Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
70 40 CULTURA Y ESPECTÁCULOS SÁBADO 4- -8- -2007 ABC Una gondolera dirige su barco en el Gran Canal cerca del Puente Rialto ABC Venecia JUAN ÁNGEL JURISTO e mire como se mire Santiago Calatrava es un arquitecto con suerte. Baste pensar en nombres como Le Corbusier o Frank Lloyd Wright, que vieron frustradas sus esperanzas de construir en la ciudad del agua, aunque otros, Aldo Rossi, Álvaro Siza, Botta, Scarpa, lo han conseguido con obras de mayor o menor fortuna. Pero lo de Calatrava es otra cosa, es algo tan importante que se ha necesitado nada menos que un ejército ocupante, el de los austríacos, para que al puente de Rialto, único que tuvo el honor de unir las dos orillas del Gran Canal durante siglos, se les agregaran los de la Academia y el de los Descalzos, cerca de la estación ferroviaria, y, un siglo después, un De una y otra orilla S El Puente de la Academia, construido en hierro y madera tiempo de arrogancia e interés desmesurado, para que, ahora, ya en el siglo XXI, se haya pensado en dotar a la ciudad de un cuarto puente que una el nudo de comunicaciones del continente con la coqueta y vieja da- ABC ma en forma de isla recogida, caracol de indescriptible y enfermiza belleza cruzado por un canal que, en realidad, es una calle mayor de pueblo rico. Pero ahora los turistas mandan, son la nueva plaga que no pudieron imaginar los escribas de la Biblia y Venecia, que está despoblada, desvirgada de su dignidad, que aún le quedaba cuando Marinetti deseaba bombardearla para destruir la fascinación que sentía por ella, reclaman su paso de cañada y hay que abrir nuevas vías para que el latido del dinero circule con la arteria dilatada. Y eso Calatrava lo sabe, y lo sabe de tal manera que ha imaginado una estructura de cristal y metal que de noche se iluminará sobre la negrura intonsa de la noche veneciana como un hermoso gusano de luz. Fascinante. También sabe que lo primero de Venecia que verán los turistas será ese puente. Como para no olvidar. La cosa, sin embargo, no es nueva. Me refiero a la polémica. A la de los puentes sobre el Gran Canal. Hasta el siglo XIII Venecia era un grupo de islas cuyas calles estaban salvadas de una a otra orilla por puentes de madera que ardían pronto o se caían por una u otra razón. Pero sobre el Gran Canal la perspectiva pintaba peor: había que salvar la orilla en barca. De ahí las continuas bromas que la ciudad, bajo el sonido del murmullo, dedicaba a la Serenísima. Hasta que la República, lle-