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Ingmar Bergman El genial director dejó escrito cómo quería que fuera su funeral: una ceremonia sencilla y en blanco y negro como muchas de sus inolvidables películas Egipto de cine Una agencia oferta un viaje a Egipto muy particular, donde los turistas son parte de una película en la que podrán sentirse como el propio Indiana Jones Nicolas Sarkozy La revista Vanity Fair ha incluido al presidente francés, Nicolas Sarkozy, en su lista anual de los hombres mejor vestidos del mundo 61 L AVVENTURA DE CARLOS SAURA n el año 1960 mi película Los golfos fue seleccionada para el Festival de Cannes, que esa edición fue memorable porque competían entre otros directores de cine: Buñuel, Bergman, Fellini, Antonioni e Ichika- wa... En medio de una gran espectación se iba a proyectar la última película de Antonioni: L Avventura. Antonioni entró en el cine con la actriz Monica Vitti, siempre tan aseado, con aspecto de técnico de alguna empresa, de oficinista discreto. Antonioni ya nos había sorprendido en España con la La cronaca di un amore, una hermosa película protagonizada por la joven y deslumbrante Lucia Bosé, película que fue proyectada junto a otras de Fellini, Visconti, Rossellini, Castellani y Pietro Germi- ¡nada menos! -en un ciclo sobre el neorrealismo italiano que auspició el Instituto Italiano de Cultura, y que tanto influyó en todos los que tuvimos la fortuna de participar en él. En L Avventura lo que más me sorprendió- -era la primera vez que veía algo semejante- -fue que Lea Massari desaparecía en la primera mitad de la pelicula, así, en el mar, sin dejar rastro y sin ninguna razón evidente... se hablaba, eso sí, de que había tiburones por los alrededores... A partir de ese momento comenzaba una segunda película dentro de la primera, y pronto Lea Massari era suplantada por la hermosa Mónica Vitti, que más tarde sería la mujer de Antonioni. A mí me pareció que tenía que haber alguna otra razón en esa caprichosa narrativa. Fue frustrante esperar hasta el final de la proyección para ver si volvía a aparecer Lea Massari. Nunca apareció. Cuando dirigí mi segunda película, Llanto por un bandido, conseguí que fuera Lea Massari su protagonista; era una actriz maravillosa, de una belleza extraña, exótica y deslumbrante, además de una mujer inteligente e independiente para quien el cine era algo secundario. Hablamos de su desaparición en L Avventura y me dijo que fue una película extraña, y que Antonioni iba cambiando la historia a cada mo- MICHELANGELO ANTONIONI E mento ante la desesperación de todos. Creo que fue a partir de L Avventura que se acuño el término incomunicación del que tanto se abusó. La incomunicación, según Antonioni, es la imposibilidad de entenderse, de comunicarse, y se refleja especialmente en la relación hombre- mujer. Lo que más me impresionó de aquel Festival de Cannes- -aparte de la gozosa realidad de conocer personalmente a mi admirado Luis Buñuel- -fue que, al terminar la proyección de L Avventura, hubo un abucheo general. El público gritaba: ¡Fuera! ¡Fuera! ¡Caradura! ¡Sinvergüenza! El escándalo era de tales dimensiones, que Antonioni y Monica Vitti salieron huyendo del cine en medio de los insultos. Al final, dos películas tan diferentes como La dolce vita de Federico Fellini y L Avventura se repartieron los premios. La primera fue la eclosión de uno de los directores de cine más creativos e imaginativos del cine italiano; la segunda, un premio otorgado por la crítica para una obra llena de dificultades y riesgos. Cuando era profesor en la Escuela de Cine, en los cincuenta, Antonioni era la estrella fulgurante, el más allá; recuerdo largas conversaciones con Victor Erice, entonces uno de mis alumnos más brillantes, que le defendía a capa y espada. Más tarde, en París, durante una noche traté de explicarle a Antonio Pérez por qué La Notte, y en general, el cine de Antonioni, aun respetándolo, no me conmovía. Luego vinieron L Eclisse. Il deserto rosso... Como fotógrafo que soy, me pareció Blow Up una película caprichosa y vacía, con momentos brillantes desde luego. Conocía el cuento de Cortázar que le sirvió de base, un cuento que me impactó y que narraba cómo un fotógrafo descubre un asesinato ampliando más y más una fotografía. Sigo pensando que el cuento de Cortázar- -aún en su brevedad- -daba para bastante más. Ya digo, nunca fui uno de sus defensores acérrimos, aunque he respetado su habilidad formal y su radicalismo. Michelangelo Antonioni medita durante el rodaje de una de sus películas EPA