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ABC SÁBADO 4- -8- -2007 40 BIBLIOTECA DE ORO 71 Una manita de veneno El Puente de los Descalzos, situado junto a la estación ferroviaria de Santa Lucía ABC Consiga mañana, con ABC, la séptima entrega de la colección Biblioteca de Oro, Los Cinco Cerditos Five Little Pigs 1942) de Agatha Christie, por sólo un euro y el cupón del día LUIS CONDE- SALAZAR La Reina del Crimen Agatha Christie (1890- 1976) supo sacar del veneno el principio activo más poderoso de su extensísima producción literaria. Los servicios prestados como enfermera en un dispensario de drogas en la I Guerra Mundial le sirvieron para familiarizarse con la farmacopea y las dosis que marcan la frontera entre el remedio y el remedio final. Las pócimas mortales están tan unidas a Christie como Hércules Poirot, la sagaz criatura por ella diseñada, a su finísimo bigote en forma de ocho. La conjunción entre el detective belga más famoso de la historia de Inglaterra y las contraindicaciones más letales en el uso de la cicuta dieron como resultado uno de los ejemplos más brillantes de novela de misterio: Cinco cerditos Five little pigs 1942) El título de la obra hace referencia a los cinco dedos de la mano protagonistas de la cantinela infantil de este puso un huevo, este lo frió, este le echó la sal... pero en versión inglesa, empezando como siempre por el meñique y terminando por el opuesto; es decir: Este cerdito se fue al mercado, este se quedó en casa, este cerdito comió rosbif, este no comió nada y este último lloró: uy, uy, uy, que no encuentro el camino para volver a casa... No es la primera vez que la escritora británica se basaba en cancioncillas populares para darle nombre a sus novelas. La casa torcida o Diez negritos así lo corroboran. En esta ocasión, Poirot es requerido por la joven Carla Lamerchant (cuyo verdadero nombre es Caroline Crale) para que indague en el asesinato de su padre, el conocido pintor Amyas Crale, ocurrido diecisiete años atrás y por el que la madre de la muchacha fue encontrada culpable y condenada, muriendo en la cárcel un Una imagen virtual del puente de Calatrava na de plutócratas nuevos y pomposos, decidió que había que demostrar esa riqueza bajo la fascinación del adorno. Se decidió la construcción del Rialto y arquitectos como Andrea Palladio y Vincenzo Scamozzi presentaron sus proyectos, aunque finalmente la cosa recayó en Antonio da Ponte, un arquitecto menos famoso y dotado y que, sin embargo, lo del apellido parece un destino, su único destino, dio a la ciudad su perspectiva más emblemática, su adorno más bello sobre el agua, hasta el día de hoy y los que vendrán después. El puente es bello, soberbio, intenso, pese a que el ojo bobalicón del lugar común lo ha desgastado durante siglos. Cuarenta y ocho metros de largo y veintidós de ancho, con dos filas de tiendas a sus lados y una alzada que se distinguió desde el primer momento, aquello fue decisivo, sobre el soberbio, dicen que majestuoso, proyecto de Palladio. Pero esta vez la polémica no fue tal, sino sólo maledicencia, pues todo el mundo quedó enmudecido ante la obra. Así, desde 1588, que aquello se empezó, Venecia no tuvo otra necesidad de puente, sí práctica, desde luego, pero no como referencia simbólica, pues la fascinación les duró siglos: no hay más que asomarse al cuadro de Carpaccio que celebra el evento para darse cuenta de ello. Pero si Rialto es el puente, no hay otro porque el de los Suspiros, bellísimo, no pasa de ser eso, un paso de condenados, lo cierto es que tiene otros, otros dos, que cumplen su papel a la perfección y que la fama del antiguo, del soberbio, ha preterido porque, además, ha jugado con la ventaja de que los otros los tendió un gobierno invasor. No sé la necesidad que tendría Vene- ABC El Puente de los Suspiros, uno de los más populares de Venecia cia en la época en que los austríacos andaban por allí, lo cierto es que contaba con más habitantes que hoy día, pero lo que sí es verdad es que estos dos puentes, el de la Academia y el de los Descalzos, próximo a la estación ferroviaria, es lo que ha unido en cierta forma Venecia al continente, a este conjunto de islas que parecían no querer saber nada de tierra firme. El de la Academia es el primero entrando por el Gran Canal desde la laguna. Está en la zona de la Galería y data de 1860, como el de los Descalzos. ABC En apariencia es más bello que este último pero tengo para mí que el problema de este puente reside justo en el que se encuentra uno cuando sigue el Gran Canal, el de Rialto. No ha logrado quitarse la sombra del magnífico y en cierta manera lo disminuye, aunque también es cierto que como escenografía, en una ciudad que es un escaparate, no lo desmerece. Por ahí es probable que encontremos la explicación de la construcción del puente de Calatrava. La fascinación del atrezzo. Nada menos. año después de su ingreso. Carla fue enviada entonces a Canadá con unos familiares. Su pasado fue borrado y su nombre cambiado. Pero una carta de la madre hace que todo dé un giro. El olfativo detective, que rápidamente detecta lagunas en la justicia y agujeros en los testimonios, se pondrá a olisquear en el pasado y a diseccionar las personalidades de los cinco cerditos a los que apuntan sus sospechas: el corredor de bolsa Philip Blake, su hermano el herborista aficionado Meredith Blake, la amante del fiambre Elsa Greer, la hermanastra de Caroline, Angela Warren y la institutriz familiar, Cecilia Williams. Como siempre, las células grises del orondo investigador comenzarán sus labores pesquisidoras empezando por descubrir el móvil del asesinato haciendo un estudio de la persona asesinada. No empleo los músculos. Y no necesito inclinarme y medir las huellas de pisadas, ni recoger colillas, ni examinar las hojas de hierba aplastadas. Me basta con acomodarme en mi asiento y pensar Acomódense y lean. Colección Biblioteca de oro. N 7 LOS CINCO CERDITOS Título original: The Five Pigs. Agatha Christie. 1942