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66 40 FOTOBLOG SÁBADO 4- -8- -2007 ABC ASÍ NOS VEN Matthieu Chouanneau Empleado de banca No quiero volver; aquí la vida está en la calle Cigarro en mano y con fuerte acento francés nos habla de su nuevo país LUIS MIGUEL GÓMEZ MADRID. Este francés de Nantes está encantado de vivir en España. Vino hace poco más de un año y no se arrepiente de la decisión tomada. Llegó siguiendo al amor, a su novia, otra francesa residente en nuestro país. No tuvo ningún problema para encontrar trabajo: España es un país de oportunidades Ya había estado anteriormente, de vacaciones, buscando el sol de España y su noche. En la escuela, sus profesores le habían enseñado algo de esos vecinos del sur un poco olvidados, estereotipos, pero ninguno malo. Intentan enseñarte cómo son los españoles, su literatura, el arte, la Movida... Un primero de mayo su novia y él supieron que España era el país en el que querían vivir. Nos gusta el carácter de los españoles. Esa noche estábamos en un bar petao había tanta gente que no se podía entrar ni salir. La puerta estaba taponada. La gente, en lugar de enfadarse, se puso a bromear con nosotros. Ese buen rollo no se encuentra en Francia. En este sentido, las diferencias entre París y Madrid son abismales. Allí el carácter no es nada agradable Mateo- -como quieren que lo llamen- -siente un poco de impotencia con el idioma. No puedo decir todo lo que quisiera. Me falta vocabulario Sin embargo, no se defiende mal: Estudié español en Francia durante muchos años. Pero una cosa es estudiarlo y otra hablarlo ¿Y lo que menos le gusta de España? El aceite de oliva. Mis amigos españoles dicen que es muy bueno, pero yo no lo soporto Regresa a Francia por Navidad o fechas señaladas, pero afirma con contundencia: No quiero volver en veinte años. Aquí la vida está en la calle REUTERS Sean Penn, en su gira por el eje del mal visita a Hugo Chávez El actor esdounidense Sean Penn prosigue sus vacaciones por el llamado eje del mal Después de visitar Irak e Irán, Penn aterrizó el miércoles en Venezuela. El actor fue recibido por el presidente Hugo Chávez, con quien comparte un enemigo común, el presidente de EE. UU. George Bush. Después de un encuentro privado en el palacio de Miraflores, Penn asistió a uno de sus famosos discursos, en el que Chávez aseguró que el actor vino a ver la realidad con sus propios ojos, cansado de que le mientan, a conocer la verdad verdadera Sean Penn completó su viaje con una visita a la Villa del Cine, unos estudios con los que el Gobierno bolivariano de Chávez quiere contrarrestar la infuencia de Hollywood Fernando Castro Flórez El idiota M etido en mi delirio pre- nómada he llegado a pensar que mi propósito es el colmo de la singularidad, esto es, que soy un ser único e irreemplazable que, además, deleita con sus meditaciones de la columna a unos lectores a los que, como solía decir Lola Flores, tanto les debo. He comprendido, camino de Sagunto, donde quiero ver una versión de Macbeth que soy un completo idiota. Perniola ha señalado que el término idiocia debe entenderse en su doble acepción: junto al significado común de estúpido y poseído de sinrazón existe el significado etimológico (del griego antiguo, idiotés) que es el de singular, particular y único. Así, lo real sería idiota, precisamente porque no existe más que por sí mismo y es incapaz de aparecer de otro modo que en el que está. Si bien abomino del literalismo, tan presente en nuestra cultura, desde la casposidad del famoseo a la cretinada tipo Torrente o al realismo que el Dogma propusiera, no consigo otra cosa que caer, patéticamente, en el tono confesional, en la escritura, pornográfica, esto es, detallada de lo que me pasa. Incapacitado, por puro nerviosismo y curiosidad, para la erudición me he pasado al bando de la bufonería sin ser, en cualquier caso, un profesional de ese extraño arte de hacer reír sin perder de vista la sombra de la melancolía. Tengo razones históricas que explican mi personal descarrío, entre otras que, según, parece, el año de mi nacimiento fue el de la muerte del arte, acontecido por obra y gracia de unas cajas de estropajos Brillo en una galería de Nueva York. Del escaparate de Warhol, un don Tancredo hipnotizado por las stars cadavéricas, salieron unas mercancías venenosas. Aquellas sopas Campbell eran, hoy lo sabemos, el colmo de lo indigesto. Luego vendría lo peor: el arte cruel, el radicalismo subvencionado, los cocineros metidos en la pomada del bienalismo. Aunque decida poner todo ese desaguisado a caldo, en el fondo soy un colaboracionista o, no se me oculta, un incapaz que no pue- de llegar ni al nivel de pinche de cocina. Todo se deslizó, desde Gran Hermano, hacia la diversión, hacia ese reality que es, estrictamente, la vida escenificada por idiotas. Conviene recordar las palabras de Macbeth, cuando conoce que la reina se ha suicidado: La vida es sólo una sombra que caminante, un mal actor que, durante un tiempo, se agita y pavonea en escena y luego no se le oye más. Es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia y que no significa nada Cuánta razón tiene Shakespeare al retratar a ese que se convulsionaba a lo bobo ante todas las miradas. La estrategia ha sido clarísima: hay que subir a la carrera, sin miedo a tropezar, quedarse en cueros cuanto antes y luego soportar el ridículo tan vertiginosamente conseguido. Una vez confesada mi redonda idiotez tal vez sea más fácil entender mi huida veraniega a los desiertos.