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ABC SÁBADO 4 s 8 s 2007 ESPAÑA 23 Mira quién viene a cenar El Supremo revoca una sentencia que condenó a un matrimonio a pagar más de 25.000 a una de sus invitadas a una cena s La mujer cayó al suelo tras tropezar con un pequeño juguete con ruedas que estaba en un pasillo poco iluminado POR NIEVES COLLI MADRID. 25.855,54 euros. Es el precio que a punto estuvo de pagar por una cena un matrimonio de Alcira (Valencia) Más de ocho años después, la Justicia ha dado la razón a Juan y a María Teresa y no tendrán que abonar esa cantidad a Rosario, una de las invitadas que una noche recibieron en casa. Tenía que ser una velada amena y tranquila. Juan y María Teresa habían organizado una cena de amigos. Todo estaba listo cuando llegó Rosario y nada hacía presagiar que acabarían en un centro médico. Pero la mujer pisó un juguete y cayó al suelo. Seguramente, ese episodio marcó el principio del fin de una amistad. Lejos de quedar en un percance doméstico sin mayores consecuencias, el accidente llegó a los tribunales pues Rosario reclamó a sus anfitriones y a la compañía de seguros con la que ambos tenían suscrita una póliza multirriesgo del hogar- -Axa Aurora Ibérica- -la nada despreciable cantidad de 8.442.479 de las antiguas pesetas. Es decir, 50.740,32 euros. En la demanda, la invitada accidentada hacía responsable al matrimonio de su caída y de las lesiones que sufrió porque el juguete que pisó estaba en un pasillo iluminado sólo en sus tramos inicial y final, pero no en la parte central. El Juzgado de Primera Instancia de Alcira desestimó la demanda de Rosario con el argumento de que ella se adentró por el pasillo oscuro por su Los argumentos del TS 1) La especial confianza de la demandante con sus anfitriones demandados no permite exigir a éstos la obligación de encender la luz del pasillo y retirar el juguete del suelo. 2) La existencia de los casos fortuitos significa que no toda desgracia determina necesariamente que alguien deba responder de ella porque la vida comporta riesgos por sí misma 3) La existencia de un riesgo no basta para exigir responsabilidades. Debe determinarse una conducta negligente o culposa. Un riesgo asumible propia voluntad, sin encender la luz ni pedírselo a los demandados razón por la cual asumió el riesgo inherente a deambular sin luz siendo presumible, por tratarse de una casa habitada, que sus estancias se hallen ocupadas por muebles u otros objetos Asimismo, el Juzgado indicaba que disponer de juguetes con rue- das en un domicilio no puede calificarse como ejercicio de una actividad de riesgo Rosario recurrió la sentencia y la Audiencia Provincial de Valencia le dio parcialmente la razón al condenar a sus otrora anfitriones a pagarle 4.302.000 pesetas (25.855,54 euros) y a la aseguradora a abonarle el interés del 20 por ciento anual que dicha cantidad habría generado desde el 1 de octubre de 1997. La Audiencia entendió que el matrimonio formado por Juan y María Teresa incurrió en la negligencia que sanciona el artículo 1902 del Código Civil el que por acción u omisión causa daño a otro, interviniendo culpa o negligencia, está obligado a reparar el daño causado porque, como anfitriones de la casa, debieron garantizar la seguridad de sus invitados. Eso implicaba iluminar suficientemente el camino y retirar cualquier objeto peligroso que no pudiera detectarse No contenta con el fallo de la Audiencia, Rosario acudió al Tribunal Supremo con la finalidad de cobrar en su integri- dad la indemnización que había reclamado. Pero el tiro le salió por la culata: el alto Tribunal rechazó sus pretensiones. En su sentencia, la Sala de lo Civil del Supremo corrige a la Audiencia valenciana y recuerda que para exigir responsabilidades en un episodio como éste es necesario que exista culpa o negligencia por parte de los demandados. En este caso, sin embargo, no hay ni culpa ni negligencia sino distracción de la demandada, que tropezó con un obstáculo que se encuentra dentro de la normalidad La vida comporta riesgos El Supremo recuerda que no toda desgracia determina necesariamente que alguien deba responder de ella, porque la vida comporta riesgos por sí misma En este caso, además, el comportamiento de Rosario revela una especial confianza con sus anfitriones recibida por el marido a la entrada de la casa, se encaminó en seguida por su cuenta hacia la cocina para ver a la esposa relata la sentencia) lo que impide que a éstos se les pueda exigir una diligencia tan extrema que les obligara a encender la luz en el tramo intermedio del pasillo y a retirar cualquier juguete por pequeño que fuera