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ABC VIERNES 3 s 8 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA EL GAMBITO NAVARRO ADIE lo admitirá en voz alta, pero el escenario político más beneficioso para el Partido Popular en estos momentosseríaqueZapatero autorizasela coalición de los socialistas con Nafarroa bye. El victimismo siempre resulta, por desgracia, rentable en política, y sobre Navarra incide lasombra del Proceso quepersiguealpresidente más allá de su reciente intento de aparentar que nunca ha pasado nada. Paradójicamente, al PSOE también le quema ahora el poder navarro. Todo su esfuerzo de normalización del último mes se vendrá abajo si pacta con la alianIGNACIO za panvasquista, y le ponCAMACHO dríaa su adversario en bandeja el argumento que más teme ahora mismo: eldequecontinúasiguiendolahoja deruta trazada en los contactos con Batasuna. Es probable que ETA desee menos que nadie una solución en Navarra que ella no pueda controlar, pero las cosas no siempre son sólo como son, sino como parecen. En estas circunstancias, el tablero de Navarraseasemejaauna deesas partidasdeajedrez en que los jugadores tratan de sacrificar unapiezaparaobtenerunaposición deventaja. Gambito, se llama la jugada. Mueven las blancas, o sea, el Gobierno, y Zapatero meditaladecisiónmientrasselerebrincan losalfiles, decididos a seguir por su cuenta la línea queselestrazóantes dequecambiaranlas coordenadas del diálogo con ETA. El presidente cambió de caballo- -Chivite por Puras- -parafacilitarla víadela coalición conNB yelórgano común con la comunidad vasca. Puras se lo creyó, y ha ido desde el principio a por el objetivo marcado, a costa de desdecirse de sus propias promesas con una desvergonzada yhuecadesfachatez, estimuladopor elprecedente del montillazo Es verdad que el PSC es orgánicamente independiente del PSOE, pero si a la hora de reeditar el tripartito catalán Montilla se saltó en su beneficio el acuerdo- -ambiguo, como siempre, pero real- -de Zapatero con Artur Mas, Puras tiene derechoa pensar quelaopinión deMadrid es sólo eso, una opinión. Ya se sabe lo que decía Harry el Sucio sobre las opiniones: que son como los culos, todo el mundo tiene una. Fernando Puras no es Harry el Sucio, entre otras cosas porque tiene menos palabra, pero ya hay pintadas que lellaman Puras Iscariote El ambiente está cargado y puede volverse eléctrico, esa clase de climas que se encienden con un chispazo. Al presidente en estos momentos le conviene cualquier cosa menos resucitar el debate territorial, en el que pierde votos por un sumidero, y encima asociado a las negociaciones con ETA. De algún modo, necesita echar el freno a los suyos, apaciguar un terco horizonte de fuegos, apagones y desgracias. Pero Puras y su aspirante a socio, Patxi Zabaleta, no se conforman con la solución de dejar gobernar en minoría a UPN hasta las generales porque saben lo que haría Miguel Sanz en ese supuesto: utilizar la competencia que le da la Ley de Amejoramiento, el estatuto foral, para adelantar las elecciones autonómicas y forzar al máximo el debate. Por eso quieren el poder ahora; justo cuando Zapatero menos lo desea. Ya se lo decía Rajoy a Piqué: la política es muy dura. N EL RECUADRO EL BUTAKING, DEPORTE PLAYERO L principio de cada hombre, un voto que mueve la vida bendita de la democracia, queda durante el verano sustancialmente alterado en versión sedente, y formulado de este modo playero: Cada hombre, una butaca plegable -Y algunos, dos: la suya y la de la suegra. -O tres: la suya, la de aquí- mi- señora y la de la suegra. En verano, el hombre no es el animal que ríe. En verano, el hombre no es el único ser de la creación capaz de pagar una hipoteca. En verano el hombre es fundamentalmente el porteador de butacas plegables hacia la playa. ¿Cómo serían las orillas de los mares antes de que se inventasen las butacas playeras? Las butacas playeras forman parte de la Creación, y tengo que mirarlo bien en el Antiguo Testamento, porque es más que probable que vengan. La Biblia dice que Dios creó los cielos y la tierra, los peces y los mares. Y que al séptimo día, descansó. Traduzco en versión veraniega: al séptimo día, Dios creó la butaca playera, se sentó en ella y descansó, con su cartuchito de camarones y su cerveza fresquita. ANTONIO La butaca plegable fabricada con el BURGOS aluminio más prodigioso. Cuando compramos la butaca, nos parece que no pesan nada esos tubos sobre los que se arma la lona de listas. La butaca nueva se caracteriza fundamentalmente porque pesa bastante menos que la vieja: es más manejable, más plegable, tiene hasta un bolsillo grandote en el reverso del respaldar, como si fuera asiento de un avión más que sede para la arena, ora mojada, ora seca. Pero por un misterioso principio físico, esa butaca plegable una vez que la hemos llevado al apartamento y la hemos vuelto a coger el día siguiente a la hora dramática de empezar el éxodo hacia la playa cargados con toda la impedimenta, nadie sabe por qué, pero pesa un quintal. O dos quintales. Peso inquietante: una extraña ley física hace que aumente con el tiempo y con la distancia. Lo explico. A usted le parece que la butaca nueva pesa tela cuando por vez primera la E baja del apartamento y la mete en el coche camino de la playa. Pero es que cuando llegan a la playa, encuentran, ¡por fin! aparcamiento, bajan la butaca con el resto de la impedimenta y se encaminan hacia la orilla, conforme más se separan del coche, más pesa la puñetera butaca. La butaca que pesaba quizá un kilo o kilo y medio cuando la sacamos del coche, al llegar a la orilla pesa aproximadamente tonelada o tonelada y media. Y eso sin exagerar. Y en el camino de ida. Porque en el camino de vuelta, ni te cuento. ¿Por qué las butacas plegables pesan más cuando volvemos de la playa que cuando vamos a bañarnos? Y hay más preguntas que nadie ha sabido responder: ¿por qué el español considera la butaca plegable más necesaria para bajar a la playa que el bañador? Hay señoras mayores que no se bañan y bajan a la playa con su mambo fresquito. Sin bañador, pero no sin butaca. Butaca que le transporta el nieto o el yerno, portadores de los valores eternos de la butaca. Butaca mucho más necesaria que la sombrilla. El español puede estar en la playa sin sombrilla, mas nunca sin butaca. Parece como si estuviera prohibido sentarse o tumbarse directamente en el suelo con la toallita. Hay que poner distancias entre la arena y el trasero del veraneante español, y de ahí la importancia social de la butaca playera. El español medio tiene piso propio y butaca propia en la playa. Observen cómo son fundamentalmente extranjeros los que pagan los 4 ó los 6 euros diarios por una tumbona en los toldos. ¿Gastarnos nosotros 6 euros en una tumbona? ¿Estamos locos? Por ese precio nos compramos cuatro butacas en una semana. ¿Que hay que cargar con ellas? No importa: el transporte de butaca playera es un secreto deporte olímpico español, en el que somos campeones. El día que en los Juegos Olímpicos haya pruebas de los 200 metros butaca playera, serán nuestras todas las medalla de oro de Butaking. Cuando llegamos a la playa, jadeantes, derrengados, con la sombrilla y la dichosa butaca, cada vez nos gusta menos el veraneo y más el invierno y el teatro. Qué maravilla el invierno, con esos teatros donde hay todo un patio de butacas que están ya colocadas allí, en la mismísima orilla del escenario, y que no hay que pulsear desde el apartamento...