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ABC MARTES 31 s 7 s 2007 MADRID 41 Cuando nos echaron del subterráneo de Plaza de España nos trataron como basura, se olvidan que somos seres humanos No tengo nada. Tengo que luchar yo solo. Si yo no salgo adelante, nadie lo hará por mí Roger, a la izquierda, y Tifo muestran sus papeles, en los jardines donde viven a la espera de conseguir un trabajo Frustrados por no trabajar Llegaron desde muy lejos con el sueño de conseguir una vida mejor y se toparon con las puertas cerradas. Ahora viven en los jardines de la Plaza de España, a la espera de obtener papeles POR NURIA GONZÁLEZ PINEDA FOTO JULIÁN DE DOMINGO MADRID. Tengo que ser fuerte, aguantar, salir adelante. Es duro llegar al país, y que un compañero tuyo muera en tu cara después de tres horas nadando Así es como Roger recuerda aquel día en que abandonó su tierra, Sierra Leona, para embarcarse en la búsqueda de una vida más próspera. Reside en nuestro país desde hace catorce años y ha desempeñado todo tipo de trabajos, pero desde hace tres meses vive en la calle. Sin trabajo. Sin casa. Sin nada. Pero no está solo. Junto a él viven Manuel y Tifo, el primero de Guinea Bissau, y el segundo de Marruecos. Hasta hace unos días, el subterráneo de Plaza España era su hogar. Desde su cierre, pululan por los alrededores, a la búsqueda de una sombra donde refugiarse de las altas temperaturas mientras escuchan la radio, leen el periódico o charlan. El parque se convierte en un improvisado salón de tertulia donde los invitados van y vienen intentando luchar contra la impotencia y la frustración que les inunda a todos ellos de verse sin trabajo: Me da vergüenza, día a día, el reloj pasa, y tú estas tirado en el césped mirando a los demás pasear. Ellos trabajan, ganan dinero, el dolor que yo siento... te duele a muerte esta situación tan horrorosa... explica Roger mientras Tifo enseña a la cámara los papeles que lleva reuniendo desde hace ocho meses. Nadie puede cogerme en su empresa sin documento. Yo quiero hacer una vida normal. Esto es muy doloroso. La calle es una universidad fabulosa y peligrosa se lamenta este marroquí. El único sueño de Tifo es conseguir un empleo que le permita tener una casa: Estoy cansado de Madrid, tengo pensado irme a algún pueblo, casarme y tener un hijo Tifo nació en Tánger, y hace seis años llegó a nuestro país en una lancha, y no en una patera especifica con humor. Manuel escucha atento las palabras de Tifo. Él nació en Guinea Bissau pero lleva veinte años a caballo entre Portugal- -donde tiene a la familia- -y España- -el país que le da de comer- y explica cómo en el subterráneo de Plaza España, el 70 de los que dormían allí eran españoles: Ellos tienen papeles. Yo no tengo. Ellos pueden trabajar y no lo hacen. Hay gente que tenía paga y la gastaban. Da rabia, ellos no hacen nada. Y yo quiero trabajar Hijo de un funcionario que administró la descolonización portuguesa en Guinea Bissau, circunstancias familiares le han llevado a dormir todas las noches bajo la luna. Roger, se coloca la gorra que lo protege del sol, y añade: Nosotros no tenemos hermanos, ni papá, ni mamá... No tengo nada. Tengo que luchar yo solo, si no me quedo en el pozo Manuel, Tifo y Roger expre- Luchar contra un muro El hombre caracol: la vida en una mochila Siempre con su mochila al hombro. En ella guarda sus pequeños y grandes tesoros: su carta de residencia, el resguardo del día en que le robaron el DNI, la fotografía en la que aparece su sobrina junto al príncipe Alberto de Mónaco, decenas de papelotes desgastados por el uso y por el tiempo. Su nombre, Abdellatif, más conocido entre los amigos como Tifo. Nació en Tánger y hace seis años pagó 800 euros por una plaza en una lancha, de lo más baratito admite sonriendo. Así fue como se embarcó en una odisea en la que aún se encuentra. Desde entonces sigue navegando por las calles de Madrid, rastreando, trapicheando, buscándose la vida como puede. Mientras, pregunta algo indignado: ¿Y esto para qué? ¿Me van a dar una casa? ¿De qué sirve que conozcan mi historia si no me van a dar trabajo? Tifo es muy ordenado, después de visitar a sus amigos Roger y Manuel, dobla con sumo cuidado una sábana que utiliza comoalfombraparasentarseen los jardinesimprovisados como hogar, después la guarda en su mochila, y se pierde en la espesura del jardín, un hombre que lleva su vida a la espalda. Como los caracoles. san sus enormes ansias de trabajar, de poder hacer una vida normal, pero luchan contra un muro: no tienen papeles. Manuel se pregunta indignado: ¿Por qué no tengo papeles? ¿Por ser extranjero? Hay una mala fe contra los extranjeros, nos cierran la puerta. El Estado se equivoca, nos pone obstáculos, no somos tontos. Ponen impedimentos, en mi opinión tenían que hacer lo contrario Manuel recuerda las veces en que el mismo policía les pide la documentación durante días consecutivos. Eso es machacar psicológicamente. Algunos nos dicen: ¿Por qué no te vas a tú país? Ésa no es su función Se indigna cuando rememora el día en que la Policía los expulsó del subterráneo de la Plaza de España donde habían levantado su hogar: Nos trataron como basura. Estábamos comiendo, les rogamos que nos dejaran terminar. Estamos en otro siglo, los policías deberían dar ejemplo. Parece que con los negros es más fácil tratarlos mal. Vienen a fastidiar, a humillar, como si estuviéramos en el siglo pasado Cuando los sacaban del subterráneo siempre les avisaban, pero esta vez no fue así, llegaron, nos tuvimos que ir, dejar la comida que una señora acababa de darnos. Sabían que vivíamos ahí. Que nos busquen un sitio donde vivir. ¿Dónde está nuestro derecho? Aquí no funciona el Estado de Derecho. Cuando me echaron sentí que estaba en Cuba. En una dictadura admite este portugués. Manuel, Roger y Tifo viven junto a otras personas que se encuentran en la misma situación: sin vivienda y sin trabajo. Todos ellos viven como si de una familia se tratara en los jardines de Plaza España. Hay personas que le traen comida diariamente, para impedir que caigan en la delincuencia. Una persona hace lo que sea para no pasar hambre. Yo pido. No robo en los supermercados. No necesito que nadie me dé nada, tengo mis brazos para poder trabajar. Ahí está mi frustración. Nunca sabré entender eso dice Manuel con una mirada perdida en el horizonte. Tal vez mirando a Portugal.