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ABC MARTES 31- -7- -2007 40 CARNE DE TEATRO ALFONSO ARMADA diferencia de la literatura dramática y a semejanza de la música, la esencia del teatro es el tiempo. Barenboim dice que las sinfonías de Beethoven sólo existen cuando se ejecutan. Lecturas y grabaciones no son más que ecos. De Ingmar Bergman atesoramos sus películas, que se pueden volver a ver las veces que se quiera. Su teatro muere con él, aunque todavía vive en los ojos (en la memoria) de quienes asistieron a sus representaciones, por ejemplo una incendiaria Señorita Julia en el teatro Español. En Nueva York, durante quince temporadas, la irrupción del Dramaten (Real Teatro Dramático) de Estocolmo, con un montaje de Bergman en sueco (con sobretítulos o traducción al inglés a través de auriculares) solía reventar la temporada. Con una sobrecogedora versión de Espectros de Ibsen, trufado con frases de Strindberg- -su Virgilio- cerró Bergman en 2003 una trayectoria teatral tejida a lo largo de 126 montajes y 49 piezas de radioteatro (teatro para ciegos) Un montaje en el que conseguía que actores portentosos 61 POR ENCIMA DE TODO A El director llega con la gran actriz sueca Ingrid Bergman al Festival de Cannes de 1973 AFP fingieran sentir lo que no sentían con una obscenidad medida, de linterna mágica. Fue un desnudamiento equiparable al de Saraband su última incursión en el cine: teatro de cámara fílmico. De Espectros en Brooklyn escribió Ben Brantley en el New York Times Una resonante analogía para un hombre cuyo arte está basado en pelar capas- -sociales y psicológicas- -para mostrar la piel debajo de la ropa, la calavera debajo de la piel y el alma debajo de la calavera De su maestro de escena, Torsten Hammaren, llevó al pie de la letra y más allá las reglas de un buen director: la primera, cerrar el pico; la segunda, escuchar No sólo consideraba el teatro, su falsa verdad verdadera, como un modo de vida sino que vio con lucidez que la representación auténtica no tiene lugar en el escenario, sino en el corazón de las personas que contemplan la obra Ese espejo que levantaba Bergman en el teatro nos reflejaba con el ácido que fabricó Strindberg. En su teatro volvíamos a ser niños, pero sin que tuviéramos que dejar de lado lo que habíamos aprendido. Carne de teatro, Bergman hacía de cada función una terrible y gozosa epifanía. Filmografía Crisis (1945) Llueve sobre nuestro amor (1946) Barco a la India y Música en en la noche (1947) Puerto y El demonio nos gobierna (1948) Prisión (1949) Juegos de verano (1950) Secretos de mujeres y Un verano con Mónica (1952) Una lección de amor (1954) Sonrisas de una noche de verano (1955) El séptimo sello (1956) Fresas salvajes (1957) El rostro (1958) El ojo del diablo (1960) Como en un espejo (1961) El silencio (1963) ¡Esas mujeres! (1964) Persona (1966) La hora del lobo (1967) Vergüenza (1967) El rito (1968) Pasión (1969) La carcoma (1971) Gritos y susurros (1972) Secretos de un matrimonio (1973) La flauta mágica (1975) Cara a cara (1976) El huevo de la serpiente (1977) Sonata de otoño (1978) De la vida de las marionetas (1980) Fanny y Alexander (1982) Después del ensayo (1984) y Saraband (2003) UN SENTIMIENTO QUE PIENSA FERNANDO R. LAFUENTE E Bergman con su esposa, la actriz Liv Ullmann, en Roma (1969) AP l cine, como otras artes, como la literatura, es memoria, tiempo que pasa, epifanías que conmemoran una biografía, una historia, un sueño o una pesadilla. Se rueda una película como se escribe una novela: para vivir más intensamente; y se rueda una película como se vive: con la mirada. Todo cine es una forma de mirar. Una vida en imágenes, teñida de anhelos, de sospechas y de venganzas. Sí, el cine es, también, una defensa contra las ofensas de la vida: la peor, el tiempo. En el cine de Bergman hay más sentimiento que pensamiento. Todo el cine de Bergman es un cine de sentimientos contados en imágenes. Ése fue su vuelco al lenguaje, a la mirada cinematográfica. El sentimiento en estado pu- ro, sin mediaciones, a la manera unamuniana- -otro puritano- Bergman siente el pensamiento y piensa el sentimiento Las escenas en el cine, son las frases en literatura, fragmentos de vida que la imaginación de uno ha convertido en la memoria de otro. Así, el viaje iniciático del carromato de titiriteros en una fantasmagórica y surreal Edad Media; el verano- -que sería ya todos los veranos- -con todas las Mónicas; el regreso al pasado, una forma de inquietante presente, entre los juegos misteriosos de Fanny y Alexander; la perturbación de unas relaciones ensimismadas y destructoras... forman parte de lo más conmovedor de la cultura europea de la segunda mitad del siglo XX. Esa es la grandeza de unos pocos. Muy pocos. Uno de ellos se llamó Ignmar Bergman.