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70 40 RICOS SOLEMNES JUEVES 2- -8- -2007 ABC George Soros ISABEL GUTIÉRREZ stados Unidos, con Bush, es un peligro para el mundo. Estoy dispuesto a respaldar con mi dinero lo que digo. Estas palabras de George Soros, pronunciadas en 2003 tras la publicación de uno de sus libros, La burbuja de la supremacía norteamericana fueron un tremendo bofetón en el rostro del mayor poder político sobre la tierra. Apuntaló su sentencia cuando alguien de The Washington Post le preguntó si estaría dispuesto a invertir sus 7.000 millones de dólares en sacar al presidente de la Casa Blanca: Especulador y filántropo E Si alguien me lo garantiza... Lo dice quien, en 1990, salvó a George W. Bush de la bancarrota eliminando y absorbiendo sus deudas; quien, desde hace años, trabaja con el padre del actual presidente norteamericano en la firma financiera Carlyle Group. Ante semejante discurso, una imagina a Bush de dos maneras opuestas: sonriendo con cierta condescendencia por la incontinencia verbal de quien fue su benefactor o, al contrario, muriéndose de ganas por aplastarle como un gusano. Neil Clark, en el diario New Statesman, explicó el motivo del desencuentro entre quienes antaño fueron estrechos colaboradores: aunque en el fondo están de acuerdo, la defensa de un imperio neo- liberal, ambos son opuestos sobre cómo llevarlo a cabo. Tal y como hoy sabemos, Bush siguió en su sillón; Soros, dedicándose a lo suyo. ¿Y exactamente a qué se dedica un hombre tan célebre como inquietante? A su nombre siempre le acompañan las palabras especulador y filántropo Hay quien, con cierta gracia, añade el término timbero como si su enorme imperio financiero se hubiera cimentado por puro azar. El hecho es que la historia de sus múltiples aventuras bursátiles se ha transmutado en leyenda y que para muchos, tal vez demasiados, esas gestas no son más que negras pesadillas que conviene no olvidar. En cualquier caso, cuando se habla de George Soros es imposible ignorar varios hechos memorables. Al cabo, es una suerte de alquimista global, omnipresente, capaz de poner patas arriba economías no precisamente domésticas y grandes sistemas monetarios. Así ocurrió en el sudeste asiático, en la antigua Unión Soviética ¿recuerdan la crisis del rublo de 1998? en Francia (en diciembre de 2002, fue condenado a pagar una multa por el Tribunal Correccional de París por delito financiero cuando intentó un ataque en la bolsa contra la Sociedad General) y, sobre todo, en Gran Bretaña. En 1992, ignorando un regla hasta entonces respetada por depredadores de todo tipo no especular contra el banco central se embolsó mil millones de dólares sin pestañear tras lanzar una operación contra la libra esterlina, que, según se insistió en su día, fue en perjuicio del contribuyente británico. Entonces fue bautizado como el hombre que derrumbó el Banco de Inglaterra un título que resultaba divertido y peliculero a quienes permanecieron al margen de aquella azaña; aunque maldita la gracia para quienes estuvieron en el ajo. Jamás ha generado riqueza, pero figura entre los de las personas más adineradas del planeta. Su influencia, además, desborda el vaso financiero y, como el agua, se derrama en el ámbito político y social colándose por sus múltiples recovecos. Asalto a la libra esterlina Poco se sabe sobre lo que mueve y motiva a George Soros. Acaso un breve vistazo a sus primeros años sirva para fantasear sobre el carácter de quien nació en la alta sociedad de Budapest (en 1930) bajo el nombre de György Su padre, Tivadar Soros, escritor y abogado, probó la miel del lujo y, también, la hiel de los padecimientos que toda contienda acarrea: combatió en la I Guerra Mundial, fue prisionero en Siberia y escapó de Rusia para reunirse, de nuevo, con su familia en Budapest. Así que cuando la Alemania nazi tomó el control militar de Hungría en 1944, el terror no paralizó a Tivadar: se las ingenió para sobrevivir entre el caos y la desolación. El joven George, tras la estela de su progenitor, pronto aprendió a nadar a contra corriente en la adversidad. Una lección que no ha olvidado. Se sabe que sus primeros pasos en las finanzas fueron durante la hiperinflación que sufrió Hungría entre 1945 y 1946. Precisamente fue en este último año cuando abandonó definitivamente su patria, ocupada por el poder soviético. La experiencia y el puro instinto le empujaron a poner tierra de por medio. Y llegó a Londres, donde, durante meses, trabajó de camarero y se alimentó de las sobras; recolectó fruta y pintó casas. En 1948, gracias a sus ahorros, ingresó en la London School of Economics. Allí conoció a quien marcaría las líneas maestras de su desarrollo intelectual, el filósofo Karl Popper, cuya idea de la sociedad abierta y sus afirmaciones de que el comunismo era tan condenable como el fascismo por ser un sistema igualmente represivo y totalitario, fascinó al joven Soros. En 1956, ya graduado y con 5.000 dólares en el bolsillo, se instaló en Nueva York con el sueño de convertirse en un gran e influyente pensador. Sin embargo, tras una serie de desencantos, se convenció de que su batalla estaba más en el campo de las finanzas que en el de las ideas. Como explica en su libro Soros on Soros creía que tenía algunos conceptos filosóficos nuevos y maravillosos que quería expresar. Pero ahora me doy cuenta de que estaba regurgitando las ideas de Karl Popper No obstante, aquello fue el germen de una vocación de filántropo que cultiva por todo el planeta (a través de subvenciones a organizaciones de derechos humanos, becas a estudiantes, proyectos sociales y de desarrollo... y que comparte con la misma naturalidad con la que gana y gasta, aunque no sea en nada demasiado escandaloso ni extravagante. Más información: http: www. forbes. com El multimillonario George Soros, famoso por financiar programas de ayuda social AP