Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
88 40 CULTURA Y ESPECTÁCULOS VIERNES 3- -8- -2007 ABC Bayreuth OVIDIO GARCÍA PRADA Sigfrido hecho y derecho Varela Ortega recomienda leer a los clásicos tras experiencias traumáticas JOSÉ MARÍA GUTIÉRREZ SANTANDER. José Varela Ortega, vicepresidente de la Fundación Ortega y Gasset, defendió la vigencia de los autores clásicos y recomendó la relectura de sus obras en contextos posteriores a experiencias amargas y traumáticas, citando como ejemplos la Revolución Francesa, la Guerra Civil española o cualquier régimen totalitario. Las relecturas son distintas en función de las experiencias y se extraen de los clásicos otras conclusiones, otras cosas explicó el experto en torno a un concepto que vertebró su intervención en el foro Editar a los clásicos, leer a los clásicos. El eterno retorno que se desarrolla en La Magdalena dentro de los cursos de verano de la UIMP con el patrocinio de la Fundación Vocento. Bajo el título de Editar y leer a los clásicos de la historia Varela Ortega destacó en su conferencia cómo las experiencias vividas hacen interpretar a los clásicos de distinta manera y ejemplificó los cambios que se produjeron en la interpretación de los pensadores españoles clásicos después de la Guerra Civil; o cómo mutó la opinión en torno a los autores latinos y griegos tras la Revolución Francesa. El historiador abogó por extender el título de clásico y otorgárselo también a aquellos que fueron testigos del final de la Monarquía en España y el desarrollo de la Guerra Civil o a los pensadores y políticos que durante el siglo XIX hablaron y teorizaron sobre la Revolución Francesa. A todos ellos se les puede ya considerar perfectamente como clásicos aseveró Varela Ortega, quien añadió que es imposible sustraerse de la influencia de los clásicos. Es imposible hacer filosofía sin hablar de Platón y Aristóteles añadió. Por su parte, la secretaria del Departamento de Historia del Pensamiento y de los Movimientos Sociales y Políticos de la Universidad Complutense de Madrid María Luisa Sánchez- Mejía abogó por editar los textos de los autores clásicos posteriores a la Revolución Francesa con su génesis, composición y significado en el momento. Más información sobre el curso: http: www. uimp. es B uena noticia: al cruzar el ecuador del primer ciclo de estrenos se constata cierto alivio en la deplorada escasez de tenores wagnerianos, especialmente heroicos. Cuatro de ellos, excelentes, cantan actualmente en Bayreuth los papeles de Siegfried, Tannhäuser- -las dos tesituras más difíciles para tenor wagneriano- Stolzing y Mime. Existe igualmente en la parroquia wagneriana un prejuicio, en el sentido de que entre los dos bloques dramáticos, Valkyria y el Ocaso de los dioses esta tercera parte de la tetralogía Sigfrido es un simple cuento fantástico, lastrado de diálogo y parco en acción dramática, con la tácita secuela de un valor operístico inferior. Error sublime. La procesión va por dentro. El año pasado salvó la tetralogía y hasta ahora es dramático- musicalmente lo mejor de este decimotercer montaje de El Anillo en Bayreuth. La árida puesta en escena de T. Dorst no presenta cambios respecto a la pasada edición. Idénticos decorados e, igualmente, salvo ligeros retoques, pareja dirección de actores, algo menos estática e inexpresiva. En una palabra, más natural, pero no más coherente. El que la velada transitara desde el primer momento por la vía triunfal se debió a la música: a los cantantes en escena, a los instrumentistas en el foso y, sobre todo, a la carismática batuta que los acompaña y dirige. El primer acto fue una denodada lid a brazo partido entre dos tenores que no se concedieron respiro. Es el acto de Mime (Gerhard Siegel) Este trompeta frustrado domina totalmente el papel, juega con la voz, que es potente y modula con una gran variedad de matices. Escénicamente, asimismo, un prodigio de agilidad. Fue despedido al final del segundo acto con una estruendosa ovación. A su lado, Stephen Gould (Siegfried) estuvo también grandioso. Su voz voluminosa y ancha, algo estrecha en la zona alta y quizá algo madura para el papel de joven calavera, parece ahora de proyección más brillante y penetrante en los agudos y más pulida técnicamente que el año pasado. Llegó entero al tercer acto, lo cual consiguen muy pocos; ninguno en los últimos quince años en Bayreuth. Lo usual es que la intérprete de Brünnhilde (Linda Watson) que entra fresca en escena, lo eclipse. Aquí, no. Junto a ambos, A. Dohmen (Wotan) no lo tenía fácil: en este acto inicial, con tesitura más alta, cantó esforzado. Mejoró en los siguientes. Su parlando wagneriano en los registros medios es firme, bien timbrado y dramáticamente expresivo. Magnífico el diálogo con Erda (A. Fujimura, en su línea) del tercer acto. Destacables el vigoroso Alberich (A. Shore) y el cavernoso Fafner (H. -P König) La labor de Thielemann en el foso resultó modélica desde el mismo preludio inicial, con matices cromáticos y transiciones agógicas de contener el aliento en todo el espectro dinámico, especialmente, en los pasajes sinfónicos, abundantes en esta ópera. Los metales son potentes sin estridencia y logran plasmar ecos difuminándose mágicamente en el vacío. La cuerda compacta, briosa o aterciopelada, en las irisadas corcheas del murmullo del bosque, teje un primoroso interludio- sinfonieta a telón bajado en la transición a la tercera escena del despertar de Brünnhilde, rematada con un solo unísono de ensueño de los primeros violines. Su batuta atiza más fuego dramático sin menoscabo de su afán de transparencia y precisión. Más información sobre el festival: www. bayreuther- festspiele. de Un momento de la obra, que caló por sus matices en la parroquia wagneriana EPA