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6 OPINIÓN VIERNES 3 s 8 s 2007 ABC AD LIBITUM LA GUERRA DE ÍDOLOS DE LA CUEVA LAS BANDERAS L hecho de ser español tiende a compensar sus encantos con la tremenda fatiga que comporta el ejercicio coherente de tal nacionalidad. Aquí, entre nosotros, ningún asunto se da nunca por zanjado y de ahí el cansancio que produce tener abiertos, y efervescentes, tantos epígrafes en el largo, diverso y conflictivo catálogo de nuestra realidad común. Véase, como ejemplo, el asunto de las banderas, una perenne pesadilla que, como síntoma para el diagnóstico de la enfermedad territorial que nos aflige, cursa con monótonas recidivas. A las autoridades autonómicas vascas, que lo son en virtud de la Constitución del 78, no les sale de la boiM. MARTÍN na que la bandera españoFERRAND la, tal y como marca la ley, luzca en las fachadas de los edificios públicos del País Vasco. Y no luce. Y no pasa nada. Ahora, una sentencia del Tribunal Supremo ordena izar la bandera de España en la academia de la Ertzaintza, en la villa alavesa de Arcaute, en la que se forman los policías autonómicos. En cualquier Estado de Derecho, incluso en los más dramáticamente raquíticos y políticamente menos evolucionados, una circunstancia equivalente nos llevaría a la inmediata contemplación de la bandera flotando en el viento; pero aquí, suma y sigue, una cosa es el Derecho, otra la Ley, otras más su aplicación y algo muy distinto el nivel de las lealtades constitucionales de las diecisiete porciones que integran el mosaico nacional. La dejación de autoridad que, de hecho, han venido practicando los sucesivos Gobiernos de la Nación ha generado una separación que, en gran paradoja, es la trinchera en la que se hacen fuertes quienes pregonan el separatismo. Nos hemos dado, y estamos muy contentos con ello, una Constitución cuya letra sirve de palanca para forzar su espíritu germinal. Un Estado sin bandera, carente de un símbolo común, es una incongruencia sin parangón posible en el Derecho comparado; pero esa es la inacabable realidad a la que, con poco tino y escasa resolución, nos enfrentamos. Hasta el alcalde de San Sebastián, militante notable de unos de los dos grandes partidos de ámbito nacional, le reprocha al Supremo su sentencia. No es momento, dice el inconsistente Odón Elorza, de abrir conflictos sobre las banderas Curiosa teoría política la del prócer socialista que, además de admitir momentos adecuados para abrir esos conflictos, defiende un sentido discontinuo para la vigencia y aplicación de la ley. El momento de izar la bandera roja y amarilla en los edificios públicos de todo el Estado lo fijó, ¡hace más de veinticinco años! la Ley 39 81. El que desde entonces no se haya cumplido su mandato resulta elocuente para definir la pasividad de las partes y la indolencia del todo. Para mayor sarcasmo, en curiosa coincidencia con este capítulo vasco de resistencia civil, los también separatistas integrados en ERC reclaman que la bandera catalana luzca junto a la española en todas las casas- cuartel de la Guardia Civil en Cataluña. Así prosperaremos poco y nos cansaremos muchísimo. BAÑÁNDONOS EN EL LETEO E T cientes sujetos del experimento universitario, a un bomODO veraneante persigue desmemoriarse. Si no bardeo de imágenes faciales neutras a las que se relaciofuera así, nunca se iría. Uno se despide de los colena con otras de carácter traumático: accidentes, tortugas del trabajo, prepara el equipaje, dice adiós a ras, sillas eléctricas. Y a los que, al parecer, luego les eslo habitual, y se encarama en el transporte que le conducanean el cerebro con una resonancia magnética miencirá al lugar largo tiempo soñado, el del olvido, en el que tras les muestran los dibujos de los rostros y les piden rigen cotidianidades diferentes, como ocurría al otro laque recuerden o que olviden las imágenes negativas asodo del espejo de Alicia. Mientras uno menos recuerda, ciadas. Puro rollo pos- pavloviano. mejor resultan las vacaciones, no importa si se disfruAquí eso lo hemos hecho siempre y con mutan admirando géiseres en las soledades telúricho menos esfuerzo. Sobre todo en vacaciones. cas de Kamtchaka, como mi amigo Poveda, o El único modo eficaz de soportar la vida- -y la tumbado sobre los 1 53 metros cuadrados de prohistoria, ahora que las dos fantasmáticas Espablemática arena sobre los que el bañista afortuñas quieren recuperarla porque nos hemos creínado ha conseguido extender la toalla en el prido lo de que, si no lo hacemos, estamos condenamer turno dominical de la playa de Gandía. dos a repetirla- -es olvidarla. O al menos, hacerHace unos años, antes de que prevalecieran lo un poquito, y de vez en cuando. Desde antiguo los mensajes práctico- afectivos del tipo bebé a las técnicas para conseguirlo han abundado: bordo a los españoles nos gustaba identificarMANUEL desde el opio o la mezcalina, al quedéme y olbidénos desde la luna trasera de nuestros automóviRODRÍGUEZ me, de aquellos momentos (religiosos o sexuales con pegatinas en las que se proclamaban peRIVERO les) en que conseguimos dejar nuestros cuidaqueños reclamos nacionalistas que denotaban dos entre las azucenas olvidados. pavorosas inseguridades: Ser español, un orgullo, ser Irse, olvidar. La gran tentación. Al contrario de lo aragonés, un título, ser bilbilitano un privilegio Ahoque pasaba en los noventa, cuando estalló la moda de ra, ciudadanos de un país con un PIB con cierta dignilas terapias de memoria reprimida y todo el mundo redad, nuestros eslóganes merecen ponerse a tono con los cordaba de repente las putadas, ciertas o no, que les hanuevos tiempos. De ahí que proponga solemnemente a bían infligido, ahora el olvido es la consigna de los veralas autoridades competentes en Ocio que, mediante el neantes que huyen de las urbes por esas carreteras en abono de regalías a Gimferrer (que posiblemente les halas que muchos se matan a 160 por hora (y pierden la mega un precio) adoptemos como divisa vacacional para moria definitivamente porque, como decía Musset a la todo tipo de vehículo el primer verso de su ya cuarentoviceversa, olvidar es morir) Ya hemos olvidado- -aunna nota musical para Hölderlin: Si pierdo la memoria, que algunos no nos dejan del todo- -el franquismo, la qué pureza caspa cultural, los chistes de Torrebruno. Pero, miraAprender a olvidar lo desagradable que queremos demos a nuestro alrededor y comprobamos que seguimos jar atrás: qué liberación. Leo en la prensa que, según sedeseando desmemoriarnos. Por eso nos vamos y tratasudos experimentos llevados a cabo en la Universidad mos de reprimir nuestros recuerdos- -como hacían de Colorado (ya se sabe que los estudios realizados en los veraneantes perpetuos del Hades, que bebían el campus anglosajones dan mucho juego en verano) los agua del Leteo para olvidar su vida anterior- -hasta (malos) recuerdos pueden olvidarse mediante técnicas que la realidad deshipnotizadora del regreso nos libeadecuadas. Siempre hay alguien descubriendo el mar re de nuevo del olvido. Eso será cuando (casi) todos color de vino, me digo. Como si tal cosa no la hubiérahayan hayamos vuelto. mos aprendido ya sin que nos sometieran, como a los pa-