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62 40 FOTOBLOG MIÉRCOLES 1- -8- -2007 ABC ASÍ NOS VEN Alla Shelest Administrativa Me siento muy española; tengo una hipoteca a treinta años Habla de España con una sonrisa, pero se muestra seria al recordar Ucrania LUIS MIGUEL GÓMEZ MADRID. Licenciada en Inglés- Ucraniano- Ruso, Alla Shelest trabajó como profesora de secundaria en Ucrania hasta 1999. Ese año llegó a España de vacaciones. Los comienzos fueron duros. No conocía el idioma y nadie me ofrecía trabajo. Lo peor de todo fue dejar a mi hija allí. Me perdí sus mejores años: tenía dos añitos cuando me fui Tres años después pudo traerla y todo fue a mejor. Después de limpiar casas comenzó a trabajar en un pub, luego una agencia de viajes y ahora de administrativa. España la ha tratado bien. Cuando llegó, esperaba ver a las españolas vestidas de flamencas y a los hombres de corto. ¡Uy, si la gente viste normal! pensó. En la universidad estudió a los clásicos españoles: Cervantes, Lope de Vega, No tardó en acostumbrase a la cultura española, excepto a la comida. Sigue prefiriendo la comida ucraniana, eso sí, me encanta la paella y por cierto, me sale muy bien España ha avanzado mucho económicamente en estos años, y los extranjeros también hemos contribuido a ello Pero no duda en hacer una crítica: Hemos perdido poder adquisitivo. Cuando llegué cobraba unos 600 euros. Con eso, hoy no tendría ni para empezar Volvió a Ucrania el año pasado y encontró un país muy cambiado. Las diferencias entre ricos y pobres se han incrementado Según Alla, el fin del comunismo no mejoró las cosas, al menos para la mayoría. Ahora quienes me sorprenden son los ucranianos Ella dice sentirse española, y apostilla: Como cualquier español, tengo una hipoteca a 30 años. Cuando la pague, ya veré si regreso a mi país REUTERS Una original casa en Polonia recibe a los visitantes de cabeza Parece que en Polonia se han tomado muy en serio lo de tener la casa patas arriba Tanto, que son muchos los turistas que cada día visitan una peculiar residencia dada la vuelta y que se sustenta contra toda lógica en la zona del Centro de Educación y Promoción de la Región en el pueblo de Szymbark, al norte del país. En la imagen, los visitantes hacen cola para entrar en el interior y conseguir un retrato con esta curiosa edificación construida por el arquitecto Daniel Czapiewski para simbolizar la antigua era del comunismo en comparación con la época actual. Un verdadero reto para la Historia y la gravedad Fernando Castro Flórez El desfiladero e estoy cogiendo demasiado respeto al viaje, sobre todo, tras ver anoche El guía del desfiladero Habíamos facturado, como tantos otros padres, a Elena para Inglaterra, a uno de los pocos condados que no se ha tragado el cambio climático, para ver si, aunque sea homeopáticamente, aprende inglés. Con el resto de la tropa me encamino al cine, nos aprovisionamos con el combo doble de palomitas y coca- cola, lleno hasta reventar una bolsa de regaliz y nos preparamos para ver algo épico Lo que no esperaba era encontrarme con el L maniqueísmo pseudo- gótico, esto es, con una especie de arqueología del choque de civilizaciones Los malos son ahora unos vikingos que recuerdan a aquel grupo heavy que ganó Eurovisión gracias a unos disfraces indescriptibles. Provistos de calaveras como cascos, barbas proféticas, corazas como el chaleco antibalas del Solitario y perros con collar de pinchos masacran a unos pobres indios que son el colmo del buen rollo. Mientras los unos llegan en barcos siniestros, cubiertos de una sustancia que acaso sea la de un Pres- tige ancestral, los otros habitan en una especie de tipis de ciencia- ficción, elevados como palafitos, curvados como la arquitectura pompier de Calatrava. El héroe es calificado, en las escenas finales de la película, de bastardo cuando en realidad se trata de un pobre niño abandonado por el cafre de su padre por no seguir la recta senda del aprendizaje del asesinato masivo. Mi confuso mapa se ha descolado un poco más al ver a los bárbaros del norte atravesar el bosque umbrío, el desfiladero de piedras afiladas y, sobre todo, cuando, tras sobrevivir al hielo fracturado de la laguna, han caído al abismo. Les está bien empleado por ponerse en manos de un traidor a su sangre. El caminito de montaña, en un remake de baja estofa de la imaginería del Señor de los Anillos, por el que avanzan en formación de a uno, atados por una gruesa maroma, está, ciertamente, en las antípodas de la Ruta 66 pero, para una mentalidad obsesiva como la mía, todo lleva al mismo sitio. Nadie puede prometerme que no se pueda producir un desprendimiento, aunque sea de nieve artificial, en Las Vegas. Si, como nos enseñó la teoría de las catástrofes, el aleteo de una mariposa en la Amazonía produce un cambio metereológico en Londres, también la historia inverosímil de los que querían vivir y morir por la espada modifica el itinerario de un placentino traicionero en Madrid (un servidor) preparado para cruzar cuantos desfiladeros encuentre. Ahora que me pongo en plan chulesco resulta que, haciendo zapping, descubro que vuelven a echar por la tele Las aventuras de Jeremiah Johnson Eso sí que es un peliculón, una epopeya de nieves y primaveras, de combates sin término y caza melancólica. Me dejaré guiar por Robert Redford, que es un tipo cabal.