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ABC SÁBADO 4- -8- -2007 TIRIOS Y TROYANOS 40 BAJOS FONDOS 77 ALTOS VUELOS ¡A PARLA! Y por sacar el vientre de malas épocas, y continuar con la boca en las verdades, sólo cabe celebrar que la capital tenga ya su zona costera siera un pastelero vienés para su escaparate. También los había que se remojaban en el Retiro, estanque señorial de canoas y turistas y donde, por el día, los chinos dan masajes y a la noche pescan sus platos. Pero bien mirado, por mucho turista y mucho remo que pongan, nunca será lo mismo tragar agua salada y pipear la vegetación de una rumana mientras se fondea a barba de gato, que ponerse en paños menores y hala, a sortear remos, cuentos chinos y bolsas de papas fritas. Por todo lo dicho, a partir de ahora, cuando toque elegir entre playa o montaña, no habrá que calentarse mucho el caletre para dar respuesta ¡A Parla! Y EL CEMENTO PUSO PAZ La pregunta: ¿Playa o montaña, cariño? situaba a los hogares al borde de un despeñadero de discusiones y desavenencias nencias conyugales menudeaban al acercarse la época de vacaciones. La pregunta: ¿Playa o montaña, cariño? situaba los hogares al borde de un despeñadero de discusiones y desavenencias. La elección provocaba una guerra sorda, que podía durar días o semanas, durante las cuales valía toda maniobra sucia: desde chinchar al otro con el recuerdo desastroso de las últimas vacaciones alpinas, hasta invocar las bondades del clima marino para los niños o sus perjuicios para la artrosis del abuelo. Para erradicar esa discordia cíclica que amenazaba con destruir las familias y desestabilizar el país, constructores y promotores idearon un plan de pacificación. Consistía en ofrecer a las partes beligerantes una casa que produjera efectos benéficos en cascada: el gasto de las vacaciones se convertiría en una inversión, y el destino quedaría establecido de por vida, lo que acabaría con las discusiones conyugales. En el tratado de cese de hostilidades, se sustituyó armas de destrucción masiva por segunda vivienda y campo de batalla por primera línea de playa A continuación se pusieron manos a la obra. Y en la obra siguen. La operación ha tenido un éxito apabullante. La concordia conyugal resiste como el hormigón armado, firmemente cimentada. En previsión de nuevas necesidades, persisten zahoríes en busca de un palmo de suelo donde levantar la próxima ciudad de vacaciones, ¡qué guay! Los bosques de eneldos han sido sustituidos por parques temáticos, centros comerciales, campos de golf, aparcamientos. Los atunes y las tortugas están muertos o han huido a las profundidades abisales en busca de silencio. Nos hemos quedado solos en compañía de las medusas, un animal que convive bien con la especie humana porque limpia el agua que nosotros ensuciamos. Y la familia bien, gracias. Sobrelleva las obligaciones que adquirió con el apartamento. El macho cumple su función territorial levantándose con el sol para bajar a hincar la sombrilla en la arena antes de la invasión de las hordas. Unas horas después completa la colonización con hamacas, toallas, esterillas, flotadores, y, por supuesto, la nevera. La hembra también madruga, porque se deja empanados los filetes. Después se encarga de embadurnar a la manada de crema solar para que acto seguido los cachorros se zambullan y dejen en el agua su cerco grasiento. Por la tarde, y pese a haberse duchado en la playa, en la piscina y en el apartamento, aún queda el último reto del día: abrirse camino por el paseo marítimo fingiendo placidez, como si no picaran los granos de arena persistentemente adheridos al colodrillo. Vestidos de domingo, con los mofletes sonrosados por el sol de todos los veranos, y tomándose un helado, desfilan a paso lento entre la multitud, como corresponde a una familia feliz. Hace años que no discuten a causa de las vacaciones. Descansan en paz. Montero Glez Escritor Irene Lozano Escritora or no venir el son con la castañeta, Madrid vino sin playa. Y de igual manera que no puede haber olla sin tocino, siendo Madrid la olla, era necesario el tocino. Y por estas han cogido y han montado playa en Parla, toda una suerte de litoral donde no faltan ni sus sombrillas, ni sus puestas de sol a la caída de la tarde. Llegada la hora, el cielo de Madrid se convierte en un telón moruno parecido a los que por fondo usaban los fotógrafos de antes. Y por sacar el vientre de malas épocas, y continuar con la boca en las verdades, sólo cabe celebrar que la capital tenga ya su zona costera. Y aunque la Pedriza o el Jarama queden cerca, más cerca queda esta charca de agua salada con su telón en remojo. Haciendo un poco de historia, toca decir que Parla es municipio de fama por tener unos encierros donde los mozos apedrean a los toros. Y que empezó siendo un pueblo de cuatro casas, tres vacas y un rebaño de ovejas al que se sumarían un par de tahonas, cuatro tabernas y un cuartel de la Guardia Civil. Con la cosa del desarrollismo, el municipio acogió a un buen número de desplazados de otras regiones españolas, convirtiendo el cigarral en ciudad dormitorio. En nuestros días, con la cosa de la globalización, hasta Parla llegaron los desplazados de todo el mundo, convirtiendo el municipio en mezcla de mil leches y que ahora llaman mestizaje como si aquí no fuésemos todos de la misma carda. Y por estos y otros asuntos que no vienen a cuento, la playa de Madrid se abrió el pasado año con mucho bombo y con toda la trompetería afinada. Hasta entonces, si en los veranos madrileños apetecía baño de agua salada, se podían hacer dos cosas. La una era arrancar para Levante y, pasando los vaciaderos, un poco más allá y según van indicando las señales, llegar hasta las playas donde todos los bañistas se saludan por ser en Madrid vecinos. Y la otra que se podía hacer era llenar la bañera de agua del Ayun, que es agua corriente dicho por lo cheli, y vaciar una bolsa de sal gorda, sin miramientos y de la misma que se utiliza para las ensaladas. Con todo y con eso, también los había que no se conformaban. Y como ocurre que quien no se arriesga no pasa la mar, y como pasa que el Manzanares es un asco de río, los más osados aprovechaban la poca guardia de los veranos para zambullirse en las fuentes públicas de las que goza la capital. Son tantas y tan historiadas las fuentes de las que presume Madrid, son tantas y tan historiadas que ya las qui- P ay que agradecer a los constructores españoles la metódica destrucción de la costa que han llevado a cabo de manera desinteresada, movidos exclusivamente por su deseo de que reinara la paz en las familias. Hace tres décadas se dieron cuenta de que las desave- H Ambiente veraniego en la playa de las Arenas en Valencia MIKEL PONCE