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4 OPINIÓN MARTES 31 s 7 s 2007 ABC DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA DIRECTOR GENERAL: JOSÉ LUIS ROMERO Área Financiera: Jorge Ortega Área de Márketing: Javier Caballero Área Técnica: José Cañizares Área de Recursos Humanos: Raquel Herrera DIRECTOR GENERAL DE DESARROLLO: EMILIO YBARRA PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO LUCA DE TENA Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Fernando R. Lafuente, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de Área: Jaime González (Opinión) J. L. Jaraba (España) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Juan Cierco (Cultura, Ciencia y Deportes) Mayte Alcaraz (Fin de Semana) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego y Ángel Collado Redactores jefes: V. A. Pérez (Continuidad) A. Martínez (Política) M. Erice (Internacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura y Espectáculos) J. M. Mata (Deportes) F. Álvarez (Comunicación- TV) A. Sotillo (S 6 y D 7) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) y S. Guijarro GORDON BROWN VISITA CAMP DAVID L nuevo jefe del Gobierno británico, Gordon Brown, ha realizado su primera visita oficial a Estados Unidos en plena normalidad de las relaciones bilaterales. Brown no desconoce que la situación es gravísima en Irak y que por el momento no se puede ser especialmente optimista en cuanto a la dirección que llevan los acontecimientos en Afganistán. Tampoco ignora las presiones de la opinión pública, que ya no soporta la sucesión cotidiana de atrocidades terroristas en Bagdad, ni que tiene menos de media legislatura para convencer a los electores británicos de que merece seguir en el puesto en el que ha sucedido a Tony Blair. Ni siquiera es ajeno al hecho de que en los próximos meses podemos encontrarnos ante una situación en la que la tozudez de los ayatolás que gobiernan en Irán y su voluntad de construir armamento nuclear, pongan a la comunidad internacional ante un nuevo desafío diplomático o militar. Aún siendo consciente de que el presidente norteamericano está prácticamente en el periodo de descuento de su último mandato, Brown tiene su propia política, probablemente algo distinta de la que tenía su correligionario laborista Blair, pero en lo que respecta a las relaciones con Estados Unidos este viaje ha demostrado que cualquier diferencia con su antecesor es pura cuestión de matiz. Blair buscó su propio punto de equilibrio entre las dos identidades de Gran Bretaña, entre Europa y EE. UU. y Brown encontrará el suyo, que probablemente esté un poco más alejado de Bruselas en algunas cosas, y algo más cercano a Washington, en otras. En el caso de Irak, por buscar un asunto en el que los análisis simplistas podrían estar esperando la aparición de divergencias, los dos gobernantes son conscientes de lo aislados que están en aquella compleja misión y de que el único horizonte que se atisba es el de minimizar las pérdidas durante el periodo gradual de retirada que empezará muy probablemente el año que viene. Difícilmente se podrían encontrar actitudes irreflexivas o puramente electoralistas en el discurso de un jefe del Gobierno de un país que todavía tiene en Irak un contingente militar muy significativo, cumpliendo una destacada misión. Brown ha insistido en que lo que comparte con Estados Unidos son valores, que están por encima de las contingencias temporales. Tal vez Brown pueda poner el acento en aspectos que hoy están en el primer rango de la preocupación de las sociedades modernas, como el cambio climático, y que no lo estaban hace diez años cuando Blair o el propio Bush estaban empezando sus mandatos. Pero en los aspectos esenciales, el primero de ellos la lucha contra el terrorismo, Brown ha garantizado que su visión y la de la Casa Blanca están en la misma longitud de onda. La sintonía entre Gran Bretaña y Estados Unidos sigue siendo una de las piezas clave de la seguridad de Occidente, y, como se ha demostrado en esta visita de Brown a Camp- David, goza de muy buena salud. E APAGÓN Y MISERIAS POLÍTICAS L apagón de Barcelona tuvo ayer su prolongación política con las comparecencias del Ministro de Industria, Joan Clos, en el Congreso de los Diputados, y de los Consejeros de Interior y Economía de la Generalidad, en el Parlamento catalán. Ninguno de ellos asumió debidamente la responsabilidad que incumbe a unas administraciones públicas que, cada cual en su medida, no han garantizado, pese a las advertencias, ni la existencia de una red eléctrica en condiciones para una ciudad como Barcelona, ni una respuesta adecuada para la rápida restauración del suministro interrumpido. Pero si la comparecencia del ministro de Industria se convirtió en un mero discurso de buenas intenciones, los responsables del Gobierno tripartito catalán consensuaron una burda y mezquina estrategia de ataque contra Endesa y su presidente, Manuel Pizarro, al que hicieron único responsable del apagón con el zafio argumento de que la compañía eléctrica gastó en defenderse de la opa la cantidad que debería haber invertido en Cataluña. Manida y torpe acusación con la que el tripartito recurre al clásico victimismo del nacionalismo más rancio para ocultar sus miserias políticas ante la sociedad catalana, a la que, en lugar de dar cuentas, tratan de enfrentarla contra el presidente de una compañía eléctrica revestido del estigma de enemigo de Cataluña. La reacción de los vecinos de Barcelona ya valoró el comportamiento de sus políticos y el veredicto es una mezcla de indignación y hastío, porque al