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Martes 31 de Julio de 2007 Editado por Diario ABC, S. L. Juan Ignacio Luca de Tena 7. 28027 Madrid. Teléfono: 913399000. Publicidad: 902334556. Suscripciones: 901334554. Atención al cliente: 902334555 Diario ABC, S. L. Madrid 2007. Prohibida la reproducción total o parcial sin el permiso previo y expreso de la sociedad editora. Número 33.466. Depósito Legal: M- 13- 58. Apartado de Correos 43, Madrid Precios de ABC en el extranjero. Alemania: 2,05 Bélgica: 2,00 Estados Unidos: 2,50 USD. Francia: 2,05 Irlanda: 2,10 Italia: 1,75 Holanda: 2,00 Portugal: 1,35 Reino Unido: 1,20 LE. Suiza: 3.40 CHF. Marruecos. 16 Dh. La señora Brown se queda en casa La esposa del primer ministro británico no ha acompañado a su marido en su viaje a Estados Unidos. Se distancia así aún más de su predecesora, Cherie Blair, e imprime un giro respecto al papel de la primera dama POR EMILI J. BLASCO o es sólo el cambio de cortinas en el número 10 de Downing Street. La esposa de Gordon Brown también está imprimiendo un giro respecto al papel de primera dama que se había otorgado la mujer de Tony Blair. Sarah Brown se ha quedado en Londres mientras su marido pasa un par de días con los Bush en Camp David. La señora Brown cumple con su cometido, pero no va más allá. Puso corbatas azules en la maleta del primer ministro, célebre por su testadurez en llevar traje oscuro y corbatas rojas, y mantuvo los chinos en el armario: el premier iba de viaje de trabajo, no a pasar un fin de semana con quien de momento no tiene trato de amigo Es probable que también se asegurara de que el neceser de Brown contenía un tubo de dentrífico medio gastado, con las dosis necesarias sólo para él. La amistad entre Bush y Blair comenzó precisamente cuando en el primer encuentro entre ambos en Camp David el presidente norteamericano pidió prestado el Colgate a su invitado. En cualquier caso, en su viaje a EE. UU. Brown pasó una sola noche en Camp David; la otra fue ayer en Nueva York, evitándose así, según malévolamente destaca la prensa, dormir en la llamada Blair House, la sede que en Washington utilizan los primeros ministros británicos (el nombre es el de un director de prensa del siglo XIX) Desde que Sarah Brown entró hace un mes por la puerta de la residencia oficial del primer ministro de la mano de su marido, no se la ha vuelto a ver en ninguna situación de protagonismo. En el mismo periodo de estreno en 1997, Cherie Blair se había ganado ya varias portadas de la prensa. Y tampoco va a dejarse fotografiar mucho este verano. Los Brown no se marcharán esta vez, como casi todo los años precedentes, a Cabo Cod. En ese lugar de Massachusetts, conocido punto de veraneo del clan demócrata de los Kennedy, Gordon y Sarah pasaron su luna de miel en 2000. Edwin Meese, fiscal durante Ronald Reagan, calificó Massachusetts como el único país comunista en el que he estado y aunque el laborista Brown se encuentra muy cómodo en esa parte de EE. UU. puestos a romper con la herencia Blair, también comenzará por no protagonizar ninguna salida estival al extranjero con toda la familia. El matrimonio y sus dos hijos, John y James Fraser, de cuatro y un años, respectivamente, pasarán sus cortas vacaciones entre Inglaterra y Escocia. No se han dado detalles de su destino, pero probablemente será una escapada muy casera: de Chequers, residencia de descanso del primer ministro que Brown apenas ha estrenado, a North Queensferry, área de la que es diputado el líder laborista y de la que Sarah también proviene. A diferencia de la señora Blair, que oficialmente conservó su apellido Booth y ha mantenido su ocupación de abogada, Sarah Brown dejó atrás el apellido de Macaulay y su trabajo como relaciones públicas cuando contrajo matrimonio. Ahora, a sus 43 años, trece menos que su marido, se dedica fundamentalmente a su familia y al patrocinio de diversas entidades benéficas, algunas relacionadas con niños con problemas. La muerte de una primera hija, Jennifer, a los diez días de nacer, y la enfermedad de fibrosis quística que padece el pequeño James Fraser la han abocado a una especial sensibilidad hacia la infancia y a un escaso deseo de airear intimidades domésticas. N A sus 43 años, trece menos que su marido, Sarah Brown se dedica fundamentalmente a su familia y al patrocinio de diversas entidades benéficas Sarah Brown y su marido acuden a la Asamblea laborista en Manchester EPA