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ABC VIERNES 3- -8- -2007 VISIONES 40 91 BELLEZA A CONTRAPLANO CHIPS DE VERANO José Manuel Nieves EL OPIO DEL PUEBLO (LLANO) Caso: El show de Truman Acusado: Peter Weir. Cómplices: Jim Carrey, Ed Harris, Laura Linney, Noah Emmerich y Natascha McElhone. Estados Unidos, 1998. cortar su huida: Aceptamos la realidad del mundo tal y como nos la presentan dice, con lo que amputa nuestra capacidad (y la de Truman) de hacer preguntas, de poner en duda su existencia, de matarlo. Un Christof tambaleante se aferra a su creación mientras sostiene, no sin razón, que el mundo real sí está enfermo Su voz celestial evoca a la que escucharon Moisés, Abraham y Noé, aunque su discurso es más prosaico. Soy el creador del programa de televisión que llena de esperanza y de ilusión a millones de personas le dice a Truman cuando éste le planta cara. Ahí fuera no hay más verdad que la que hay en el mundo que he creado para ti. Las mismas mentiras, los mismos engaños, pero en tu mundo no tienes nada que temer. Tienes miedo, por eso no puedes marcharte amenaza. El estallido de ira final se desata ante el silencio del protagonista: Di algo, maldita sea, estás en la televisión, en directo ante todo el mundo Peter Weir, que siempre aprovecha el momento (tampoco fue casualidad su apología del carpe diem en El club de los poetas muertos peca de arrogancia. Pinta al hombre como un borrico, niega a Dios y, al mismo tiempo, lo critica. Y lo que es peor, no deja títere con cabeza en una película estupenda, tan hábil como para denostar la forma en que las religiones mantienen a sus fieles atenazados por el miedo, sin que éstas puedan siquiera darse por aludidas. Confiesa tus sibilinas intenciones, Peter. Un anillo con mucho brillo Teresa de la Cierva Marta Barroso ¿Llevar la sortija de compromiso a las fiestas? ¡Que antiguo... En la primera fila de los desfiles de París y en el último cumpleaños de Valentino, las celebrities mostraban orgullosas el Gloos Ring de ModelCo (30 con dos recambios, en www. modelco. com. au) un anillo con brillo de labios en su interior que está siendo el accesorio más cool de la temporada. Se gira el pedrusco que lo decora- -zafiro, amatista o rubí- -y descubre un gloss ultrabrillante y duradero que se desliza y se adhiere suavemente a tus labios creando un look muy, muy sexy. Debajo de cada piedra hay un labial de diferente sabor: el del zafiro tiene gusto a melón, en la amatista podrá probar la nectarina y con el rubí le sabrá la boca a cerezas. Una dulce tentación, una joya en edición limitada, que sólo unas pocas afortunadas podrán conseguir. Y ya que hablamos de fortunas, mantenga activa la suya con el talismán con forma de dado Summer Play de Dior (52,20 que esconde asimismo dos brillos de labios (rosa y cobre) y que podrá llevar colgado del bolso o del cinturón para que la suerte le acompañe Federico Marín Bellón El microondas aún no puede conectarse a internet Hace apenas unos años, los gurús de las nuevas tecnologías hablaban (empezando por el mismísimo Negroponte) de que en el futuro (es decir, hoy) internet estaría tan dentro de nuestras vidas que hasta el último de los aparatejos de nuestro hogar se conectaría sin problemas a la Red. Entre las ensoñaciones más curiosas recuerdo la del microondas, cuya puerta era una pantalla en la que consultar recetas on line o la nevera que detectaba, ella solita, cuándo faltaba leche, huevos o jamón york y hacía el pedido directamente al supermercado (esas existen, pero no conozco a nadie que tenga una) Todos los electrodomésticos, sin excepción, tendrían sistemas de detección de fallos que saltarían como alarmas antes de la avería, avisando al correspondiente servicio técnico. No sé si todo eso llegará a generalizarse. Pero es evidente que aún no está aquí. Internet, con todo su desarrollo y su enorme expansión es todavía, en términos planetarios, algo reservado a pocos. Y los dispositivos conectados, por ahora, apenas han pasado del clásico ordenador a las PDA y a los móviles. Vamos, que falta mucho para que se haga realidad esa visión idílica de finales de los noventa. Y para que el microondas sea capaz de navegar. S i el mejor cine se hace ya en televisión, la mejor telerrealidad llegó a la gran pantalla de la mano de Peter Weir (y del guionista Andrew M. Niccol, cuya carrera conviene seguir) Ambos plantean un programa que sigue la vida de Truman Burbank (Jim Carrey) desde antes incluso de su nacimiento, en una ciudad artificial en la que todos, salvo el protagonista, son actores. Cinco mil cámaras velan por una audiencia planetaria de 1.700 millones de personas. No es Shakespeare, pero es genuino dice Ed Harris, que dirige el polémico espacio con su disfraz de Dios y de pintor de ojillos entornados ante su propia obra. Que se llame Christof no es casual, por supuesto. La duda es otra: ¿es Truman tonto de remate? Sabemos que tiene casi 30 años (más de 10.900 días de emisión) y desde pequeño recibe constantes señales de que algo extraño ocurre. Como todos, pero a lo bestia. Lo paran a diario dos insufribles gemelos ante el mismo anuncio, sus amigos y su mujer promocionan con descaro toda clase de productos. A Carrey incluso le llueven encima, aunque se mueva, mientras escampa ¡a un metro de distancia! El de las muecas no cae del guindo hasta que a su mujer, Jim Carrey, la vida en directo Peter Weir es arrogante; niega a Dios y al mismo tiempo lo critica Laura Linney, se le va la mano en un aparte publicitario. El tenderete se viene abajo y él urde su plan de fuga. Es ahí donde aparece un Ed Harris doblemente divino y la película inicia un descenso vertiginoso hacia su final, en medio de reflexiones teológicas de diverso calado. Pre y omnipotente, Harris justifica sus excesos, como adelantar la salida del sol y organizarle a Carrey la tormenta perfecta para