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ABC MIÉRCOLES 1- -8- -2007 VISIONES 40 73 BELLEZA A CONTRAPLANO CHIPS DE VERANO José Manuel Nieves CRÍMENES IMFERPECTOS Caso: Minority Report Acusado: Steven Spielberg. Cómplices: Tom Cruise, Colin Farrell, Samantha Morton, Max von Sydow y Peter Stormare. EE. UU. 2002. especie en vías de extinción, la Agencia del Precrimen llega tan lejos que obliga a Colin Farrell a intervenir al olor de los primeros fallos (Javier Bardem prefirió quedarse tierra adentro) El panorama, desde luego, es fascinante y aterrador, rayano en el control absoluto del pensamiento. Desde su estreno, partidarios y detractores del filme se enzarzaron en la polémica. Sin duda, el guión tiene menos fallos de los que aparenta y algunos son deliberados o abiertos a diversas interpretaciones. La teoría de las profecías autorrealizadas y la negación de la posibilidad de arrepentimiento en el último segundo (se actúa con los detenidos como si hubieran culminado su pecado) son algunos ejemplos. Así, muchos critican que uno de los crímenes (por una vez no actuaremos como el acomodador sin propina del chiste) se comete justo porque ha sido predicho. Más cómico resulta que a su presuntísimo autor no le impidan el acceso a determinadas instalaciones oficiales, pese a que se halla en busca y captura. Y lo que nunca explica Steven Spielberg, por más asesores y futurólogos que se buscara para pintar nuestro futuro en 2054, es cómo demonios pretende Max von Sydow, director de Precrimen, implantar el sistema prepolicial en todo el imperio con sólo tres criaturas videntes. Por lo que se ve, ni estos errores de la naturaleza parecen capaces de reproducirse ni hay sistema a la vista para conseguir más. ¿Tiene algo que alegar, señor Spielberg? Cuestión de estilo Teresa de la Cierva Marta Barroso Desagradable. Muy desagradable. E incomprensible ¿Por qué hay algunas personas, excesivamente cariñosas, que se empeñan en saludarte y darte, a la vez, un ligero apretón de chicha En ese momento te quieres morir. Después de haberte pasado horas en casa buscando la fórmula de vestirte sin lorza aparente, llega alguien que descubre que ésta surge- -porque surge- -ante la necesidad de sobrevivir bajo la presión de una ropa interior excesivamente apretada. O porque el vaquero te queda pequeño. O por lo que sea. Pero tú la llevabas escondida y nadie, nadie, tiene derecho a descubrirla. Es el derecho a la intimidad. Que quede claro. Ahora bien, eso no significa, ni muchísimo menos, que estés contenta con tu tripilla. Para ayudar a todo el que lo desee en la ardua tarea de vivir sin michelín, están los comprimidos masticables Yacel Vientre Plano. Se toman dos al día, uno después de cada comida, y ayudan a reducir el contorno y volumen de vientre gracias a su aporte en fibra prebiótica. Favorecen el tránsito intestinal y, por lo tanto, el alisado y deshinchado de la tripa. Además evitan la producción de gases. Y no se olviden. La lorza, en la intimidad. Cuestión de estilo. Federico Marín Bellón Misterios tecnológicos en el país de los ciegos Hay que reconocer que no resulta cómodo (en absoluto) que le consideren a uno una especie de mago de la tecnología, capaz de resolver al instante los problemas que asedian al común de los mortales (esto es, tus compañeros de trabajo, amigos y parientes) Y si además tienes la desgracia de que aciertas y solucionas algún que otro misterio neotecnológico pues ya está. No hay quien te quite el sambenito... Y que nadie piense que los problemas que plantea la concurrencia son de esos que llevan horas de trabajo en las tripas de un PC o de un móvil. Nada de eso. Ahí tienen, si no, a mi amiga Araceli, que me llegó hace una semana con el portátil completamente muerto. No sé qué le pasa- -me dijo- no hace nada, ni siquiera se abren las carpetas Como para volverse loco. Lo que Ara no dijo es que llevaba varios meses sin antivirus, y que había dejado de instalar 37 (sí, treinta y siete) actualizaciones y parches de Windows... Y encima va y le echa la culpa a un amigo. Que los dioses de la informática la perdonen. Por no hablar de lo de Sebastián, que andaba desesperadito el otro día porque... no sabía cómo demonios poner las comas en los SMS de su móvil. No, si ya lo dice el refrán: En el país de los ciegos... Los sueños fértiles y mecánicos de Philip K. Dick llevan un cuarto de siglo alimentando el cine. La primera adaptación del relato corto del que nace Minority report iba a ser una secuela de Desafío total aquella película en la que el gobernador de California bregaba con una futurista agencia de viajes que implantaba periplos oníricos sin retrasos ni overbooking. Steven Spielberg dotó de más vuelo y de millones de dólares a la reescritura definitiva de la historia, que apenas conserva la idea original: una sociedad capaz de abolir los crímenes por el revolucionario (y dudoso) método de predecirlos para detener al delincuente... ¡cuando todavía es inocente! El sistema de predicción no está basado en el Meteosat, sino en la existencia de tres seres casi vegetales, denominados precogs y bautizados con buen humor como Dashiell (por Hammett) Arthur (Conan Doyle) y Agatha (Christie) Tom Cruise, moderno maestro de orquesta y de la interpretación de estos evolucionados posos de café con aroma a telecupón, dirige el especialísimo cuerpo de policía encargado de detener al malhechor con inversa alevosía. Como licencia dramática y para darle más Tom Cruise con Samantha Morton, émula de Rappel ABC ¿Cómo piensan exportar el invento prepolicial con sólo tres videntes? emoción (recuerden que el director no es Bergman) los precogs son un tanto remolones y avisan con escasa antelación. La idea, en todo caso, es fantástica y tiene implicaciones morales de divertida complejidad, que invitan a ponerse pedante y citar a David Hume. Baste decir que, por mucho que los derechos civiles sean una