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ABC VIERNES 3- -8- -2007 MADRID 47 DE LA TIENDA DE BARRIO A LA GRAN SUPERFICIE Los comerciantes se quejan de la falta de estabilidad de los precios, mientras los clientes consideran que muchos productos superan su poder adquisitivo L. TOSCANO MADRID. Los agricultores protestan, los consumidores también y los fruteros tampoco están de acuerdo con la situación del mercado hortofrutícola actual. El problema es que los precios no son estables, como ocurre con el pollo y otros productos indicaba ayer un frutero de un supermercado de la calle Santa Engracia. Según el dependiente, unos tomates que un día cuestan 1,99 euros el kilo, dos días más tarde se venden a 0,30, por miedo a que se puedan estropear y tengan que tirarlos. Así, en función del tamaño de los comercios y de la calidad de la mercancía, las frutas y hortalizas pueden alcanzar diferencias de precios de hasta tres euros el kilo. En una gran superficie el kilo de melocotones se vendía ayer a 4,89 euros, mientras que en una pequeña frutería de barrio, los más grandes rondaban los 1,99 euros kilo. Como reconocen en las propias tiendas, los que pagan las consecuencias de esta situación son los clientes, que andan desorientados mirando siempre los precios, sin comprar lo que realmente quieren. Lo peor, para los comerciantes, es que no son ellos los que se llevan los beneficios, ya que, según explicaban ayer, sólo aplican un pequeño margen para no perder dinero Aún así, reconocen que muchas veces venden por debajo del precio de costo para evitar que los productos se pudran. En una frutería del Centro Comercial de la Vaguada, Antonia, una ama de casa que suele hacer la compra en la zona, afirmaba ayer que ella sale siempre buscando la oferta ya que su economía familiar no le permite comprar todo aquello que se le antoja. A veces hay ciruelas o kiwis muy hermosos, pero demasiado caros, así que acabo llevando manzanas y otras frutas más baratas, como el melón o la sandía se lamentaba Antonia, quien considera que antes estos productos no eran tan caros. Completamente de acuerdo con este ama de casa, otros clientes bromeaban con la recomendación gubernamental de tomar cinco raciones de fruta y verdura al día: con lo que cuestan, bastante es que la tomemos de postre afirmaba Carlos, un joven de la zona norte de la capital. Por mucho que digan que no hay que alimentarse de comida basura, los cierto es que es mucho más barato sentenció. Una mujer, ayer, probando una de las brochetas que repartió la UPA durante la mañana Otros, ni siquiera miraban lo que había en la bolsa: a caballo regalado no se le mira el diente. Sea lo que sea, seguro que está bueno indicaba Manuel, un jubilado que llevaba en la cola desde las diez de la mañana. Su tiempo de espera fue poco en comparación con el de María Pérez, una señora de 80 años que desde las ocho de la mañana esperaba, junto a su perro, la bolsa de fruta. Ella fue la primera en recibir los productos y salir del improvisado mercado de la plaza del Museo Reina Sofía. Como el reparto se estaba realizando al lado del centro de arte moderno, muchos turistas sorprendidos se incorporaron a la hilera de personas, dispuestos a llevarse de Madrid algo más original que un recuerdo typical spanish Para conseguir más kilos de fruta, muchos de los que esperaban en la cola decidieron ponerse de acuerdo. Unos se que- CHEMA BARROSO A mi no me pongas ciruelas, mejor melocotones pedían algunas señoras a los repartidores Trabajo en equipo Un ciudadano combatiendo con periódicos el calor CHEMA BARROSO daban a la sombra guardando las bolsas ya conseguidas mientras otros se ponían una y otra vez en la fila para lograr nuevas entregas. Con este sistema, al final de la mañana, algunos habían pasado hasta en cuatro ocasiones delante del tráiler y se marcharon a casa con un preciado botín en forma de fruta. Más allá del ahorro, muchos consumidores aprovecharon la oportunidad para solidarizarse con los agricultores, que entregaron folletos explicativos de la problemática. Al final, la UPA consiguió en parte su objetivo y algunos se fueron a casa convencidos de que los culpables de los altos precios de la fruta son los intermediarios. Los mercados nos comen el bolsillo y hasta el apetito, y nos dejan sin poder pagar lo básico reivindicaba ayer un antiguo agricultor manchego, que no dudó en reconocer que las cosas están ahora peor que nunca. Sin embargo, la mayoría de los que se desplazaron ayer hasta la plaza del Museo poco entendían de intermediarios y cadenas de producción. Para ellos, lo importante es cómo nota, día a día, el bolsillo el incremento de precios sea quien sea el que se lleve el dinero, los perjudicados somos siempre los mismos: los que no lo tenemos criticaba ayer una señora mientras probaba una de las ciruelas regaladas por UPA. ABC. es Visita la galería de fotos y el vídeo sobre la entrega de frutas en: www. abc. es madrid