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62 40 FOTOBLOG MARTES 31- -7- -2007 ABC ASÍ NOS VEN Carmen Rollán Ama de casa Los españoles te hacen sentir en casa, pero son algo envidiosos De tradicional familia viajera, se queda con España por su amabilidad IGNACIO SERRANO MADRID. Carmen vino a España con 23 años para estudiar castellano- -idioma que ha ido desapareciendo de su país de origen, Filipinas- sin imaginarse que se quedaría en la piel de toro para siempre. Vine para sacarme un curso de español, pero lo pasé tan bien que quise quedarme A sus padres, sin embargo, les pareció que esa prórroga inesperada merecía una buena justificación. Me dijeron que si quería quedarme más tiempo tendría que hacer algo útil, así que empecé a trabajar en una inmobiliaria, y después, enseñando inglés en el colegio de San Patricio, en Serrano. Allí disfuté mucho dice recordando con una sonrisa a sus jóvenes pupilos. Al igual que ella, muchos pinoys- -nombre con el que se refieren a sí mismos los filipinos- -han encontrado su hogar en España. Muchos amigos terminarían viviendo aquí también. Algunas son amas de casa (como ella) casadas con españoles, y otros trabajan en empresas de todo tipo asegura. Sin embargo, esta cocinera afirma que la mayoría no podemos evitar echar de menos un montón de cosas, especialmente la comida de las islas Su familia es de una gran vocación viajera, pues de cinco hermanos, dos están en Filipinas, una en Inglaterra, otro en EE. UU. y yo en España. El destino nos ha separado pero siempre estamos en contacto por internet A pesar del enorme peso de la nostalgia, Rafael Rollán, que ahora es su marido, la animó a quedarse. Enseguida me di cuenta de que los españoles son gente muy amable, que te hace sentir como en casa Eso sí, también comprobó las diferencias con la apacible vida isleña: Lo malo es que sois un poco envidiosos y demasiado competitivos EFE Woody Allen traslada el rodaje de su nueva película a Oviedo El director de cine estadounidense se ha llevado a Javier Bardem, Scarlett Johansson y Rebecca Hall- -los protagonistas de su próxima película- homenaje a Barcelona- -a tierras asturianas. Y es que Allen ha rodado allí dos escenas del filme en el lujoso hotel Reconquista, donde además se alojan él y el resto del equipo. La película, cuyo título aún se desconoce, contará también con la actuación de Penélope Cruz, que ayer por la tarde se incorporó al equipo. En la imagen, el director, al más puro estilo de sus personajes, bromea con dos de sus hijos, que tratan de quitarle la gorra durante una pausa del rodaje Fernando Castro Flórez El arte de roncar eo unas declaraciones de un reputado arquitecto en una revista de arte: El futuro es Albacete No continúo leyendo no vaya a ser que la causa sea que está construyendo algo allí o que le han dado de comer de maravilla en un restaurante de la zona. Convencido de que el futuro es nómada, salgo, desde la faraónica T 4, hacia Asturias. Sentado en la fila 19 escucho, antes incluso del despegue temible, a un individuo que inicia una sesión de ronquidos prodigiosa. Tenía interpuesto a un jovenzuelo que, ante tan descomunal rugido, fue L poseído por una temblequera semejante al baile de San Vito. Mi admiración fue en aumento al comprobar que en vez de estabilizar el sonido tronante lo llevaba en progresión exponencial inexplicable. Yo mismo hago mis pinitos en el arte del roncar, pero ante este maestro sublime no soy otra cosa que un diletante. Quería leer a Terry Eagleton, pero preferí seguir los ritmos sincopados de las tragaderas de aquel fulano de volumen pantagruélico. En un mareante viaje, con Maite Centol, artista y despistada del volante, fuimos desde un merendero en el Monte Deva a La Laboral, centro de arte presuntamente dedicado a las nuevas tecnologías. Lo que me encontré era, nada más y nada menos, que la tontería sin asideros ni camuflajes. El título de la expo ya lo prefiguraba: It s simple beautiful Allí había de todo menos sensatez: una piscina de barro para luchadoras, dos cabezas de burro, un triciclo tuneado o el castillo de Rapunzel con un montón de fluorescentes de colores por encima. Pasé, obligatoriamente, de la indignación al catatonismo. Tenía que pronunciar una conferencia, si es que eso no me está vedado, en el Museo del Ferrocarril. Aquellos vagones, trenes y otras ruinas que ya no podían circular me hicieron pensar, en plan nihilista, que la ruta americana estaba mucho más lejos de lo que imaginaba. Menos mal que devorando una fuente de sardinas en la cuesta del Cholo exorcicé la an- siedad. Parece ser que nos fuimos sin pagar. Una razón más para la fuga desértica. La noche que fue acercándose al día terminó por adquirir tintes surreales: no paraba de cruzarme con grupos de solteras, disfrazadas (de bailarinas con tutú, de gallinas, de ratitas, etc. para el patético ritual de la despedida con legiones perjudicadas por el alcohol y dj s con calzonas de boy- scout. Ya para el arrastre, buscando la espuela, entramos en el Savoy, un local de estética rockera, con verdadera pátina. Mientras escuchaba, destrozado, Rehab de Amy Winehouse (una proclama contra la desintoxicación) me encontré, cual aparición fantasmal, con el escudo de la Route 66 convertido en un reloj, tras la barra. Era como si el padre de Hamlet me exortara: ¡Déjate de temores y emprende tu misión! En el sórdido hotel, falto de tiempo, no pude ni roncar ni pensar en el paraíso albaceteño.