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ABC VIERNES 3 s 8 s 2007 OPINIÓN 3 LA TERCERA ALGO SIEMPRE PERMANECE Rilke podría entender esa fatiga nerviosa, esa pérdida de confianza que hoy vive Europa, a pesar de su prosperidad. Que reaparezca la fuerza oscura de Heidegger o de Carl y que sea de la mano de lo que queda de la izquierda intelectual confirma la posibilidad de una mayor fatiga, de un desistimiento, de un cierto desconsuelo de civilización. Aún así, las nuevas incertidumbres o una reedición de las más viejas no pueden alterar por completo la integridad de algo que nos conmueva o nos llene de admiración... ANTAS cosas provienen del resentimiento que la generosidad intelectual ya se considera como parte de una patología. Las cosas bien hechas- -la obra de arte, la acción, el destino- -merecen tan solo el desprestigio y la displicencia. En sus lecciones en el Colegio de Francia sobre la intelectualidad europea, el sociólogo alemán Wolf Lepenies indica que el hombre es el ser que crea orden y lo destruye al mismo tiempo, una producción y destrucción de orden que no se circunscribe a su propia especie sino que se universaliza y abarca la Tierra entera. Por eso la utopía y la melancolía son dos polos de atracción, empeñados en el orden, decididos a rehuirle: por eso- -dice Lepenies- -el intelectual se queja del mundo, y así surge el pensamiento utópico o, al negarlo, la melancolía se presenta. Pero más allá del pensar utópico o de la melancolía, el deber es la lucidez, advertir la gran complejidad de las cosas que vivimos y las que acontecerán. De una parte, la destrucción y el genocidio, los monstruos enloquecidos, lo post- humano; de otra, la esperanza improbable. Cualquier obstáculo impide el progreso humano, un grano de arena paraliza el engranaje de la Historia pero, a pesar de tantas erosiones del espíritu, algo consigue permanecer. Quedan una página bien escrita, la partitura de un cuarteto de cuerda, la forma previa de una estatua mutilada, una fórmula matemática, una plegaria, un poema. Entre tanta trivialidad y material de desecho, aparecen por suerte libros como la Vida de Rilke de Antonio Pau, aún recientes sus prosas de Estas pavesas grises Algo espiritualmente valioso siempre permanece a pesar de la cultura del desperdicio. Por ejemplo, Rilke: la belleza y el espanto. Pocos como él pueden ser considerados grandes poetas de la Europa que siempre perdura. Es la atracción de lo noble, el destino, viajar sin rumbo, la vasta soledad interior, transformar lo visible en invisible. T fixión de El Greco. Maurice Barrés también ha pasado por el Toledo de El Greco. Rilke y Barrés poseen, como suele decirse, las dos virtudes cardinales del gran escritor; el estilo y el sentido de las altas cimas. En Toledo, Rilke ve la montaña, la montaña pura, la montaña de la revelación Llega a Ronda en diciembre de 1912. Callejea entre escuetos palacios señoriales, por una pequeña ciudad sin monumentos dignos de mención, a no ser el monumento perenne de toda su existencia, de toda su actitud, de su emplazamiento hacia lo más heroico De forma anónima, Wittgenstein le ayuda económicamente. Falta poco para que la Gran Guerra comience: ese extremado desgarro de Europa todavía hoy llega hasta la incógnita de Kosovo en el reñidero balcánico. Mueren en las trincheras los mejores de toda una generación. Europa ya no podrá levantar cabeza, ni en Versalles será negociable algo que permanezca para honrar la raza humana. ¿Quién habla de victorias? Sobreponerse es todo dice Rilke. En una de sus etapas en París, ha vivido como secretario del escultor Rodin en un viejo palacio: allí escribe y Rodin esculpe. Desde su habitación alquilada, un joven Cocteau ve a Rilke escribiendo hasta ya muy avanzada la noche. Antonio Pau cuenta como en otras habitaciones viven y trabajan el novelista Romain Rolland- -profeta de paces imposibles- -o el pintor Henri Matisse. En un pabellón del jardín ensaya sus pasos de danza la alocada Isadora Duncan. De todos ellos, algo permanece. R ilke podría entender esa fatiga nerviosa, esa pérdida de confianza que hoy vive Eu ropa, a pesar de su prosperidad. Que reaparezca la fuerza oscura de Heidegger o de Carl y que sea de la mano de lo que queda de la izquierda intelectual confirma la posibilidad de una mayor fatiga, de un desistimiento, de un cierto desconsuelo de civilización. Aún así, las nuevas incertidumbres o una reedición de las más viejas no pueden alterar por completo la integridad de algo que nos conmueva o nos llene de admiración. Ningún antiguo rey bárbaro logra imponer su dominio enteramente. Lo dice Rilke en un poema temprano. y a través del dolor madurar lejos de la vida, lejos del tiempo Después de la Gran Guerra, Rilke algunas veces habló con Paul Valéry de la tan imprescindible política del espíritu. Algo tiene que sobrepasar las condiciones de la desolación y el olvido. Es el arte como larga paciencia. Es así como Cèzanne coge unas manzanas y las pone sobre una colcha: Y las obliga, las obliga a ser bellas, a significar para él el mundo entero, toda la felicidad, todo el esplendor. Y todo depende ya de ese Amo incomprensible que solo el domingo, por un instante, le permite acercarse a Él, su primer propietario Por contraste, vivimos unos tiempos en los que nunca falta quien exhibiría a Rilke o a Cèzanne en un bazar sado- masoquista. A quien pregunte por Valéry le dirán que quizás inventó la banda ancha. L vpuig abc. es as mujeres de Rilke, Rilke y los castillos, Rilke en los jardines, las ciudades de Rilke: la España de Rilke, la España en Rilke de Jaime Ferreiro. Primero ve el cuadro de Zuloaga La enana doña Mercedes después ve el Toledo de El Greco. Por fin llega a Toledo, el día de los Fieles Difuntos. Es un instante epifánico de la lírica europea. Allí- -subraya Antonio Pau- -encuentra la patria natural de los ángeles. Del museo del Prado se quedará con la Cruci- on la tranquilidad o la convulsión de una fuerza inteligente, hay mucha poesía por leer. Esa fragilidad es invencible, como frágil fue la persona de Rainer Maria Rilke. Resulta luego que puede ser tan fuerte como una antigua creencia, como una memoria indestructible. Con letra clara, a lápiz, escribe- -dice su biógrafo- -el último poema: ¿Soy yo aún quien arde, ya irreconocible? No puedo adentrarme en los recuerdos. Oh, vida, vida: tendría que estar fuera. Pero estoy dentro, en llamas. Ya nadie me conoce Borges le decía a Bioy Casares que al invocar a la musa o a un dios o a un héroe de la tradición grecolatina, vinculamos nuestros escritos a todo el pasado. Pongámonos algo solemnes. Llamemos a eso tradición, continuidad. C VALENTÍ PUIG