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60 40 www. abc. es cuarentagrados V. BECERRIL SERVICIO ESPECIAL MIÉRCOLES 1- -8- -2007 ABC Adiós a Antonioni Muere el cineasta que recreó la incomunicación moderna A sus 94 años, y tras un ictus que le dejó en 1985 mermada su capacidad de hablar, Antonioni comunicaba con la mirada, como hasta ahora había hecho siempre en sus películas. A través de ese espejo del alma, el gran cineasta, reconocido con el Óscar Honorífico a su carrera (1995) la Orden Legión de Honor de Francia (1996) y el premio Félix de la Academia Europea de Cine a su obra (1993) analizaba a las personas, las diseccionaba con planos secuencia- -demasiado largos para sus retractores, geniales para sus admiradores- -que transmitían con poquísimos diálogos el interior de cada personaje. Nuestro país pierde a uno de los protagonistas más grandes del cine y de la investigación expresiva del siglo XX señaló ayer el presidente de la República, Giorgio Napolitano. A ese sentimiento se unieron políticos, artistas y amigos del director de Blow Up, Palma de Oro en Cannes. Todos ellos pasarán hoy por la capilla ardiente emplazada en el Campidoglio, el Ayuntamiento de Roma, para dar su último adiós al director que hizo estremecer al público con sus retratos psicológicos de la burguesía de después de la II Guerra Mundial. Pero las condolencias a Enrica Fino, mujer de Antonioni, que permaneció sentada junto a él en su último aliento, no sólo llegaron desde Italia, sino de toda Europa. Desde Francia, su presidente, Nicolas Sarkozy, expresó el luto de su país por la pérdida del último gigante del cine italiano y desde Bruselas, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, mostró su pesar por esta pérdida. Michelangelo Antonioni dejó colgado el título en Economía y Comercio en la Universidad de Bolonia y se fue a la capital. Corría el año 1940 cuando se inscribió en el Centro Experimental de Cinematografía. Allí colaboró en el guión de Un piloto regresa (1942) de Roberto Rossellini y más tarde le enviaron como becario de ayudante de dirección a Francia, con el director Marcel Carné. A su regreso grabó su primer documental, Gente del Po (1947) y continuó a Ciudad Eterna despide hoy al gran cineasta italiano Michelangelo Antonioni, cuyo funeral tendrá lugar mañana jueves en su Ferrara natal. Antonioni se apagó sereno la noche del lunes, el mismo día que el mundo del cine lloraba la desaparición de otro grande, Ingmar Bergman. Dos genios, dos talentos que dejan huérfano al cine europeo. L De economista a cineasta Reacciones con su actividad de guionista. Fue a los 38 años cuando Antonioni tuvo la oportunidad de dirigir su primer largometraje, Crónica de un amor (1950) con Lucía Bosé y Máximo Girotti, un retrato innovador de la burguesía de Milán que le llevó, tres años después, a rodar La señora sin camelias, un espejo de la realidad del mundo del cine de la época. Antonioni se tuvo que enfrentar con la censura en varias ocasiones, y bajo esta presión rodó Las amigas (1955) El grito (1957) y La aventura (1960) Con esta última cinta ganó el premio del Jurado de Cannes, que le permitió entrar por la puerta grande en el cine francés, y le dio la oportunidad de trabajar en La noche (1961) y El eclipse (1962) que le dieron proyección internacional. En 1964 abandonó el blanco y negro y se pasó al color, creando una de sus obras más impactantes, El desierto rojo, León de Oro del Festival de Venecia. Sus ansias de conocer y dar a conocer la realidad que le pasaba delante de los ojos llevaron a Antonioni a Londres- -Blow Up (1966) -y después a Estados Unidos, Zabriskie Point (1970) Esa imparable carrera creativa se vio truncada por la enfermedad. Pero el espíritu de este buscador de emociones no se dejó amedrentar y rodó, gracias a la colaboración de Wim Wenders, Más allá de la nubes (1995) y Eros (2005) junto a Steven Soderbergh y Wongkar Way. Nos deja un grande del cine italiano, que abrió los ojos al mundo enseñando la realidad que le rodeaba. LA MIRADA DE MICHELANGELO E. RODRÍGUEZ MARCHANTE ace un par de años, el Festival de Cannes proyectó, tal vez como coartada para el día de hoy, los últimos diecisiete minutos del cine de Antonioni: un doble milagro y una pequeña obra maestra titulada Lo sguardo de Michelangelo. El primer milagro era que en la pantalla aparecía entrando por la puerta de la Iglesia de San Pietro in Vincoli el propio Michelangelo Antonioni, que llevaba veinte años sin erguirse. El segundo milagro es que, aún con la humedad que ha- H Monica Vitti posa junto al director de L Avventura AFP bían producido en el fondo del hueso aquellos diecisiete minutos irrepetibles e irrenunciables, y sobre la palabra fin, apareció en la sala el propio Antonioni en su silla de ruedas y en su silencio de dos décadas y saludó o se despidió del medio centenar de pares de ojos asombrados y colmados... En cuanto a la pequeña obra maestra consistía en el combate silencioso entre las miradas de dos Michelangelo, la del cineasta, carne yéndose, y la del escultor, Buonarotti, y su Moisés, mármol quedándose e invitando a Antonioni a esa misma inmovili- dad pétrea y perpetua... Y no sólo posa su todavía carnal mirada en la eternidad perfecta de la piedra esculpida, sino que ensaya un mínimo, pero gozoso, roce con sus propios dedos. Un diálogo de cine que lo ha escrito minuciosa y absolutamente nadie en seis largos siglos, adobado con música de Palestrina y que se deja oír a través de la piel. Michelangelo no hizo su Moisés para la mirada o los dedos de Michelangelo: sólo es un pliegue, un bucle, que nos habla de la perfección del tiempo y la pureza de su travesía.