apagón le han precedido el barrio del Carmelo, los problemas constantes con la red de cercanías y el episodio lamentable del aeropuerto de El Prat. Cada uno de estos problemas tendrá su causa y su ámbito administrativo, pero todos suman para desanimar a una pobla- E ción saturada de debate político, pero desprovista de una gestión eficaz de sus intereses cotidianos. El efecto administrativo puede ser, conforme a la ley, la imposición de sanciones, como las anunciadas por el gobierno tripartito de Montilla, quien apenas se ha hecho ver en un trance de malestar social. Si atacando a Manuel Pizarro el tripartito busca zafarse del reproche ciudadano, se equivoca gravemente, porque la opinión pública catalana y, más concretamente, la barcelonesa, sabrá determinar quién es el máximo responsable de un apagón que, por razones de oportunismo político, el Gobierno catalán utiliza ahora como ariete para blindarse de su propia insolvencia e ineficacia en la resolución de los problemas reales. El viaje que Rodríguez Zapatero realizará mañana a Barcelona añade distorsión a esta polémica, porque resulta desproporcionado que el presidente del Gobierno organice una visita oficial por un apagón eléctrico, salvo que su presencia en Cataluña se convierta en la traca final del espectáculo organizado por el tripartito. La promesa de indemnizaciones y el lavado de imagen de los gobiernos socialistas del Ayuntamiento y de la Comunidad podrían ser los verdaderos motivos de este desplazamiento. El caso es que circunstancias más graves y justificadas que ésta no han sido suficientes para movilizar el interés del presidente del Gobierno, pero Rodríguez Zapatero parece temer la pérdida del favor político de los catalanes. Al final, el problema de miles de vecinos de Barcelona quedará como un nuevo episodio de oportunismo partidista exhibido de acuerdo al guión de siempre: si se hunde un barrio o se va la luz o no funcionan los trenes, la culpa siempre la tiene el de fuera. PNV: MENOS VOTOS, MÁS PODER N el autocomplaciente balance de gestión que hizo recientemente Zapatero no hubo mención alguna, como era previsible, al que corresponde a su política con los nacionalismos. El presidentedelGobierno arrancóla legislatura con el propósito de arreglar la tensión territorial heredada de Aznar y dio por hecho que los nacionalistas abandonarían sus posicionesextremistas gracias a su nueva políticaconciliadora. Tres años después, los resultados evidencian elfracaso en ambos objetivos. El acceso del Partido Nacionalista Vasco a la presidencia de la Diputación General de Álava desnuda la incapacidad de los socialistas para ser alternativa política en el País Vasco. Lo mismo podría decirse en Navarra. A pesar de que el PNV ha obtenido los peores resultados de su historia en unaselecciones locales, logradirigirlostresTerritoriosHistóricos, los cuales ostentan el verdadero poder financiero en la complejaorganizacióndelacomunidad vasca, en laquesesolapan el sistema autonómico y el sistema foral. Así es como el Gobierno socialista de Rodríguez Zapatero cierra su tercer año de mandato con un saldo negativo en el País Vasco para los intereses nacionales, pues, a pesar de que el PSOE se define como una fuerza no nacionalista, al menos en su programa, ha permitido que los distintos nacionalismos vascos seconsoliden en las instituciones. Las cosas podían haber discurrido de otra forma, porque hoy habría sido posible que ETA no tuviera representación en el Parlamento vasco, a través del Partido Comunista de las Tierras Vascas, nien losayuntamientosy diputacionesforales, a través de Acción Nacionalista. Habría bastado aplicar en sus propios términoslaLeyde Partidos, sin lecturas oportunistas ni servidumbres al fracasado proceso de paz Por su parte, el PNV ha podido dar la vuelta a los resultados E de las elecciones celebradas el 27 de mayo, de las que salió con un serio revés, al conseguir gobernar en las tres provincias y, lo quees más preocupante, reforzando alsector liderado por Joseba Egibar, cuyo control sobre la Diputación de Álava no favorecerá, en absoluto, la corrección de rumbo de su partido propuesta por José Jon Imaz. El Gobierno de Zapatero y los socialistas vascos han desaprovechado tres años decisivos para llevar al País Vasco una verdaderaalternativaconstitucionalista, dejandopasar lascrisis del nacionalismo, en todas sus modalidades, y facilitando su recuperación. El resultado de la votación para elegir al diputadogeneraldeÁlava les ha vueltoa demostrarquelos nacionalistas no suelen defraudarse unos a otros cuando está en juego el poder. Acción Nacionalista Vasca había anunciado que sus cuatro junteros apoyarían al candidato del PNV Xavier Agi, rre, para evitar la elección del socialista Txarli Prieto, y Aralar, por su parte, se abstuvo en la segunda votación para facilitar un gobierno nacionalista, pese a que el PSE dio por hecho que recibiría el apoyo de esta formación abertzale. Con las cifras en la mano, la elección del candidato del PNV es un despropósito. PP y PSE suman 29 junteros en la diputación de Álava, frentea los 22 delPNV Aralar, Izquierda Unida, Eusko Alkartasuna y ANV Hay, por tanto, una mayoría autonomista y consti. tucionalista que tenía haber gobernado en Álava. El PSE debió hacer en la diputación foral, lo que el PP hizo en el ayuntamiento de Vitoria: permitir la elección del candidato más votado, aunque fuese el del PP quien, por cierto, ofreció a los socialis, tasun gobierno paritario. Al final, con Zapatero hay más nacionalismo en las instituciones del País Vasco, incluso cuando pierden votos en las urnas.