas nuevas compañías con vuelos regulares con costes mucho más ajustados que las tradicionales, compañías denominadas de bajo coste aunque más propiamente habría que denominarlas de bajos precios. Estas nuevas compañías han captado una buena parte del negocio tradicional, que han ampliado extraordinariamente con nuevos segmentos de clientela, para los que es prioritario la regularidad, pero también, y sobre todo, el precio. Algunas de esas compañías, como Vueling, cotizan en Bolsa y ya saben lo que es sufrir en sus carnes los rigores de un mercado complejo en el que, además, buena parte de las líneas aéreas tradicionales han sabido reaccionar a tiempo y defenderse reorientando con rapidez su negocio, incluso mediante la creación de compañías filiales de las mismas características. Lo evidente en estos momentos es que en un mercado cada vez más competido y adverso por la naturaleza de los costes (carburantes, seguridad... el transporte aéreo ha crecido de forma espectacular y las ofertas para los clientes viajeros son cada vez más atractivas, aunque no estén exentas de incertidumbres. El desmontaje de obstáculos y barreras a la competencia en este sector, como en otros, ha creado más oportunidades, aunque se han quedado en el camino empresas que no acertaron a enfrentarse a las nuevas realidades y otras que atraviesan por dificultades. El juego de la competencia ha animado nuevas iniciativas y ampliado el perímetro del negocio y la técnica de gestión del mismo. Las compañías de bajo coste, por ejemplo, adaptan los precios para no cobrar lo mismo a un cliente con maletas a facturar que sin ellas, mientras las tradicionales tratan de mejorar la calidad del servicio. Estrategias distintas de una guerra comercial en la que sólo sobreviven los mejor preparados.