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58 Ingmar Bergman 40 www. abc. es cuarentagrados F. M. B. MARTES 31- -7- -2007 ABC Fallece el director de cine y teatro, gran vividor y poeta de la muerte El autor de El séptimo sello y Fanny y Alexander tenía 89 años s Entre sus incontables galardones, ganó tres Oscar a la mejor película extranjera s Estuvo casado cinco veces y tuvo nueve hijos de julio de 1918 en la localidad de Upsala, 70 kilómetros al norte de Estocolmo. Su padre, un severo pastor luterano, marcó a fuego su vida y su obra, una continua reflexión sobre la existencia de Dios, la muerte y los problemas de comunicación en la pareja. No era infrecuente que el joven Ingmar acabara castigado dentro de un armario, donde su fértil imaginación supo encontrar la luz y el refugio en mundos paralelos menos represivos que el real. La llamada del teatro se produjo en Estocolmo, donde estudió Arte y Literatura y empezó a dirigir desde muy joven una pequeña compañía universitaria. No tardaría en ser ayudante de dirección en el Real Teatro de la Ópera de Estocolmo, para pasar a convertirse en máximo responsable de los teatros municipales de Helsinborg, Goteborg y Malmoe y del Real Teatro Dramático de Estocolmo. Bergman se consideraba ante todo un hombre de teatro, mientras que el cine era para él un trauma y una pasión Claro que también dejaría dicho: Hacer películas es para mí un instinto, una necesidad de comer, beber o amar Su relación con el cine también comenzó pronto. En 1944 escribió el guión de Tortura para el director sueco Alf Sjöberg. Era el principio de una carrera cinematográfica de sesenta años. Ya aquel título primigenio (nunca mejor dicho, en su caso) causó un gran revuelo porque, a partir de sus recuerdos infantiles, cuestionaba el sistema educativo sueco. Después de dirigir varias películas con guiones ajenos, en 1948 estrenó Prisión su debut como director y guionista. El reconocimiento internacional le llegaría siete años después, con Sonrisas de una noche de verano que también le valió el Premio Especial del Jurado en Cannes. Con su siguiente título, El séptimo sello (1956) se convirtió con todo merecimiento en un autor de culto. Un año más tarde fue premiado como director en Cannes por otra obra maestra, Fresas salvajes y en 1960 obtuvo su primer Oscar gracias a El manantial de la doncella premio que repitió en 1961 con Como en un espejo y en 1983 con Fanny y Alexander impresionante fresco autobiográfico que le valdría otros tres premios de la Academia. Después de este filme, emprendió el rodaje de diversos telefilmes, como Después del ensayo Los dos bienaventurados y En presencia de un payaso La televisión pública sueca, como se ha dicho, también le contrató para que filmara algunas obras teatrales. Su relación con el medio fue ambigua, porque los cortes publicitarios lo llenaban de ira y emprendió una batalla legal para que no cercenaran sus obras. Nunca dejó de escribir guiones de cine, sin embargo, algunos tan sobresalientes como los de Las mejores intenciones dirigida por el danés Bille August, Niños del domingo que llevó a la pantalla su hijo Daniel, y Confesiones privadas e Infiel que dirigió su actriz favorita y ex compañera sentimental Liv Ullman. Tras la mencionada Saraband en 2005 se despidió del mundo desde su retiro en la isla de Faro con un relato de hora y media en el que condensó su vida personal y profesional para la Radio Nacional de Suecia. Uno de los capítulos más co- Woody Allen: Me dijo que temía morir en un día muy soleado Me ha entristecido la muerte de Ingmar Bergman. Era un amigo y, sin duda, el mejor realizador de la época que me tocó vivir. Me dijo que temía morir en un día muy, pero muy soleado, y no puedo más que esperar que haya estado nublado para que haya tenido el tiempo que él quería a revista Time no exageraba cuando dijo en 2005 que era el director de cine vivo más importante. Autor de una obra tan extensa como profunda, Ingmar Bergman cedió ayer un testigo al que costará encontrar dueño. Su casa de la isla de Faro, bañada por el mar Báltico, despidió 89 intensos años rebosantes de fuerza creadora obsesionada, paradójicamente, con la muerte. Un personaje de Fresas salvajes hablaba de la necesidad de estar muerto Sin dejar de ser un vividor irreductible y buscador incansable del sentido de la vida, Bergman abrazó por fin esa necesidad que lo atormentaba, quién sabe si en paz con el Dios que tanto anhelaba. Según declaró su hija Eva Bergman, la despedida fue suave y tranquila La sociedad sueca, que tardó en aprender a quererlo, se ha visto sacudida, al igual que el mundo del cine y del teatro, por la muerte del autor de títulos tan imprescindibles como El séptimo sello Fresas salvajes El manantial de la doncella Gritos y susurros y Fanny y Alexander Las cifras- -más de cuarenta películas, decenas de programas de televisión, un centenar largo de producciones teatrales y numerosas representaciones radiofónicas- -no bastan para resumir su influencia en la segunda mitad del siglo XX. En 2003, nada menos que a los 85 años, todavía estrenaría Saraband bajo la producción de la televisión pública sueca, que por fortuna para él y para sus compatriotas no se parece demasiado a la española. Ingmar Bergman nació el 14 L Hombre de teatro