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22 ESPAÑA Tribuna Abierta SÁBADO 4 s 8 s 2007 ABC Fernando González Urbaneja Presidente de la Asociación de la Prensa A VUELTAS CON LA L A Corona (a su pesar) contra El Jueves un caso que puede llegar al Supremo y al Constitucional, incluso al Tribunal Europeo, y sentar jurisprudencia. Un caso nada brillante, un caso equivocado, planteado por la Fiscalía en su papel de defensora de las instituciones y de los derechos de los ciudadanos, resucitando una figura tan poco simpática como el secuestro de una publicación. Dos conclusiones inmediatas parecen ampliamente compartidas en esta primera fase del caso, que no precisa de presentación ya que es sobradamente conocido, pero que promete ser largo y azaroso, una vez que un juez competente le ha dado luz verde procesal. La primera conclusión es que el secuestro supuso una anomalía, una figura inútil y contraproducente que consiguió lo contrario de lo que pretendía, ya que si su objetivo es impedir la difusión para proteger derechos de terceros, para evitar daños que no se puedan reparar luego, acentuó lo que trataba de evitar, incluso con más notoriedad y difusión. Pero el argumento de la eficacia no debería ser determinante para suprimir o arrumbar una figura constitucionalizada en un artículo tan valorado como el 20 (párrafo 5: Sólo podrá acordarse el secuestro de publicaciones, grabaciones y otros medios de información en virtud de resolución judicial El rechazo casi unánime del secuestro de publicaciones conduce a una reforma constitucional para eliminar semejante antigualla inoperante. Pero no parece que estemos como para una reforma constitucional por esta cuestión, así que se quedará como está, en desuso, en otra inconsistencia que conllevar. LIBERTAD DE EXPRESIÓN Y una coda final al oportunismo y al descaro de esos que rechazan, critican y descalifican la dichosa portada, pero se apresuran a reproducirla con el argumento del derecho a saber de los demás. Este periódico no incurrió en semejante incuria. Le alabo el gusto que tienen que ver con los derechos de las personas al honor, a la intimidad, a la propia imagen, con el respeto, con la protección de los más débiles y con las de la injuria y la calumnia. Libertad de información que tiene que ver con un ejercicio profesional, sereno, preocupado, que busca diligentemente la verdad, el interés del público, y con su propia lex artis, con reglas del oficio. La conjugación de esas libertades que se entrecruzan, que a veces chocan, no es previsible, no está tasada y normada, tiene zonas secantes y ámbitos de riesgo y de interpretación. Por tanto supone incertidumbre y riesgo para quienes la gestionan y administran, para los periodistas. n ese marco aterrizan los humoristas de El Jueves con su ingenio y gusto, que son opinables. Y sobre ellos va a recaer la interpretación de normas penales que tropiezan con derechos fundamentales como los que comentamos. Para quienes andan metidos en estas materias, lidiando diaria y profesionalmente con ellas, deseable sería que el ejercicio de la prueba recayera sobre asuntos mayores, sobre los papeles del Pentágono, los abusos del ejecutivo o las trapacerías de algún servidor público nada ejemplar. Pero no llueve ni cuando ni donde se necesita, la tostada cae por el lado de la mantequilla. Así que estos de El Jueves nos van a dar la medida de la libertad. ¡Qué le vamos a hacer! Uno de los riesgos del caso es que la sociedad, los ciudadanos van a concluir que los periodistas disfrutan de inmunidad en el ejercicio de su trabajo, y también de impunidad, lo cual no alienta la simpatía ni el respeto. Más bien advierte que lo recomendable es no tropezar con la prensa, que está protegida y amparada, que son gente que toma represalias contra quienes les importunan o se resisten. El valor de la libertad de información se mide también por la responsabilidad desplegada por quien la ejerce, porque su práctica no es ni gratuita ni ilimitada. Tiene que tener coste; los ciudadanos deben sentirse protegidos, no desear a otros lo que no quieren para sí. Y en esa tarea sólo los jueces tienen la palabra y la medida. Ninguna otra instancia, ningún otro procedimiento. Por eso las sentencias tienen que estar bien fundadas y ser ejemplares, disuasorias, efectivamente compensatorias, no ya del ofendido, sino también del siguiente en la cadena de ofensas. Y una coda final al oportunismo y al descaro de esos que rechazan, critican y descalifican la dichosa portada, pero se apresuran a reproducirla con el argumento del derecho a saber de los demás. Este periódico no incurrió en semejante incuria. Le alabo el gusto. E a segunda cuestión es que la Corona está sometida al pinpan- pun del primero que pasa, que en muchos casos trata de ser bizarro ante los amigos o de llamar la atención, en la confianza de que es impune. El Código Penal ampara a la Corona, pero es un amparo inútil, que además induce crítica por la apariencia de privilegio. Algo así como que el propietario de un peral, cuyos frutos protege la ley, tenga que permanecer callado y mirando a otro lado, a lo D. Tancredo, cuando alguien se lleva las peras, porque la ley que le ampara parece un odioso privilegio de familia. Reforzar la protección de la institución acaba dejándola menos defendida que si solo la ampararan las leyes positivas y de universal aplicación. De manera que la broma u L ocurrencia grosera del dibujante de El Jueves deja al descubierto y neutralizadas tanto la protección especial y penal de la Corona como la figura del secuestro de una publicación. A sus señorías les queda ahora reconocer esa realidad y desactivar leyes inútiles (el secuestro preventivo y la protección especial de las instituciones) que fueron elaboradas en la actual etapa democrática pero que a algunos les huelen a otro espíritu. Eso sí, siempre que no les toque de víctimas. Entonces la posición cambia. La cuestión de fondo en esta historia es la libertad de expresión, sus posibles límites y su naturaleza. Un asunto que nunca está suficientemente debatido, aunque desde hace siglos se discute, especialmente desde la 1 Enmienda de las Constitución norteamericana (1791) que manda que el gobierno no legisle sobre la libertad de prensa; una libertad que requiere de espacio vital para sobrevivir, amplio espacio para que respire. Quizá pocos han expresado mejor ese principio como el juez Brennan del Tribunal Supremo de los Estados Unidos en la histórica sentencia del caso Sullivan contra el New York Times (1964) En ella, recordando a Madison, dice que algún grado de abuso es inseparable del adecuado propio uso de cada cosa; y en ninguna instancia es esto más cierto que en la de la prensa Lí- neas más arriba señala el debate de los asuntos públicos debe ser desinhibido, robusto, ampliamente abierto, incluso con ataques vehementes, cáusticos y algunas veces desagradablemente agudos sobre los funcionarios públicos y el gobierno Para remachar: La Constitución (Enmiendas I y XIV) otorga al ciudadano y a la prensa un privilegio incondicional, absoluto, para criticar la conducta oficial a pesar del daño que pudiera surgir de los excesos y abusos ...el pueblo ha comprobado a través de su historia que estas libertades, incluso con sus excesos y abusos, resultan esenciales para la formación y el correcto funcionamiento de los ciudadanos de una democracia la salvaguarda constitucional fue diseñada para asegurar un intercambio de ideas sin trabas, que produzca los cambios sociales y políticos deseados por el pueblo n la España constitucional, el Supremo y el Constitucional han transitado por una senda semejante y seguido, en líneas generales, la doctrina norteamericana, con la piedra angular del artículo 20 de la Constitución de 1978. Pero las libertades de expresión e información a las que hace referencia ese artículo no son ilimitadas, no son irrestrictas, hay fronteras que están contemplados en la propia Constitución y E