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ABC JUEVES 2 s 8 s 2007 Tribuna Abierta AGENDA 51 Manuel Francisco Reina Poeta GALENO POR PRESCRIPCIÓN ECIR que Grecia y Roma, la cultura clásica, son la cuna de occidente, es un tópico acuñado y reiterado que no deja de ser verdad por mucho que se use. Habitualmente se recurre a la historia del pensamiento, de las concepciones de estado y de ciudad, a su arte o a sus letras, para ponderar las grandezas de sus logros pero, a menudo, se nos escapan otras materias, quizá no tan llamativas, pero sí más cotidianas y fundamentales de lo que creemos. La medicina y su oficio, así como los que lo desempeñaban, los médicos, han cambiado relativamente poco desde los días de Pericles, en la Atenas del siglo V Antes de Cristo, salvo en los evidentes avances científicos, pero se desconoce hasta qué punto fueron fundamentales los cimientos del mundo clásico en la sanidad, algunas de cuyas prácticas se siguen perpetuando hoy. Ya en los textos de Homero, si es que los escribió el poeta ciego y si existió, en sus obras, que los estudiosos cifran en el siglo VI AC aunque recoge tradiciones de dos siglos antes, aparece la figura de los médicos y se refiere a ellos con respeto cuando dice que un médico vale por muchos hombres por sus conocimientos y su destreza en arrancar flechas y aplicar drogas calmantes (Ilíada, XI) reconociendo así no sólo su existencia sino su importancia. En esta época, sin embargo, los remedios no pasaban del uso de algunas plantas calmantes y, sobre todo, de la invocación de la ayuda de los dioses, concretamente Asclepio y su sanador bastón con las serpientes gemelas, símbolo aún de la medicina, como dueños de los destinos de los vivos. s a partir de Hipócrates y su escuela, al que le debemos algo más que el famoso juramento, cuando se crea una metodología médica que hizo que la esperanza de vida pasase de los 18 a 25 años el más longevo, a los 45 de media, aunque no era infrecuente que la mayoría llegase a los sesenta y cinco o setenta con facilidad. El propio Hipócrates, contemporáneo de Sócrates y Platón, cumplió setenta, haciendo honor a sus métodos. Cuentan que con sólo trece años entró en el cuerpo sacerdotal del templo de Asclepio, el Esculapio latino, formándose en los conocimientos de éstos sobre ungüentos, plantas calmantes, etcétera, sorprendiendo a todos por su curiosidad y rapidez de aprendizaje, lo que le llevó a abandonar el templo, una vez aprendido todo lo que estos D Ya en los textos de Homero, aparece la figura de los médicos y se refiere a ellos con respeto cuando dice que un médico vale por muchos hombres por sus conocimientos y su destreza en arrancar flechas y aplicar drogas calmantes (Ilíada, XI) vorecer o no perjudicar. Ser útil sin daño segunda: Abstenerse de lo imposible. Evitar molestias inútiles al paciente y tercera, Atacar la causa del daño a través de sus conocimientos técnicos que incluían, por supuesto, la intervención quirúrgica. Es el primero que, antes de curar, coser u operar, introduce el elemento de la desinfección, calentando las herramientas y esterilizando las heridas con el alcohol del vino, evitando muchísimas muertes por infecciones. stableció además unas reglas básicas para tener mejor salud, que consistían en buena alimentación y dietas después de los excesos, higiene personal estricta, favorecida por los baños públicos, las conducciones de aguas fecales en las ciudades, de sistemas rudimentarios de calefacción por calderas bajo el suelo, lo que tiene mucho que ver con las actuales recomendaciones propias de una sociedad moderna y de culto al cuerpo. En esta metodología se establece gran importancia previa a lo que hoy se llama historia clínica, lo que ellos denominaron anamnesis recogiendo datos de sus antecedentes, enfermedades anteriores o familiares, síntomas y lugar de procedencia o viajes, para distinguirlo de lo que ya determinaron enfermedades endémicas que se pensaban, con razón, causadas por el clima, el agua, la agricultura, la alimentación y los hábitos de vida de cada lugar. osteriormente hacían el diagnóstico y el pronóstico para aplicar finalmente un tratamiento También se crearon espacios específicos como el iatreion que en griego significa casa del médico y que se llegó a establecer en las plazas de los foros en la época de Trajano, o en la propia casa del médico, donde se construían salas y tenderetes para que pudieran ser atendidos y quedarse los enfermos. Hipócrates tuvo fieles seguidores como los médicos Dioscórides, o el alejandrino Herófilo, que dejó un tratado sobre anatomía fundamental y una escuela de formación de médicos que fijaba la misma en cuatro años, o Galeno, que alcanzó con estos métodos, en el siglo tercero DC los 86 años. Con la caída de su cultura, gran parte de estos conocimientos se perderían, bajando la esperanza de vida en la edad media a los niveles anteriores al periodo clásico y, en el que los más longevos, alcanzaban los 35 años. La modernidad de sus métodos y conocimientos es aún hoy admirable. Yo, desde luego, me apunto a Hipócrates y a Galeno por prescripción. E P E le podían enseñar. Marcha de adolescente a Egipto, donde aprendió diseccionando los cuerpos- -práctica muy habitual allí y algo que ya no vuelve a ocurrir hasta el renacimiento y bajo pena de hoguera- -la conformación interna de los órganos, cómo se podían intervenir, conociendo las técnicas egipcias de cirugía, incluso la trepanación, así como sus instrumentales y técnicas, además de diversos tipos de tumores, o de crecimientos anormales de órganos, en lo que está documentado su conocimiento sobre tipos de cáncer, al que algunos llamaban muerte negra, como más tarde a la peste, aunque los estudiosos creyeron que era una enfermedad más moderna. Al volver Hipócrates a Grecia, crea unos centros alrede- dor de los templos de Asclepio, conocidos como asclepion donde atiende a los enfermos y los trata, además de formar a otros, creando una escuela y una especie de protocolo, bastante humano, por cierto y moderno, llegando a afirmar: El médico procederá con calma, con habilidad, ocultando al enfermo, mientras actúa, la mayor parte de las cosas que perjudiquen su ánimo, exhortándole con alegría y serenidad... o reprendiéndole con vigor apacible o consolándole con atención y buena voluntad onforma una metodología, aparentemente sencilla, siguiendo tres principios fundamentales que en sus propias palabras, conservadas y recogidas en cincuenta y tres volúmenes consistían en: Fa- C