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ABC MIÉRCOLES 1 s 8 s 2007 OPINIÓN 5 UNA RAYA EN EL AGUA PISARSE LA MANGUERA NTRE elapagóndeBarcelonay los incendios de Canarias, la caprichosa aleatoriedad de la emergencia va a tener a Zapatero en vilo, de acá para allá, durante el previsto comienzo de sus vacaciones. Si el black- out catalán merecía una visita presidencial apaciguadora del victimismo nacionalista, la magnitud de las llamas del archipiélago exige una respuesta igualitaria. Cuidar el viñedo electoral es tarea ingente en la que no conviene permitirse distracciones que induzcan a concluir la existencia de una geografía de la desgraciaasimétricacomo elfedeIGNACIO ralismo maragalliano, en CAMACHO cuyo magma de confusión arden dispersas las competencias que convierten cada fuego forestal en un caos, en un carajal de gente que va y viene azacaneando al buen tuntún, sin organización, sin mando unificado, sin método, sin un procedimiento reglado ni un orden preciso. A la buena de Dios, a la voluntad bienintencionada o negligente de cada cuál, como un molde simbólico de labarahúnda en que ha cuajado elEstado de las Autonomías, trufado de organismos superpuestos que se pisan unos a otros, literalmente, la manguera de socorro. No es cuestión de buscar, sistemáticamente, la espalda del Gobierno para descargar el fardo de responsabilidad de cada accidente o cada desgracia, un hábito muy propio de la sociedad de la queja, acostumbrada a hallar culpables sobre los que liberar la contrariedad ante el infortunio. De lo que se trata es de hallar soluciones, de analizar conflictos, de extraer de las catástrofes un diagnóstico aplicable a la prevención del futuro. Y lo que queda cada vez más claro es que el modelo de dispersión administrativa ha propiciado una faramalla de competencias que, lejos de beneficiar al ciudadano, lo desprotegen frente a un desordenado damero de piezas desparramadas que se mueven en un embrollo endiablado de tareas mal repartidas. Sólo el Ejército, en el que Zapatero parece haber descubierto la única panacea de operatividad posible, ofrece un marco de actuación eficaz, competente y homogénea. Pero no se puede militarizar la Administración de un Estado centrifugado hasta el paroxismo. Los incendios del monte retratan esta maraña de enredos con una luminosa y desoladora claridad. Autonomías, diputaciones, ayuntamientos, cabildos, organismos forales, consejos insulares, se reparten la gestión de actuaciones en un vértigo de zozobras descoordinadas, sin que exista una sola instancia capaz de jerarquizar o concertar ese fenomenal embrollo con una mínima garantía de eficiencia. El fuego, metáfora nítida de la destrucción, levanta su amenaza frente a un Estado en quiebra, fragmentado por su propia debilidad interior que carcome sus posibilidades de resistencia. Pero la clase dirigente, lejos de proveer soluciones que fortalezcan la respuesta ante los desafíos, se acomoda en la confusión a sabiendas de que, a fin de cuentas, encuentra en ella la pragmática escapatoria de los torpes, de los adocenados y de los burócratas: siempre es posible delegar la responsabilidad en la ventanilla de al lado. E FELPUDO PARA LA CIUDADANÍA E nos están muriendo enchampelados los mitos del cine- club de nuestra Facultad: ayer Bergman, hoy Antonioni. En sus películas, fábricas de sueños y utopías, contemplábamos un mundo como entonces no podía ser España. Con Antonioni, porque hoy toca Antonioni, aprendimos que en Italia había unos tíos con muy poca vergüenza y con una cámara de fotos que perseguían actrices famosas para retratarlas completamente borrachas. Eran los paparazis. Voz que envío con sello de urgencia a Arturo Pérez Reverte, ahora que está aportando al Diccionario de la Real Academia el venero vivo de las voces de la mar y el viento, qué tormento. Aquellos paparazis de Antonioni son hoy en España como profesores de Educación Permanente de Adultos. Los paparazis y los tertulianos del corazón son los verdaderos catedráticos de Educación para la Ciudadanía. Lo decía en su certera Tercera de ABC el profesor Manuel Ramírez: La actual televisión que soportamos tirará por los suelos cualquier intento de una mejor ciudadanía. Mucho antes que fuese obligatoria esta nueva Formación del Espíritu Nacional del Régimen de la ModerniANTONIO dad, este Catecismo Ripalda de la MayoBURGOS ría Social de Progreso, su cuerpo de adoctrinamiento ya lo repetía la televisión, No- Do de la Dictadura de la Políticamente Correcto. No me refiero a la manipulación nuestra de cada día de los informativos de TVE, ni a los barandas socialistas repitiendo como loritos la consigna del día y diciendo que de la explosión de Cádiz, del incendio de Santander y de la inundación de Ribadelagos también tuvo la culpa el PP de Rajoy, y Aznar más concretamente. Me refiero a los programas llamados del corazón. Al gazpacho de hormigas, tomates, salsas y alguna tómbola que citaba J. Felix Machuca. Tales programas de consumo masivo sí que son una verdadera Educación Permanente de Adultos para la Ciudadanía; son los más sutiles libros de texto para el adoctrinamiento diario en la pérdida de valores y en los supremos principios de Todo Vale y No Pass- EL RECUADRO S sa Nada, y heterosexual el último que no lo proclame. ¿De qué nos vale objetar que los hijos estudien Educación para la Ciudadanía, si los padres, sin ellos apreciarlo, están recibiéndola a través de esa televisión en la que, como una metáfora, el telediario de la Primera Cadena tiene por cabecera el inmenso Polifemo de un objetivo fotográfico con forma de puerta de una lavadora, para el centrifugado y aclarado de cerebros (y de conciencia del que aún la tuviere) La mentalidad dominante no se transmite sólo en las escuelas. Es la televisión dominante la que nos está haciendo ver blanco lo negro, normal lo anormal, ético lo amoral. En los programas nocturnos de máxima audiencia del pasado fin de semana lo volví a comprobar. Eran presentados como héroes sociales y arquetipos a imitar, sin la menor reprobación moral o ética, toda una galería fuera de norma de personajes de esta Ciudadanía cada vez más relativista, más hedonista y con menos vergüenza. Sin atisbo de referente ético o moral alguno como contraste, asistí a la glorificación de un pobre muchacho que de imitador de estrellas (se acabó la falsedad y la hipocresía) se ha metido directamente a transexual y que está encantado, perdón, encantada de la vida. Fui adoctrinado con la historia una echadora de cartas que se quiso suicidar y que es, por tanto, heroína social. Me dieron a conocer los resultados de la autopsia de una bella señora que se ponía de cocaína hasta las trancas y se lo pasaba divino de la muerte. Presentaron a un ladrón de furgones de traslado de caudales como un tipo majete y simpaticorro: aplaude al delito, con dos cojones, y dale un homenaje al delincuente. Salió con todo honor la prometida del hijo de la novia de un preso por corrupción municipal, señorita que se dedica a cobrar por enseñar sus encantos mientras baila. Y más foco para otra señora, de la que cuentan que hizo historia con una alta extorsión por un vídeo de catre y cama. ¿Para qué objetar los textos escolares, si esta Educación Permanente obligatoria y masiva es la Ciudadanía que debemos admirar, la que más audiencia asegura? Y lo más sibilino: incluso en la publicidad. En España, que es un Reino, hasta los felpudos proclaman las excelencias de la República. Independiente de Mi Casa, pero República al fin y al cabo.